Y después del prólogo y los dos primeros capítulos que ya están colgados más abajo... ahora:
Capítulo 3
EL TERRENO por el que corrían era desigual y rocoso y el aire que
entraba en sus pulmones era frío, aunque no cortante. Por supuesto, eso era
ahora, justo después de haber tenido una inyección de energía gracias a las
bebidas y la barra que había comido. La verdadera prueba vendría en una hora o
dos, cuando su herida comenzara a hacerse sentir de nuevo.
–El
helicóptero está a punto de aterrizar –dijo Zaira. Podía oír los motores que lo
identificaban como un vehículo de alta velocidad–. Tiene que haber un claro cerca.
–Probablemente
uno natural. Nada que levante las sospechas de cualquiera que pase volando.
El
aire les llevó los gritos poco después, pero aunque este terreno podría ser
bueno para retener a los cautivos, estaba formado por bosques tan densos que
también lo hacía una muy mala zona para realizar una búsqueda. Especialmente
cuando cazaban a dos Flechas. Excepto que una Flecha estaba tan gravemente
herida que resultaba una carga.
–Te
estoy retrasando –dijo, su respiración era demasiado dura y rápida para alguien
con su formación y resistencia.
La
respuesta de Aden fue señalar hacia abajo, hacia lo que ella fue capaz de
distinguir como agua fluyendo. Un río.
Comprendiendo su punto, se dirigió en esa dirección, resbalando y deslizándose por
la colina cubierta de pequeños arbustos en flor y dejando un rastro visible a
propósito. Aden hizo lo mismo. Con suerte, sus perseguidores creerían que ambos
se habían deslizado directos al río.
Yendo
en línea recta hasta el río una vez que llegaron a la parte inferior, Aden y
ella rasparon la tierra cerca de la orilla del agua para fomentar la ilusión de
que habían caído en él.
–Si
nos mojamos –espetó ella–, estaremos muertos. –El agua era una corriente fuerte
y rápida, como si estuviese crecida por lluvias caídas más arriba. Ni siquiera
el nadador más fuerte podría luchar contra esa corriente y evitar ser aplastado
contra las rocas o con los troncos de los árboles rotos atrapados en el
torrente. Eso si el frío no detenía primero su corazón.
–Rocas
–dijo él, señalando las piedras irregulares que no había visto por la
oscuridad. Si su audición era aguda, la visión nocturna de Aden era igual de
aguda. Eso les había hecho un excelente equipo en las raras misiones en las que
habían trabajado juntos–. Si llegamos al otro lado tendremos una probabilidad
mucho mayor de supervivencia. No esperaran
eso.
–Porque
yo no puedo hacerlo. –Sabía que su equilibrio era malo, su cuerpo estaba débil;
en estos momentos no tenía la agilidad física para cruzar el "puente"
de piedras, sobre todo cuando cada piedra estaba cubierta con una delgada y sin
duda resbaladiza y húmeda capa de musgo verde–.Ve por esa ruta y yo los guiaré
a la izquierda.
Aden
se quitó la mochila y se la entregó a ella.
–Póntela.
–Cuando abrió la boca para refutarlo, espetó–: Por una vez, Zaira, no discutas.
–Solo
discuto cuando estás equivocado. –Se puso la mochila en contra de su mejor
juicio, porque el tiempo corría en su contra–. Necesitas los suministros y yo
no puedo ir muy lejos.
–Súbete
–ordenó dándole la espalda.
–Aden,
esa es una mala decisión. Ambos caeremos en el agua. –Los sonidos de sus perseguidores
eran cada vez más fuertes–. Ve. Yo los alejaré.
Mirando
por encima de su hombro, él le sostuvo la mirada, el profundo líquido marrón de
sus iris era tan intenso que se sentía como un peso físico anclándola donde estaba
parada.
–O
vamos los dos o ninguno. Elije.
–Desafiaré
tu liderazgo en el instante en que salgamos de aquí –lo amenazó, luego saltó
sobre su espalda, le rodeó su cintura con las piernas y subió los brazos para
sujetarse a sus hombros.
Sabía que no era muy pesada, probablemente
pesaba aproximadamente la mitad que Aden, pero también llevaba la mochila y él
estaba caminando en la oscuridad a través de un río y sobre piedras que no estaban
precisamente destinadas para ser utilizadas como pasos. Se concentró únicamente
en mantenerse lo más relajada posible, a fin de no hacerlo caer. Respiró el
frío aire y pensó en todas las formas en que podría torturar a los que los
habían capturado.
Los
guardias solo habían sido la fuerza bruta. Alguien más estaba detrás de esto.
Aden
pisó la primera piedra y flexionó sus músculos contra ella mientras mantenía su
precario equilibrio. Un segundo paso. Un tercero.
El
agua formaba espuma contra las rocas y la corriente del río atronaba a su
alrededor.
El
cuerpo de Aden se hundió en el agua y ella se mantuvo aferrada a su cuerpo a pesar
que su formación le decía que lo soltase para que él tuviera una mayor
oportunidad de sobrevivir. Pero conocía a Aden. Habría vuelto por ella. Se
sumergiría en las peligrosas aguas en una decisión estúpida, irracional y
contraria al Silencio pero él iría por
ella. Así que se quedaría con él el mayor tiempo posible, hasta que ya no
hubiera otra opción e incluso él tuviera que estar de acuerdo con ella.
El
problema era que no estaba segura de si él alguna vez lo estaría.
En
ese aspecto era en verdad un muy mal líder y por ello sus Flechas le habían
dado su inquebrantable lealtad. Todos ellos habían sido rechazados por el
mundo, por sus familias. Nadie más había regresado por ellos y nunca lo harían.
Con Silencio o sin él, el que Aden lo hiciera importaba. Tal vez eso exponía un
defecto en el corazón del Protocolo o quizás era simplemente una señal de que
incluso las Flechas tenían alma.
Habían
recorrido la mitad del trayecto a través del río y pudo oír los gritos que
indicaban que sus perseguidores se dirigían a la cima desde donde Aden y ella
se habían deslizado.
–Calculo
que nos verán en dos minutos.
Aden
no respondió, pero sabía que la había oído.
Cuatro
piedras más, la otra orilla empezaba a parecer más cercana, pero entonces, el
pie de Aden resbaló. Zaira lo habría soltado y probado suerte en el agua pero
una mano se cerró alrededor de su tobillo. Una declaración silenciosa de que si
se caían, lo harían juntos. Irracional, pensó de nuevo, mientras ambos casi
cayeron antes de que él lograse enderezase.
Dos
piedras más.
Los
sonidos se oían más cerca ahora, y pudo ver destellos intermitentes de luz en
la cima cuando miró por encima del hombro.
Aden
resbaló y se hundió hasta las rodillas... pero estaban en la orilla. Se aseguró
de que su cuerpo se desplomara hacia un lado para que ella cayera en la orilla
junto a él en lugar de hacia atrás en el agua. Ella se incorporó apoyada en las
manos y miró hacia la cima.
–Tenemos
que llegar a los árboles.
Llegaron
justo a tiempo; el helicóptero estaba en el aire ahora y barría la zona con un
reflector. Se aplastaron contra el suelo y se cubrieron con la hojarasca del
suelo del bosque para que no se vieran las formas de sus cuerpos. Adén y Zaira
esperaron.
Zaira
sopló en sus manos, los guantes que había encontrado en los bolsillos del
abrigo eran demasiado grandes pero cálidos. No podía escuchar la respiración de
Aden y por un segundo, su corazón se detuvo. Sola, susurró la atrofiada niña asesina escondida en el rincón más
oscuro de su psique, sola. Un segundo
más tarde, se sacudió la sensación. Él estaba siendo silencioso, eso era todo.
Aden podía ser más silencioso que cualquier otro Flecha conocido, incluso que
el asesino más capaz. Le había preguntado una vez cómo aprendió a hacer eso. Su
respuesta fue una que jamás olvidaría.
Cuando era niño, mis padres me dijeron que
fuera invisible, tan invisible que nadie jamás me considerase una amenaza, tan
invisible que fuese olvidado.
Zaira
no entendía cómo alguien podría haber dejado de ver la fuerza implacable y el poder
en bruto que vivía en Aden, pero lo hicieron. Ming LeBon apenas le prestó atención
alguna, hasta que un día, su ex líder de repente se dio cuenta que otro estaba
sosteniendo las riendas y que él había sido depuesto. Ming ya no trataría a las
Flechas como su escuadrón de la muerte personal, utilizándolos y después
descartándolos como si fueran un caballo cojo.
Ahora
pertenecían a Aden. Y ellos le seguirían hasta el mismo infierno.
Sintió
el brillo del reflector sobre ella en ese momento, la luz se filtraba a través
de su tumba húmeda con olor a tierra y a la descomposición de los residuos
forestales. La luz no se detuvo. El sonido del helicóptero se volvió cada vez
más distante mientras la búsqueda se desplazaba río abajo, las voces de los perseguidores
a pie también se movían en esa dirección.
–Creo
que se han dijo –dijo ella al fin.
–Despacio.
– Aden se elevó cuidadosamente de su posición boca abajo mientras ella hacía lo
mismo, recogió la mochila que había empujado bajo una maraña de maleza, y luego
miró hacia el puñado de estrellas que asomaban por un pequeño espacio en la
capa de nubes–. Estamos en el hemisferio norte.
Ya
que era primavera en ese hemisferio, tenían que estar a gran altura o en una de
las zonas generalmente más frías, como Alaska.
–¿Puedes
limitar la ubicación aún más?
–No,
pero esto podría. –Sacó un pequeño dispositivo de la mochila, lo sostuvo antes
de encenderlo–. Podría tener un rastreador que podría guiar a nuestros captores
directamente a nosotros.
–No
lo uses –espetó Zaira–. El riesgo es demasiado grande. De hecho, tira todo lo
que tenga tecnología. Puede que no hayan pensado en ello todavía, pero si hay
rastreadores, podrían activarlos de forma remota.
Aden
sacó cada pieza de tecnología que habían llevado hasta allí y se aventuró hasta
la orilla del río para echarlas en el agua antes de regresar.
–¿Qué
tan bueno es tu conocimiento en astronomía?
–Malo.
Siempre tuve acceso a la PsyNet como referencia –respondió ella. La red
psíquica estaba llena de datos–. Y después de mi deserción, podía ponerme en
contacto telepático con otros si necesitaba datos de localización.
Zaira
llevaba pasando por muerta cinco años y ocho meses con el fin de proporcionar
un refugio seguro para las Flechas "rotas" o desgastadas para quienes
Ming había firmado órdenes de ejecución, pero ahora la Red la necesitaba con
vida y siendo parte de ella. Un gran número del contingente de Venecia había
regresado a la PsyNet con ella, ya que ninguno de ellos seguía estando en peligro
por parte de las mascotas asesinas o los médicos de Ming.
Había
sido un extraño regreso a casa, el paisaje del cielo nocturno antes austero de
la Red ahora estaba entrelazado con delicados hilos de oro creados por los
empáticos cuya presencia protegía a la raza Psy de un contagio psíquico mortal,
pero de todos modos había sido un regreso a casa. En un instante, su mundo
había pasado de ser una red pequeña y contenida donde había tenido que
recordarse constantemente que no era una jaula, a una inmensidad sin límites.
Se
sentía como si hubiera tomado su primer aliento real en años.
Como
resultado de los trabajos que había hecho protegiendo a los empáticos,
interactuando con ellos, uno de esos frágiles hilos de oro se había acercado a
ella y, a pesar de su instintiva reacción defensiva, había permitido que se
conectara. No tenía ningún deseo de acabar loca y echando espuma por la boca,
como resultado de la infección que casi había destruido la Red antes de que los
empáticos crearan la Colmena.
Pensar
que la Colmena era como una armadura le había ayudado a aceptarlo. Saber que en
el otro extremo estaba un empático sin ninguna habilidad en absoluto de
supervivencia le ayudó aún más. Zaira tenía más posibilidades de ser comida
viva por los escarabajos de lo que tendría de ser atacada por un E cuyo don había
ayudado a crear ese tejido de protección.
–Dime
cuando empieces a cansarte –dijo Aden, recogiéndolo todo de nuevo–. De todos modos
no podemos avanzar mucho en la oscuridad, sobre todo sin puntos de referencia.
Zaira
sabía que si hubiera estado ilesa, habrían seguido adelante.
–Yo
opino que pongamos más distancia entre nosotros y nuestros perseguidores.
Caminaron
en silencio, rodeados de árboles por todos lados y de espesos arbustos que
formaban la maleza, lo que significaba que inevitablemente dejaban un rastro, mientras
intentaban evitar las escarpadas rocas ocultas. Adén fue el que se detuvo.
–Mira.
–¿Una
cueva? –preguntó ella siguiendo su brazo y entornando los ojos para verlo
mejor.
Era
más bien una grieta en la parte frontal de la roca. Cuando se deslizaron a
través de ella, resultó ser lo suficientemente grande como para que ambos
cupieran. Sin embargo, en el instante en que estuvieron en el interior, negaron
con la cabeza y volvieron a salir. Estar en esa cueva significaría estar
protegidos, pero también estarían atrapados.
Finalmente,
y manteniendo un ojo en la cada vez más siniestra capa de nubes, hicieron un
refugio en las raíces enredadas de un árbol gigante del bosque, rompieron las
ramas de un abeto cercano para crear una alfombra y luego construyeron una
especie de tienda de campaña. Zaira comió las barras energéticas que Aden le
dio, se aseguró de que él comiera su parte y lo obligó a beber la mitad de una
de las bebidas de alta densidad de nutrientes del kit médico.
–No
serás de ninguna utilidad para mí si estás muerto o hipotérmico –replicó cuando
él le pidió que se la terminara–. Bébetelo.
Llenando
la botella vacía con agua de un arroyo cercano, Aden la guardó de nuevo en la
mochila y se acostó a su lado. Se acomodaron cómodamente uno contra el otro en
el pequeño espacio que deliberadamente habían estructurado de esa manera para
maximizar la retención de calor.
–¿Cómo
te atraparon? –preguntó entonces. Aden era tan experimentado como ella y aunque
Zaira era la más letal en el combate cuerpo a cuerpo, él era más inteligente
cuando se trataba de tácticas. Nadie debería haber sido capaz de superarlo.
–Ataque
relámpago –dijo–. Cuatro hombres me atacaron en una calle de la ciudad en
fracción de segundos mientras estaba fuera de la vista pública. Vinieron
disparando. Me dispararon un aturdidor en la cara.
Eso
explicaba el moretón que se extendía en el lado derecho de su cara.
–Ellos
respetaron más tus habilidades que las mías.
–Es
por eso que siempre has sido tan peligrosa. Las personas te ven y primero
piensan en la mujer, después en el soldado.
–Solía
pensar que mi figura era una traba antes de darme cuenta del efecto que tenía
en los hombres. –Con una altura de un metro y cincuenta y siete centímetros,
era relativamente baja y aunque estaba en letal forma, su cuerpo tendía a tener
curvas en lugar de líneas rectas–. Ahora lo veo como camuflaje. –Su exterior
suave y no amenazante escondía una hoja de afeitar con la que podría cortar tu
garganta sin parpadear.
–Bien.
–Aden puso la mano en su frente–.Tu temperatura está ligeramente elevada.
Descansa.
Cansada
del continúo dolor en su intestino y consciente de que tenía que estar más
fuerte si iba a funcionar como su respaldo, no discutió.
–¿Vas
a hacer la primera guardia?
–Sí.
Ella
cerró los ojos y se durmió después de oírlo. Porque Aden era el único ser en el
planeta en que confiaba que no le haría daño. Él era demasiado irracional como
para ser sensato.
Muchas gracias!!!!!!!!!!
ResponderEliminarHola a todas. Que maravilla. Estoy feliz por el nuevo capítulo.
ResponderEliminarGracias por traducirlo.
Muchas gracias, que ilusion volver a leernesta serie
ResponderEliminarEste par me encantan!! las historias entre los psy son muy intensas.. gracias por todo el trabajo y tiempo invertido..
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