miércoles, 10 de junio de 2015

Fragmentos de esperanza: Capítulo 3

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Y después del prólogo y los dos primeros capítulos que ya están colgados más abajo... ahora:


 Capítulo 3
EL TERRENO por el que corrían era desigual y rocoso y el aire que entraba en sus pulmones era frío, aunque no cortante. Por supuesto, eso era ahora, justo después de haber tenido una inyección de energía gracias a las bebidas y la barra que había comido. La verdadera prueba vendría en una hora o dos, cuando su herida comenzara a hacerse sentir de nuevo.

–El helicóptero está a punto de aterrizar –dijo Zaira. Podía oír los motores que lo identificaban como un vehículo de alta velocidad–. Tiene que haber un claro cerca.

–Probablemente uno natural. Nada que levante las sospechas de cualquiera que pase volando.

El aire les llevó los gritos poco después, pero aunque este terreno podría ser bueno para retener a los cautivos, estaba formado por bosques tan densos que también lo hacía una muy mala zona para realizar una búsqueda. Especialmente cuando cazaban a dos Flechas. Excepto que una Flecha estaba tan gravemente herida que resultaba una carga.

–Te estoy retrasando –dijo, su respiración era demasiado dura y rápida para alguien con su formación y resistencia.

La respuesta de Aden fue señalar hacia abajo, hacia lo que ella fue capaz de distinguir como agua fluyendo. Un río. Comprendiendo su punto, se dirigió en esa dirección, resbalando y deslizándose por la colina cubierta de pequeños arbustos en flor y dejando un rastro visible a propósito. Aden hizo lo mismo. Con suerte, sus perseguidores creerían que ambos se habían deslizado directos al río.

Yendo en línea recta hasta el río una vez que llegaron a la parte inferior, Aden y ella rasparon la tierra cerca de la orilla del agua para fomentar la ilusión de que habían caído en él.

–Si nos mojamos –espetó ella–, estaremos muertos. –El agua era una corriente fuerte y rápida, como si estuviese crecida por lluvias caídas más arriba. Ni siquiera el nadador más fuerte podría luchar contra esa corriente y evitar ser aplastado contra las rocas o con los troncos de los árboles rotos atrapados en el torrente. Eso si el frío no detenía primero su corazón.          

–Rocas –dijo él, señalando las piedras irregulares que no había visto por la oscuridad. Si su audición era aguda, la visión nocturna de Aden era igual de aguda. Eso les había hecho un excelente equipo en las raras misiones en las que habían trabajado juntos–. Si llegamos al otro lado tendremos una probabilidad mucho mayor de supervivencia.  No esperaran eso.

–Porque yo no puedo hacerlo. –Sabía que su equilibrio era malo, su cuerpo estaba débil; en estos momentos no tenía la agilidad física para cruzar el "puente" de piedras, sobre todo cuando cada piedra estaba cubierta con una delgada y sin duda resbaladiza y húmeda capa de musgo verde–.Ve por esa ruta y yo los guiaré a la izquierda.

Aden se quitó la mochila y se la entregó a ella.

–Póntela. –Cuando abrió la boca para refutarlo, espetó–: Por una vez, Zaira, no discutas.

–Solo discuto cuando estás equivocado. –Se puso la mochila en contra de su mejor juicio, porque el tiempo corría en su contra–. Necesitas los suministros y yo no puedo ir muy lejos.

–Súbete –ordenó dándole la espalda.

–Aden, esa es una mala decisión. Ambos caeremos en el agua. –Los sonidos de sus perseguidores eran cada vez más fuertes–. Ve. Yo los alejaré.

Mirando por encima de su hombro, él le sostuvo la mirada, el profundo líquido marrón de sus iris era tan intenso que se sentía como un peso físico anclándola donde estaba parada.

–O vamos los dos o ninguno. Elije.

–Desafiaré tu liderazgo en el instante en que salgamos de aquí –lo amenazó, luego saltó sobre su espalda, le rodeó su cintura con las piernas y subió los brazos para sujetarse a sus hombros.

  Sabía que no era muy pesada, probablemente pesaba aproximadamente la mitad que Aden, pero también llevaba la mochila y él estaba caminando en la oscuridad a través de un río y sobre piedras que no estaban precisamente destinadas para ser utilizadas como pasos. Se concentró únicamente en mantenerse lo más relajada posible, a fin de no hacerlo caer. Respiró el frío aire y pensó en todas las formas en que podría torturar a los que los habían capturado.

Los guardias solo habían sido la fuerza bruta. Alguien más estaba detrás de esto.

Aden pisó la primera piedra y flexionó sus músculos contra ella mientras mantenía su precario equilibrio. Un segundo paso. Un tercero.

El agua formaba espuma contra las rocas y la corriente del río atronaba a su alrededor.

El cuerpo de Aden se hundió en el agua y ella se mantuvo aferrada a su cuerpo a pesar que su formación le decía que lo soltase para que él tuviera una mayor oportunidad de sobrevivir. Pero conocía a Aden. Habría vuelto por ella. Se sumergiría en las peligrosas aguas en una decisión estúpida, irracional y contraria al Silencio pero él iría por ella. Así que se quedaría con él el mayor tiempo posible, hasta que ya no hubiera otra opción e incluso él tuviera que estar de acuerdo con ella.

El problema era que no estaba segura de si él alguna vez lo estaría.

En ese aspecto era en verdad un muy mal líder y por ello sus Flechas le habían dado su inquebrantable lealtad. Todos ellos habían sido rechazados por el mundo, por sus familias. Nadie más había regresado por ellos y nunca lo harían. Con Silencio o sin él, el que Aden lo hiciera importaba. Tal vez eso exponía un defecto en el corazón del Protocolo o quizás era simplemente una señal de que incluso las Flechas tenían alma.

Habían recorrido la mitad del trayecto a través del río y pudo oír los gritos que indicaban que sus perseguidores se dirigían a la cima desde donde Aden y ella se habían deslizado.

–Calculo que nos verán en dos minutos.

Aden no respondió, pero sabía que la había oído.

Cuatro piedras más, la otra orilla empezaba a parecer más cercana, pero entonces, el pie de Aden resbaló. Zaira lo habría soltado y probado suerte en el agua pero una mano se cerró alrededor de su tobillo. Una declaración silenciosa de que si se caían, lo harían juntos. Irracional, pensó de nuevo, mientras ambos casi cayeron antes de que él lograse enderezase.

Dos piedras más.

Los sonidos se oían más cerca ahora, y pudo ver destellos intermitentes de luz en la cima cuando miró por encima del hombro.

Aden resbaló y se hundió hasta las rodillas... pero estaban en la orilla. Se aseguró de que su cuerpo se desplomara hacia un lado para que ella cayera en la orilla junto a él en lugar de hacia atrás en el agua. Ella se incorporó apoyada en las manos y miró hacia la cima.

–Tenemos que llegar a los árboles.

Llegaron justo a tiempo; el helicóptero estaba en el aire ahora y barría la zona con un reflector. Se aplastaron contra el suelo y se cubrieron con la hojarasca del suelo del bosque para que no se vieran las formas de sus cuerpos. Adén y Zaira esperaron.

Zaira sopló en sus manos, los guantes que había encontrado en los bolsillos del abrigo eran demasiado grandes pero cálidos. No podía escuchar la respiración de Aden y por un segundo, su corazón se detuvo. Sola, susurró la atrofiada niña asesina escondida en el rincón más oscuro de su psique, sola. Un segundo más tarde, se sacudió la sensación. Él estaba siendo silencioso, eso era todo. Aden podía ser más silencioso que cualquier otro Flecha conocido, incluso que el asesino más capaz. Le había preguntado una vez cómo aprendió a hacer eso. Su respuesta fue una que jamás olvidaría.

Cuando era niño, mis padres me dijeron que fuera invisible, tan invisible que nadie jamás me considerase una amenaza, tan invisible que fuese olvidado.

Zaira no entendía cómo alguien podría haber dejado de ver la fuerza implacable y el poder en bruto que vivía en Aden, pero lo hicieron. Ming LeBon apenas le prestó atención alguna, hasta que un día, su ex líder de repente se dio cuenta que otro estaba sosteniendo las riendas y que él había sido depuesto. Ming ya no trataría a las Flechas como su escuadrón de la muerte personal, utilizándolos y después descartándolos como si fueran un caballo cojo.

Ahora pertenecían a Aden. Y ellos le seguirían hasta el mismo infierno.

Sintió el brillo del reflector sobre ella en ese momento, la luz se filtraba a través de su tumba húmeda con olor a tierra y a la descomposición de los residuos forestales. La luz no se detuvo. El sonido del helicóptero se volvió cada vez más distante mientras la búsqueda se desplazaba río abajo, las voces de los perseguidores a pie también se movían en esa dirección.

–Creo que se han dijo –dijo ella al fin.

–Despacio. – Aden se elevó cuidadosamente de su posición boca abajo mientras ella hacía lo mismo, recogió la mochila que había empujado bajo una maraña de maleza, y luego miró hacia el puñado de estrellas que asomaban por un pequeño espacio en la capa de nubes–. Estamos en el hemisferio norte.

Ya que era primavera en ese hemisferio, tenían que estar a gran altura o en una de las zonas generalmente más frías, como Alaska.

–¿Puedes limitar la ubicación aún más?

–No, pero esto podría. –Sacó un pequeño dispositivo de la mochila, lo sostuvo antes de encenderlo–. Podría tener un rastreador que podría guiar a nuestros captores directamente a nosotros.

–No lo uses –espetó Zaira–. El riesgo es demasiado grande. De hecho, tira todo lo que tenga tecnología. Puede que no hayan pensado en ello todavía, pero si hay rastreadores, podrían activarlos de forma remota.

Aden sacó cada pieza de tecnología que habían llevado hasta allí y se aventuró hasta la orilla del río para echarlas en el agua antes de regresar.

–¿Qué tan bueno es tu conocimiento en astronomía?   

–Malo. Siempre tuve acceso a la PsyNet como referencia –respondió ella. La red psíquica estaba llena de datos–. Y después de mi deserción, podía ponerme en contacto telepático con otros si necesitaba datos de localización.

Zaira llevaba pasando por muerta cinco años y ocho meses con el fin de proporcionar un refugio seguro para las Flechas "rotas" o desgastadas para quienes Ming había firmado órdenes de ejecución, pero ahora la Red la necesitaba con vida y siendo parte de ella. Un gran número del contingente de Venecia había regresado a la PsyNet con ella, ya que ninguno de ellos seguía estando en peligro por parte de las mascotas asesinas o los médicos de Ming.

Había sido un extraño regreso a casa, el paisaje del cielo nocturno antes austero de la Red ahora estaba entrelazado con delicados hilos de oro creados por los empáticos cuya presencia protegía a la raza Psy de un contagio psíquico mortal, pero de todos modos había sido un regreso a casa. En un instante, su mundo había pasado de ser una red pequeña y contenida donde había tenido que recordarse constantemente que no era una jaula, a una inmensidad sin límites.

Se sentía como si hubiera tomado su primer aliento real en años.

Como resultado de los trabajos que había hecho protegiendo a los empáticos, interactuando con ellos, uno de esos frágiles hilos de oro se había acercado a ella y, a pesar de su instintiva reacción defensiva, había permitido que se conectara. No tenía ningún deseo de acabar loca y echando espuma por la boca, como resultado de la infección que casi había destruido la Red antes de que los empáticos crearan la Colmena.

Pensar que la Colmena era como una armadura le había ayudado a aceptarlo. Saber que en el otro extremo estaba un empático sin ninguna habilidad en absoluto de supervivencia le ayudó aún más. Zaira tenía más posibilidades de ser comida viva por los escarabajos de lo que tendría de ser atacada por un E cuyo don había ayudado a crear ese tejido de protección.

–Dime cuando empieces a cansarte –dijo Aden, recogiéndolo todo de nuevo–. De todos modos no podemos avanzar mucho en la oscuridad, sobre todo sin puntos de referencia.

Zaira sabía que si hubiera estado ilesa, habrían seguido adelante.

–Yo opino que pongamos más distancia entre nosotros y nuestros perseguidores.

Caminaron en silencio, rodeados de árboles por todos lados y de espesos arbustos que formaban la maleza, lo que significaba que inevitablemente dejaban un rastro, mientras intentaban evitar las escarpadas rocas ocultas. Adén fue el que se detuvo.

–Mira.

–¿Una cueva? –preguntó ella siguiendo su brazo y entornando los ojos para verlo mejor.

Era más bien una grieta en la parte frontal de la roca. Cuando se deslizaron a través de ella, resultó ser lo suficientemente grande como para que ambos cupieran. Sin embargo, en el instante en que estuvieron en el interior, negaron con la cabeza y volvieron a salir. Estar en esa cueva significaría estar protegidos, pero también estarían atrapados.

Finalmente, y manteniendo un ojo en la cada vez más siniestra capa de nubes, hicieron un refugio en las raíces enredadas de un árbol gigante del bosque, rompieron las ramas de un abeto cercano para crear una alfombra y luego construyeron una especie de tienda de campaña. Zaira comió las barras energéticas que Aden le dio, se aseguró de que él comiera su parte y lo obligó a beber la mitad de una de las bebidas de alta densidad de nutrientes del kit médico.

–No serás de ninguna utilidad para mí si estás muerto o hipotérmico –replicó cuando él le pidió que se la terminara–. Bébetelo.

  Llenando la botella vacía con agua de un arroyo cercano, Aden la guardó de nuevo en la mochila y se acostó a su lado. Se acomodaron cómodamente uno contra el otro en el pequeño espacio que deliberadamente habían estructurado de esa manera para maximizar la retención de calor.

–¿Cómo te atraparon? –preguntó entonces. Aden era tan experimentado como ella y aunque Zaira era la más letal en el combate cuerpo a cuerpo, él era más inteligente cuando se trataba de tácticas. Nadie debería haber sido capaz de superarlo.

–Ataque relámpago –dijo–. Cuatro hombres me atacaron en una calle de la ciudad en fracción de segundos mientras estaba fuera de la vista pública. Vinieron disparando. Me dispararon un aturdidor en la cara.

Eso explicaba el moretón que se extendía en el lado derecho de su cara.

–Ellos respetaron más tus habilidades que las mías.               

–Es por eso que siempre has sido tan peligrosa. Las personas te ven y primero piensan en la mujer, después en el soldado.

–Solía pensar que mi figura era una traba antes de darme cuenta del efecto que tenía en los hombres. –Con una altura de un metro y cincuenta y siete centímetros, era relativamente baja y aunque estaba en letal forma, su cuerpo tendía a tener curvas en lugar de líneas rectas–. Ahora lo veo como camuflaje. –Su exterior suave y no amenazante escondía una hoja de afeitar con la que podría cortar tu garganta sin parpadear.

–Bien. –Aden puso la mano en su frente–.Tu temperatura está ligeramente elevada. Descansa.

Cansada del continúo dolor en su intestino y consciente de que tenía que estar más fuerte si iba a funcionar como su respaldo, no discutió.

–¿Vas a hacer la primera guardia?

–Sí.

Ella cerró los ojos y se durmió después de oírlo. Porque Aden era el único ser en el planeta en que confiaba que no le haría daño. Él era demasiado irracional como para ser sensato.



 


4 comentarios:

  1. Hola a todas. Que maravilla. Estoy feliz por el nuevo capítulo.
    Gracias por traducirlo.

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  2. Muchas gracias, que ilusion volver a leernesta serie

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  3. Este par me encantan!! las historias entre los psy son muy intensas.. gracias por todo el trabajo y tiempo invertido..

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