viernes, 24 de julio de 2015

Fragmentos de esperanza: capítulos 24, 25 y 26

18

Seguimos con varios capítulos, son cortitos... espero que os gusten
Gracias a todas por vuestros comentarios.
A Carolina y a Rocío gracias y deciros que ya va faltando menos.
Bicos a todas






Capítulo 24.

  ZAIRA ESTABA ACOSTADA EN la oscuridad mirando hacia el tragaluz. Realmente no podía distinguirlo del resto del techo, el nido estaba bajo el manto de la noche y en el exterior el mundo era azotado por la lluvia. A su lado, podía oír la respiración constante de Aden, sabía que se había sumergido en un estado de reposo que sin embargo no significaba que no estuviese alerta ante cualquier amenaza. Ella debería haber hecho lo mismo, pero su mente estaba demasiado llena de pensamientos que seguían dando vueltas.
Y ella misma, de nuevo, estaba demasiado llena de soledad.
Curvó sus dedos dentro de la palma para evitar buscar a Aden mientras el deseo salvaje y violentamente posesivo de su interior la empujaba a hacerlo, se concentró en su respiración, regulándola hasta el punto en que podría controlar su ritmo cardíaco; y una hora después de comenzar a hacerlo, en algún momento, cayó, no en un estado de reposo, sino en un sueño verdadero.
Un sueño tan profundo que, de nuevo, soñó.
Con el peso de la fría tubería en sus manos, en cómo el óxido había manchado sus palmas, en el sonido húmedo del metal al golpear la masa pulposa que una vez había sido un cráneo. Sus brazos seguían subiendo y bajando, subiendo y bajando, hasta que unas manos fuertes que le hicieron daño la llevaron lejos, sus talones arrastrándose por suelo.
Frente a ella, vio los restos machacados de las cabezas de su padre y de su madre, y sintió solo una viciosa satisfacción. Ellos no le harían daño de nuevo. Cuando otros trataron de quitarle el tubo, se negó a soltarlo, aunque sus manos estaban resbaladizas por la sangre de las ampollas que se habían formado en sus palmas. Le arrancaron la piel de la mano cuando le quitaron a la fuerza el tubo de sus manos. La sangre que cubría sus manos era anaranjada, mezclada con el óxido del hierro. Había más sangre salpicando su cara, su ropa.
Más tarde, cuando los que la había apartado de sus padres la llamaron monstruo, ella no protestó. Porque ellos la habían convertido en un monstruo y ella aceptaba que lo era.
Se despertó sobresaltada ante ese pensamiento, el corazón desbocado, Zaira casi pudo oler la sangre, casi oyó el sonido de la tubería causando un daño catastrófico. No, eso no era cierto. La tubería solo terminó el trabajo y proporcionó una salida a la rabia en su interior. Había sido su mente la que había convertido los cerebros de sus padres en papilla.
No había sido suficiente. Había tenido que destruir sus cuerpos físicos antes de permitirse creer que en verdad había terminado, que ellos estaban muertos, que no iban a volver a hacerle daño de nuevo.
–Zaira. –Escuchó el susurro a su lado. Aden apoyó su mano cálida y fuerte sobre su espalda.
Con su sangre rugiendo y su boca seca, ella no habló, solo miró hacia el techo de nuevo… y entonces movió su mano para que sus dedos se encontraran con los de Aden.
–Era tan pequeña como Jasper cuando lo hice. –Cogió aire que dolió al entrar–.Tan pequeña como él cuando ellos me lastimaron.
–Eras más pequeña. –Fue la sombría respuesta de Aden–. Ellos te lastimaron durante años.
–¿Cómo alguien puede hacer eso? –En su mente, ella siempre había sido el monstruo, había olvidado que había sido una niña pequeña y asustada luchando por su vida.
–Porque algunas personas son malas y otras no. Tú no lo eres.
Sintiendo como si sus huesos temblasen en su interior, intentó mantenerse centrada, y falló.
–Adén. –No sabía lo que le estaba pidiendo, pero cuando él soltó su mano el shock fue brutal.
–Levanta la cabeza. –Su aliento contra su oído, su cuerpo más cerca.
Zaira se sentía como si fuese a tener un ataque de pánico, obedeció su orden porque le daba una forma de mantener a raya el colapso. Él deslizó su brazo debajo de su cabeza y, lo curvó alrededor de sus rígidos hombros atrayéndola hacia él.
–Gira hacia mí, Zaira –ordenó cuando ella se quedó rígida.
El contacto nunca había sido amistoso para Zaira. Este había significado dolor y abuso cuando sus padres la tenían, entrenamiento despiadado y más dolor cuando estaba con el Escuadrón Flecha. Pero este era Aden, quien la había sostenido tantas veces ya. Había sido ella quien lo había lastimado. Se obligó a si misma a girar, no protestó cuando él rodó hasta quedar tumbado de espaldas y tiró de ella contra su pecho, la cabeza apoyada en su hombro y sus pechos apretados contra su pecho y costado.
Ambos vestían solo camisetas y pantalones de chándal, y la delgada tela de algodón de las camisetas no suponía una barrera para la transferencia de calor entre ambos. Zaira no estaba segura de cuánto tiempo se quedó allí inmóvil antes que sus huesos empezaran a dejar de temblar y su corazón se calmara, respirando el aroma de Aden en cada inhalación. Era cálido, esencialmente masculino y profundamente familiar.
Levantó la mano, la colocó en su pecho, justo sobre su corazón. Su pulso, estable y fuerte, le dio un ritmo en el que concentrarse y usar para normalizar su respiración. Cuando él deslizó su mano arriba y abajo por su espalda, no protestó, el contacto relajando aún más la tensión insoportable en su interior. Su mano era grande y fuerte como él. La mayoría de la gente no se daba cuenta conscientemente, pero Aden no era un hombre pequeño. Era ágil, musculoso, su fuerza intensa.
–Lamento haberte mordido. –No sabía por qué había hecho eso; tal vez había querido asustarlo, pero parte de ella pensaba que lo había hecho porque quería quedarse con él. Como un animal maltratado que lanzaba zarpazos a quien que trataba de hacerle un favor porque no sabía hacer otra cosa.
–Antes, vi a una de las hembras RainFire morder a su compañero.
–¿Estaba enojada con él?
–No. Parecía ser un gesto cariñoso.
Su mente meditó sobre eso, lo consideró desde todos los ángulos.
–Son cambiantes, ellos tienen impulsos más primarios.
–Algunos impulsos son universales.
Ella se sacudió al sentir sus dientes mordiéndole una oreja.
–¿Por qué hiciste eso?
–Ahora estamos iguales y no tienes motivos para sentir como si hubieras cruzado una línea.
Zaira se levantó y se frotó el mordisco, la cosa maltratada, rota, incivilizada en su interior no estaba del todo segura sobre lo que debería hacer.
–Me mordiste –dijo de nuevo.
Él le apartó la mano y pasó el pulgar sobre el lugar.
–¿Duele?
–No. –Había sido solo lo inesperado de ese gesto lo que la había desconcertado–. Morder es aceptable en la sociedad cambiante, no en la Psy.
–No he oído esa regla.
Desequilibrada por su comportamiento, ella se giró y se acomodó contra su cuerpo, manteniendo posesivamente el brazo de Aden alrededor de la parte superior de su cuerpo.
–¿Vas a morderme otra vez? –La furia demencial que era parte de ella necesitaba parámetros para manejar esto.
–Tal vez.
Ella frunció el ceño ante esa respuesta, demasiado confundida para preocuparse por la ruptura de su disciplina al permitir la expresión facial.
–Entonces te morderé de nuevo.
–Vale.
Su ceño se profundizó cuando se dio cuenta de que él estaba decidido a ganar la discusión, decidido a demostrarle que no había nada malo en el hecho de haberse vuelto feroz con él. Dado que no podía pensar en un buen argumento en contra, decidió ver hasta dónde estaba él dispuesto a llegar con esto. Se retorció y lo mordió de nuevo, esta vez en la mandíbula.
La única diferencia fue que se aseguró de no hacer sangre.
Él la giró, y de repente se enredaron en un combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, ninguno de los dos estaba intentando lastimar o golpear. En su lugar, ambos estaban tratando de pasar bajo las defensas del otro. Él era más pesado y más fuerte, pero ella siempre había sido mejor en esto; lo había vencido más de una vez, y ahora, se las arregló para tumbarlo sobre su espalda.
Pero cuando se inclinó y lo mordió de nuevo en esta competencia que era un juego, él se apartó con una difícil maniobra que la tumbó sobre su espalda y entonces era él el que estaba sobre ella, los dos respirando pesadamente.
 

Capítulo 25.

–NO LO HAGAS –le advirtió, sintiendo en su interior como la rabia arañaba en la superficie.
Él lo hizo.
La mordió en el labio inferior esta vez, casi exactamente en el lugar donde ella lo había mordido antes. Él no la lastimó, pero la furia se precipitó a la superficie, solo que no quería hacerle daño. Simplemente quería conservarlo, poseerlo. Doblando las piernas en un movimiento que sabía que nunca esperaría de ella, dado su peso y masa corporal más ligera, lo desequilibró y de repente lo tuvo boca abajo, mientras ella se arrodillaba con una rodilla sobre su espalda, la mano en la nuca.
–Gané –dijo ella.
Medio esperaba que él se levantara y la apartara. Dado que ella en realidad no iba a romperle el cuello o lastimarle la columna vertebral, la maniobra hubiera funcionado. Pero él extendió su mano y palmeó la cama dos veces en una silenciosa señal de reconocimiento de su victoria.
Sonrió, y en su interior era muy consciente de que esto era malo, muy malo, los dos lados de su naturaleza coexistían ahora en este instante. Bajó sobre él, todo su cuerpo tendido sobre el suyo. Aden movió los brazos para apoyar la cabeza sobre las manos, pero no le pidió que se moviese.
–Hueles bien –dijo ella, deseando ser más grande para poder tocarlo todo a la vez.
–Debe ser el jabón y los otros artículos del tocador.
Permaneció acostada sobre él y deslizó los dedos a través de la pesada seda de su cabello, la criatura rabiosa e incivilizada que vivía en cada una de sus células, inhaló profundamente.       
–Sí, pero también eres tú. –Bajo los tenues aromas de los artículos de baño estaba el olor del chico que había conocido una vez, pero este había madurado, volviéndose más profundo, más ricamente masculino.
Él se quedó quieto mientras ella deslizaba la mano por su brazo y sobre la curva tensa de sus bíceps, la manga de la camiseta arrugándose bajo su tacto. Le hacía sentirse borracha tocarle así, la hacía sentir como si estuviera hundiéndose en una oscuridad que no tenía fin. Pero, al igual que un adicto, no podía parar. Cuando ella se incorporó lo suficiente para subirle la camiseta, él se la quitó por la cabeza.
Frotó la mejilla contra la suave y caliente piel de su hombro, deslizando su mano sobre los músculos de la espalda al mismo tiempo. Bajo ella, su respiración se alteró, se volvió más errática. Acostada sobre él, deslizó su mano sobre sus bíceps de nuevo.
–Te gusta esto –murmuró–. Te gusta ser tocado por mí.
–Sí. –Aden se incorporó un poco para advertirla de su intención y comenzó a darse la vuelta.
Ella se movió lo suficiente para permitirlo, pero lo montó a horcajadas tan pronto como él estuvo acostado sobre su espalda, sus manos en la suave piel de su pecho. Sus pectorales estaban definidos, al igual que las crestas del abdomen hasta donde sus músculos creaban una uve en la parte baja de su cuerpo. Ella en verdad nunca pensó en las diferencias entre hombres y mujeres, excepto en el contexto de cómo la fuerza física masculina daba a sus oponentes una ventaja que tendría que aprender a contrarrestar, pero ahora se encontró fascinada por las crestas y valles de su cuerpo, sus manos ansiosas por explorar cada centímetro.
Cuando él levantó sus manos hasta sus muslos, ella decidió que era aceptable: él podía tocarla. Inclinándose, apoyó sus antebrazos a ambos lados de su cabeza y deslizó sus labios a lo largo de la línea de su mandíbula, de su garganta, del hueco que tenía ahí y que le hacía querer lamerlo. La cruda profundidad de ese deseo despertó la parte de ella que la había mantenido con vida y sana durante todos estos años.
–Yo… no puedo ser así –dijo, las palabras salieron en un vacilantes mientras  luchaba contra la parte retorcida y peligrosa de sí misma–. Podría ser mortal. –En su interior había una violencia tan horrible que había hecho estremecer a los del servicio de emergencia; y todos ellos habían sido adultos con su condicionamiento completado–. Infligí tanto daño a las caras de mis padres que ni siquiera eran reconocibles como hombre o mujer del cuello para arriba.
Encerró los profundos recuerdos detrás de la pared psíquica que había construido como parte de su entrenamiento del Silencio. Todavía podía recordar lo que había hecho, pero no lo revivía, no experimentaba lo que se había sentido al bajar ese tubo una y otra vez. O no lo había hecho hasta ahora.
–Mis escudos se están desmoronando. Estoy recordando, Aden. No puedo recordar y funcionar.
–¿No vale la pena luchar por esto? –preguntó Aden, tirando de su cabeza con una sujeción suave en su cabello.
Pensó en cómo se había sentido al tocarlo antes de recordar el riesgo, en cómo ella le había dado placer. Ella nunca le había dado placer a nadie.
–El riesgo… –comenzó, pero Aden le interrumpió.
–Estamos en una situación única –espetó–. Nadie sabrá nunca lo que pasó aquí a menos que se lo digamos. Te prometo que no voy a permitir que cruces ninguna línea violenta.  
Zaira flexionó los dedos en su hombro, la tentación extrema. Con su mente entumecida, si cometía un error, este no ondearía hacia la PsyNet, no traicionaría su inestabilidad a aquellos que podrían aprovechar la debilidad.
Y Aden jamás lo diría.
Agachó la cabeza y lamió ese lugar que la había tentado, la mano de  él se cerró sobre su muslo, su corazón se aceleró bajo su palma. La rabia que no era rabia alrededor de Aden volvió a tomar el control, comenzó a besarlo trazando un camino hacia abajo y sobre su pecho. Sus pezones eran discos planos pero él se tensó cuando los tocó, los mordió ligeramente y luego los lamió.
Ella archivó la respuesta en su carpeta privada de todas las cosas de Aden y continuó su viaje por su cuerpo. Cuando la mano de él se cerró alrededor de su nuca, eso no rompió el momento. Este era Aden, quien nunca la había herido y jamás la lastimaría. Él podía tocarla allí.
Él tiró de ella.
Zaira frunció el ceño y levantó la vista.
–Estoy ocupada. –Debajo de ella, su cuerpo estaba duro, caliente. Era un paisaje extraño, nuevo y maravilloso que quería explorar.
–Quítate la camiseta –dijo Aden, con los ojos más oscuros que alguna vez le hubiera visto.
Decidiendo que la solicitud era bastante justa dado que él estaba medio desnudo, se levantó y se despojó de la camiseta, sus pechos aún cubiertos por el bandeau.  Las manos de Aden en su cintura se sentían más grandes y más calientes sin esa delgada barrera. Un escalofrío la recorrió y cuando él la inclinó hacia su cuerpo, lo siguió.
Tendida sobre su cuerpo, ella unió sus labios con los de Aden, buscando instintivamente la intimidad. Él se la ofreció, la mano masculina regresó a su nuca, los dos explorando el contacto lento y profundo. Cuando se separaron para aspirar una bocanada de aire, Aden la giró y la tumbó sobre la espalda.        
Zaira no lo impidió.
Tampoco lo hizo cuando él se colocó sobre ella y trazó el mismo camino que ella había recorrido en su cuerpo, Aden deslizó su mano sobre sus costillas hasta alcanzar su espalda mientras los fríos mechones de su cabello recorrían su piel. Sus labios eran cálidos, sus besos húmedos, y en algún momento, Zaira dejó de tratar de pensar y cedió a la locura a flor de piel de las sensaciones.
Esta noche era secreta. Les pertenecía a ambos.
Nadie lo sabría nunca.


Capítulo 26.

  TODAVÍA SATURADO POR la experiencia de apuñalar al hombre en la playa hasta matarlo, Blake estaba de pie en la ventana del edificio principal de entrenamiento y observaba a los adolescentes en el compuesto. Estos, durante la primera hora de la mañana, estaban siendo dirigidos en una rutina de artes marciales por una Flecha de veinticinco años a la cual se había acercado antes para hablarle de una sociedad. Ella había pensado que sería una asociación ordinaria, por supuesto, y él no la había desengañado.
Aún así ella lo rechazó porque sus estilos de lucha no encajaban.
Él había replicado diciendo que sus diferencias podrían complementarse entre sí, pero cuando ella se mantuvo firme, se dio cuenta de que tenía una personalidad demasiado dominante para permitirle ser el alfa en su asociación. Tendría que encontrar a alguien más. Escaneando a los entrenadores casi de forma aleatoria, consideró a otras Flechas dentro de la edad comprendida de veinte a veinticinco años.
Fue entonces cuando su mente susurró: ¿por qué no alguien más joven?
Nunca había considerado un cómplice más joven, pero mientras miraba a la entrenadora moverse y a los adolescentes siguiéndola en perfecta formación, se dio cuenta de que era la mejor opción posible. Tendría tanto una socia con quien compartir la matanza como una persona más débil, menos segura, que él podría controlar.
  Cuando examinó a los adolescentes con más cuidado, sus ojos permanecieron atrapados en una chica de cabello castaño en la última fila que no reconoció. Eso debería haber sido imposible, como la mayoría de los Flechas de mayor rango, conocía a los de bajo rango que iban a salir, había entrenado al grupo de esa edad en varias ocasiones.
Sin embargo, esta chica no movió ningún interruptor mental.
Sacando su organizador portátil, encontró la lista de asistentes a la sesión y los eliminó uno por uno, hasta que se quedó con una chica de diecisiete años de edad, quien era una fuerte telépata, pero que también tenía una habilidad notable en el raro rango de la ilusión.
Esto último sería útil cuando se tratara de los secuestros de las víctimas. En el lado negativo, ella también estaba registrada como estable y leal al escuadrón.
Por supuesto, él también lo estaba, pero sabía cómo manipular las pruebas. ¿Lo sabía hacer ella?
Echó un vistazo a otros archivos, los de todos los adolescentes que eran lo suficientemente mayores como para estar completamente entrenados pero lo suficientemente jóvenes como para ser moldeados a sus especificaciones. Pero él seguía regresando a la muchacha; ella incluso se parecía a las mujeres que prefería como víctimas cuando tenía una elección. Cualquier otro tipo de víctima era un mero bocado, este tipo específico alimentaba su hambre.
Cabello marrón, piel pálida, no muy delgada, sin sobrepeso, con pechos pequeños.
Ella era la indicada.
Solo tenía que encontrar una vulnerabilidad, una grieta.


18 comentarios:

  1. Gracias. Estan buenisimos!!!

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  2. 3 capitulos gracias, no cabe duda el lenguaje erotico es universal todos saben por donde comenzar,¡¡¡¡ Aden y Zaira tienen que salir YAAA¡¡¡¡¡¡ o Blake se va a convertir en otro Enrique Santano como no lo ha detectado la red? Feliz dia

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  3. Gracias, gracias gracias!!!! (x3) La verdad es que se pone mejor y mejor.

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  4. Vaya que capitulos, pero saben como dejarnos en suspenso jajjajajajajaja malvadas , muchass gracias

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  5. Mini maratón que me viene muy bien para mitigar estas calores veraniegas.
    Ha sido muy entretenido, muchas gracias, chicas.
    Besos,Mariad.

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  6. ¡Que velocidad! Muchas gracias por la dedicación

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  7. Fina. Hola que todos pasen un maravilloso fin de semana, besos.
    Hola Un millón de gracias Rocío, Carolina Maria, por tan magnifico y rápido trabajo, mil gracias, besos

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  8. son las mejores wow increible gracias por el doble capitulo me encanta

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  9. Muchísimas gracias, pero no nos pueden dejar así! Necesitamos saber como siguen estos dos

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  10. Muchísimas gracias, pero no nos pueden dejar así! Necesitamos saber como siguen estos dos

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  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  12. Fina. hola que pasen una linda noche, besos

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