Capítulo 16.
ZAIRA DESPERTÓ con la espalda apretada
contra el pecho de Aden y la cabeza apoyada en su brazo. Se quedó inmóvil, esa
posición nunca debería haber ocurrido. El hecho de que hubiera estado dormida
no debería haber importado; su formación debería haberse mantenido, siempre se había
mantenido cuando había tenido que descansar en un espacio estrecho con otro
miembro del escuadrón.
Pero cuando fue a alejarse,
sintió una obstinada vacilación en su interior. Si dejaba de tocarlo estaría
sola de nuevo. Como había estado en aquella sala estéril y fría hace tanto
tiempo. Aden era cálido, estaba vivo, era un ser viviente en el que podía
confiar. Y su cabeza seguía siendo un lugar oscuro, vacío, lleno solamente con
sus propios pensamientos y su propia locura.
Su estómago se tensó, un
latido sordo de dolor le recordó su lesión recientemente reparada.
En una red psíquica llena de
miles de datos y fragmentos rotos de conversaciones de otras personas, podía
olvidar a la cosa retorcida que vivía en su interior, olvidarse de la criatura
atrofiada que había sido privada de la luz y mantenida en aislamiento durante
los primeros siete años de su vida, hasta que quedó permanentemente deformada, con
pensamientos perturbadores.
Esa criatura rabiosa se había apoderado de su cuerpo el día que
había matado a golpes a sus padres, también se había apoderado de su mente.
Había llegado a cubrirse de sangre y gritar como un ser creado del horror cuando
los otros miembros de la unidad familiar extendida intentaron sacarla de la habitación
que había convertido en un matadero. Siete años de edad y la criatura había
tenido tanta fuerza que se necesitaron dos adultos para arrancarle la tubería
ensangrentada de sus manos, hizo falta tanta fuerza que le arrancaron la piel
de sus palmas.
Y los gritos… esos habían
sido la risa de la criatura.
La criatura estaba calmada
ahora, pero también estaba muy despierta y consciente y con ella. Siempre lo
estaba. Ella, simplemente, podía ignorarla mejor en el tumulto creado por el
ruido de las otras mentes. En el instante en que dejara esta cama, cuando no
tuviera la presencia de Aden para calmar la ira, dejaría de estar inactiva. En
el silencio, en la soledad, le susurraría.
Pero no podía quedarse en
la cama para siempre. Y no podía depender de la proximidad de Aden para
controlarla porque con cada instante que pasaba, la posesividad en su interior
crecía y crecía. Si no tenía cuidado, podría despertarse un día para descubrir
que lo había asesinado como asesinó a esa mariposa, paralizando por completo el
corazón de ese hombre que poseía tal capacidad de amar que la asombraba.
Con ese pensamiento salió
tambaleándose de la cama, usó toda su fuerza para empujar la parte insana de su
psique y cerró la puerta contra ella. El bloqueo psíquico no duraría. La criatura
atrofiada y enfurecida emergería de nuevo, astuta, escurridiza y viciosa.
Siempre lo hacía, siempre lo haría porque era una parte indeleble de Zaira, sus
tentáculos negros estaban entrelazados alrededor del núcleo de su alma, un
tumor maligno que ninguna operación podría eliminar.
Su mirada se posó en el
reloj junto a la cama. Las seis y media de la mañana.
Ya era de mañana y la
lluvia continuaba azotando la ventana, las hojas de los árboles se retorcían
con el viento que vapuleaba el nido.
Más tiempo a solas con Aden.
Era un pensamiento secreto
nacido de la posesividad que algún día podría acabar con él.
Con su corazón latiendo con
el mismo ritmo salvaje de la tormenta, se desnudó y se duchó bajo un chorro
helado para recordarle a su cuerpo y a su mente la disciplina necesaria para
asegurarse seguir en su sano juicio. Cualquier fractura podría convertirla de
nuevo en esa chica que había machacado hasta convertir en pulpa el cerebro de
sus padres con sus habilidades telepáticas y luego había golpeado sus cuerpos
debilitados hasta la muerte con un trozo de tubería que había encontrado en una
de sus excursiones en el exterior; la criatura la había escondido dentro de un
agujero en un raro momento cuando nadie estaba mirando.
Fue esto último lo que había
llevado a la PsyMed a etiquetarla como un riesgo mortal.
Un niño atacando en un
momento de peligro físico es comprensible. Sin embargo, un niño mostrando ese
nivel de premeditación a una edad tan temprana es un candidato para la
rehabilitación.
Zaira no solía pensar en el
tiempo que había pasado atada en el centro PsyMed mientras excavaban dentro de
su cerebro. Cuando lo hacía, quería preguntarle a los psiquiatras y médicos qué
pensaban exactamente que una niña de siete años de edad debería haber hecho contra
oponentes mucho más grandes y más mayores.
Había sabido que sus padres
iban a golpearla. Eso era un hecho. Había sabido que iban a tratar de quebrarla
para poder esclavizar sus habilidades. Eso, también, era un hecho. Ella también
había sabido que si los golpeaba en un intento de protegerse a sí misma, ellos
solo le habrían hecho más daño. Estaba atrapada en sus escudos para que sus
gritos no salieran al mundo exterior, y sus pequeñas manos y cuerpo no podían
hacer ningún daño real.
Ella lo sabía porque lo
había intentado. Muchas veces.
La única cosa racional y
razonable que hacer era planearlo. Ella tenía que incapacitar a sus padres para
que no la mantuvieran en sus escudos, incapacitarlos para que no volvieran a
hacerle daño. Ese fue el motivo por el que había descartado todas las armas
posibles que había encontrado, tablones de madera, un ladrillo, incluso una
pequeña lámina de metal; hasta que había encontrado un trozo de tubo que podía balancear,
pero que tenía el peso suficiente para por lo menos aturdirlos. Por eso había colocado
su silla junto a la puerta; para tener la altura necesaria para golpear desde
atrás tan pronto como su padre entrara.
Ese también fue el motivo
por el cual había construido hábilmente escudos debajo de su mente pública. Sus
padres pensaron que veían todo lo que ella pensaba y sentía, pero no tenían ni
idea de la parte enojada y retorcida que tenía un montón de secretos.
Incluyendo la capacidad de planificar y llevar a cabo un asesinato.
Por supuesto, el único
problema había sido el hecho de que ella tenía dos objetivos, ambos con escudos
poderosos que incluso un niño telepático con Gradiente 9.8 no podía destruir
simultáneamente. Así que había tenido que esperar hasta el día que estuvo
segura de que llegarían uno tras el otro, a fin de tener el tiempo suficiente
para debilitar uno y atrapar al otro antes que la segunda persona se diera
cuenta de lo que estaba sucediendo.
En el ínterin, había
recibido paliza tras paliza, su cuerpo magullado, amoratado. Y cada
mañana, había presionado su oreja contra la puerta y escuchado, hasta el día en
que oyó que su madre se retrasaría por una conversación con un niño mayor,
mientras que su padre se dirigía hacia la jaula de Zaira.
Esa paciencia asesina le
había salvado la vida y la convirtió en una amenaza a los ojos de la PsyMed. Si
no fuera por el escuadrón que había intervenido para reclamarla como suya, ahora
sería un vegetal babeante, apta solo para tareas menores.
La niña muestra tendencias hacia la
psicopatía criminal.
Cerró la ducha mientras las
palabras del informe del PsyMed continuaban repitiéndose en su mente. Había
podido revisar el informe cuando cumplió la mayoría de edad.
–No soy una psicópata –dijo
negando con la cabeza. Estaba loca en una manera que significaba que no podría
bajar la guardia, pero no era un individuo carente de conciencia o empatía–. No soy una psicópata.
No se dio cuenta de que
había hablado en voz alta hasta que la voz de Aden llegó a través de la puerta.
–No, no lo eres.
Esas palabras saliendo de
sus labios demostraban otra brecha en su disciplina.
–Necesito ropa limpia.
–Eso, también, fue un error. Había estado tan desconcentrada que se le había
olvidado prepararla–. Puedo usar los pantalones de nuevo. –Unas cuantas arrugas
no afectaban en nada cuando la tela era fuerte y cálida.
–Estoy dejando una muda en
la puerta. Finn vino hace unos minutos con una camiseta que debe ajustarte
mejor. Se la prestó un miembro de la manada que está dispuesta a compartir más
si el tamaño se adapta.
La recogió y se puso una
braga limpia y el mismo bandeau de la noche anterior, después se puso los
pantalones de combate. Sobre eso, se colocó la camiseta blanca que Aden había
dejado. Se ajustaba mucho, mucho, mejor que la camiseta con la que había
dormido, pero solo cuando se la puso se dio cuenta de que tenía un poni rosa
brillante en el frente. Salió del cuarto de baño.
–¿Están tratando de
insultarme sutilmente?
Aden siguió su dedo que
señalaba al poni que brincaba sobre sus pechos, un destello en sus ojos ella que
no pudo leer.
–Parece ser que a la única
persona en RainFire con una complexión cercana a la tuya le gusta el color y el
brillo –dijo él–. La segunda opción es usar ropas más grandes, pero pensé que
preferirías un poni en vez de tener tus movimientos obstaculizados.
–No estoy segura. Es demasiado
rosa. –Fue al cubículo que contenía la otra ropa y descubrió que la parte
superior y los pantalones del uniforme que llevaba la noche de su secuestro
habían sido reparados meticulosamente, lavados, y devueltos. Se dio cuenta que Finn
debió entregarlos con la camiseta. Las líneas de los rasgones reparados en la
chaqueta de cuero de Aden hacían parecer como si alguien, ¿el sanador?, hubiera literalmente rasgado el duro material
con sus garras. Una nota sobresalía del bolsillo y decía que el que había hecho
la reparación había borrado todo rastro de sangre, pero no había limpiado nada
más, temiendo dañar el material.
–Esto lo resuelve.
–Agarrando los elementos del uniforme, se dirigió hacia el baño... y vaciló–.
¿Estamos tratando de mezclarnos?
–No podemos mezclarnos,
pero debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para no parecer tan distintos a los
demás que nos rechacen.
Zaira volvió a mirar el
poni rosado.
–Por el bien del escuadrón.
–Por lo menos podría colocar la chaqueta de cuero sobre eso. Porque no se la
iba a devolver a Aden. Ahora era suya. Él se la había dado. Si quería
recuperarla… bueno, no podía tenerla.
Algunas cosas suyas podría devolvérselas
si realmente las quería, pero no la chaqueta. Olía a él y cuando la llevaba, no
se sentía sola.
–Me quedo con esto –le dijo
en caso de que él creyera algo diferente.
Sus pestañas gruesas, largas
y rizadas bajaron, y luego se levantaron de nuevo.
–Vas a tener que cortar las
mangas.
–Solo las doblaré. –Comenzó
a hacer exactamente eso–. Si las corto, no podrás usarla.
–Pensé que te quedabas con
ella.
–Te la prestaré de vez en
cuando. –Para que pudiera oler como él de nuevo–. Pero es mía.
Aden inclinó ligeramente la
cabeza antes de entrar en el cuarto de baño para refrescarse después de su sueño
largo y profundo. Los cambiantes claramente no tenían problemas en encontrar
ropa que le sirviera a él. Cuando salió después de una ducha rápida, llevaba el
mismo par de pantalones vaqueros azules desteñidos que la noche anterior, pero
su camiseta era gris claro, tenía los pies desnudos, y el cabello un poco
húmedo en la frente y revuelto.
Era lo más casual que lo hubiese
visto nunca.
–Te ves normal –dijo
mientras terminaba de ponerse sus botas–. No como una Flecha.
Sus ojos se encontraron con
los suyos, y allí estaba: la cosa que lo convertía en una Flecha, la misma cosa
que la hacía querer poseerlo, mantenerlo.
–Bien. –Sentándose para
ponerse sus propias botas, él dijo–: Tenemos que ir a desayunar; pero primero,
¿por qué te sientes en la necesidad de recordarte que no eres una psicópata?
Debería haberle contestado.
Era una pregunta perfectamente razonable del líder del escuadrón. Lo que hizo
fue abrir la trampilla que conducía al pasillo exterior de la enfermería y
bajar. Aden la siguió segundos después. Caminaron hacia la zona de desayunos, Finn
le había dado instrucciones a Aden sobre cómo encontrarla. Zaira consideró su propio
comportamiento irracional y no encontró respuesta.
–Aquí es –dijo Aden,
señalando con su barbilla a una puerta a su izquierda.
Al abrirla, encontró unos
escalones estrechos que subían hasta un camino trazado a lo largo de una rama
resistente. El mundo exterior estaba bloqueado por hojas delgadas de plas
transparente, pero no había calefacción, el frío era extremo.
–Una construcción fuerte –dijo,
tocando el plas para descubrir que era de una calidad cercana al vidrio, la
lluvia afuera rodaba por la superficie exterior en gotas cristalinas–. El
vidrio sería más peligroso si hay niños alrededor.
–También es más duradero –señaló
Aden–. Y más fácil de desmontar.
–Por supuesto. Deben quitar
los paneles durante el clima despejado. –Después de todo eran leopardos, era
probable que merodearan libremente a lo largo de las ramas de este árbol y las
de los otros gigantes del bosque a su alrededor.
El comedor del nido se
encontraba en un árbol más pequeño a su izquierda, aunque "más
pequeño" era un término relativo, dado el tamaño de los árboles.
Justo después de entrar y colgar
sus chaquetas en los ganchos de la puerta, un pequeño niño cambiante corrió
hasta Zaira. Es hembra, pensó ella, su cabello negro rizado estaba despeinado y
de punta en todas direcciones, y vestía con lo que parecía un pijama con pies. El
pijama era de lana de color amarillo pálido con ovejas blancas en ella.
Estimó que tendría unos dos
años. Posiblemente dos años y medio.
La niña también parecía
tener cicatrices como garras en el lado derecho de su rostro, pero al mirarlas
de nuevo se cuestionó su origen. No parecía como si hubiera sido mutilada; las
marcas estaban demasiado perfectamente integradas en la piel y en los rasgos
faciales. Como si hubiera nacido con ellas... y entonces recordó una imagen que
había visto de Lucas Hunter.
El alfa DarkRiver llevaba
marcas idénticas. O bien la niña estaba de alguna manera relacionada con el
alfa o esto era una peculiaridad genética cambiante.
–¡Hola! –dijo la niña, mirándola
con ojos amarillo-marrón de leopardo contra la piel de un color marrón oscuro
brillante.
Zaira no sabía cómo
interactuar con niños, pero le respondió a esta a fin de no ofender a sus
anfitriones, muchos de los cuales estaban en la habitación.
–Hola.
–¡Poni! –señaló la niña.
–Sí.
Fue entonces cuando la niña
levantó sus brazos con una sonrisa brillante.
Zaira no se relacionaba con
los niños. Ni siquiera con los niños Flecha.
–¿Qué se supone que debo
hacer? –le preguntó a Adén.
–Cogerla.
–¿Cómo un saco de provisiones?
–Con un poco más de
cuidado. –Pero él se estaba moviendo mientras hablaba, se agachó para decirle–:
¿Puedo hacerlo yo? –Abrió los brazos y la niña fue directa a ellos.
Sin ningún sentido de
auto-preservación en absoluto, juzgó Zaira.
–Ella está corriendo un
riesgo .
–Ella no tiene que
preocuparse por los riesgos; ¿sabes cuántos ojos nos están viendo en este
momento?
Escaneó la habitación sin
parecer que lo hacía, muy consciente de su falta de sentidos telepáticos. Aden
tenía razón: los cambiantes parecían estar metidos en sus asuntos, hablando y
comiendo, pero mantenían una estrecha vigilancia sobre la situación en la
entrada. Sabía lo rápido que podían moverse los cambiantes, y se dio cuenta de
que si Aden o ella mostraban la menor amenaza, estarían bajo un ataque desde
múltiples frentes en una fracción de segundo.
Tomando una decisión, se
aseguró de mantener su distancia con la niña que Aden llevaba fácilmente en un
brazo mientras ella balbuceaba en su oído. Dado que Aden tenía el brazo y la
mano ocupados, ella le puso comida en el plato mientras él se lo sostenía, después
llenó el suyo, los alimentos estaban disponibles en una mesa comunitaria contra
la pared izquierda.
–¡Poni!
Se volvió para encontrar a
la niña que estiraba sus brazos hacia ella.
–Nunca volveré a ponerme
esta camiseta.
Sus palabras hicieron que
la niña lanzará una risita y se estirara aún más en los brazos de Aden, como si
quisiera lanzarse hacia Zaira.
–Aden.
–Por el bien del escuadrón.
–No hará ningún bien que la
deje caer de cabeza. –A Zaira le gustaban las cosas pequeñas, delicadas, era
muy cuidadosa con los tesoros que coleccionaba, pero ninguno de ellos era un
ser viviente. No confiaba en sí misma con los seres vivos. Mataba a los seres
vivientes, incluso cuando quería salvarlos, admirarlos.
–Dado que te he visto
manejar una pistola láser con las manos firmes, creo que puedes manejar a un
niño.
Zaira no estaba tan segura
de ello, pero, colocando el plato en la mesa más cercana, cogió a la niña en
sus brazos, copió el agarre de Aden con el fin de cargar el pequeño cuerpo. Sin
embargo, rápidamente se dio cuenta de que no podía sostener a la niña con un
brazo como él lo había estado haciendo, su fuerza muscular no era igual a la
suya, y la niña era más pesada de lo que parecía.
–¡Hola! –Le sonrió antes de
echarle los brazos alrededor del cuello y agachar la cabeza contra la suya, la
suavidad de su pelo acariciaba su cuello.
Congelada en el lugar, se
quedó mirando a Aden.
–¿Ahora qué?
Pobre Zaira, debería de haber martirizado a sus padres antes de matarlos, esta buenísimo el capítulo, te llega. Muchas gracias
ResponderEliminarNo hay mejor manera de descongelar el hielo psy que convivir con niños bien¡¡¡ por Aden la esta guiando muy bien
ResponderEliminarGracias chicas un abrazo
Estoy deseando saber cómo sale Zaira de este apuro...¡ socorro, niños !
ResponderEliminarAden la está poniendo a prueba, es evidente.
La historia de Zaira es muy dura. No sé si Aden sabe todos los detalles, imagino que sí.
Muchas gracias, chicas, cada vez me gusta más.
Besos, Mariad.
Aden sabe todo sobre ella porque se conocen desde pequeños cuando empezaron su entrenamiento para ser Flechas... por eso la ama y confía en ella porque la conoce muy bien, más de lo que ella se conoce a sí misma :)
EliminarYo si adoro esta saga, Nalini es lo más, me encantan todas jajajaja, muchas gracias chicas!!! son lo máximo trayendo esto hasta nosotras.
ResponderEliminarjajajaja pobre Zaira y que cruel Aden XD
ResponderEliminarMuchas gracias chicas!!!
Cada novo capítulo é melhor que o anterior, obrigada por disponibilizá-los tão prontamente!
ResponderEliminarQue tierno¡¡¡. Zaira va a espabilarse con los bebes cambiantes. Me encanta. Gracias chicas
ResponderEliminarQue buen capi...no hay como niños cambiantes...no he dejado pasar por alto las marcas de la niña iguales a las de Lucas...Nalini no lo menciona porque sí..nunca deja nada al azar...ahora o más tarde seguro va tener relevancia...GRACIAS ENORMES A ROCIO Y CAROLINA POR EL BUEN RITMO, Y A MARIA POR LA REVISION...MILLONES DE BESITOS!!! Y QUEREMOS MÁS JAJAJA
ResponderEliminarJajaja pobre zaira no sabe que hacer, haber que hace en el próximo capi. Muchas gracias chicas excelente capi
ResponderEliminarMe encanta el libro, pero me gustaría que salieran más Vasic e Ivy y los otros gatos. Besos
ResponderEliminargracias!
ResponderEliminarGracias :)
ResponderEliminargracias chicas son increíbles Zaira esta empezando a ser mi chica favorita
ResponderEliminarme encanta ;)
ResponderEliminarMuchas gracias por el capítulo. Coincido con Danycyta y el detalle de la niña cambiante. Muy interesante.
ResponderEliminarComo dato quisiera comentar que de esa manada se habla en el Libro de Dev y Ekatherina, el de Los Olvidados.
Besos.
Gracias por el dato... pensé que era una manada nueva dentro de la historia.. voy a chequearlo en el libro..
EliminarTiene razón Anita, yo volví a leer el libro Blaze of Memory y sale RainFire que recién se está armando como manada bajo el alfa Remi (Remington, no le gusta que le llamen así).... ;)
EliminarAww, es muy dulce. Gracias, Gracias, Gracias.
ResponderEliminarZaira es muy especial y tiene un corazón de oro aunque no se de cuenta de ello y crea que no es buena, hay que ver como cuida de todo el mundo, especialmente de Aden... ..Gracias chicas!!
ResponderEliminarFina. Esta muy bueno el capitulo, sobre todo por las reacciones de Zaira, ojala llegue a ser amiga de la niña, mil gracias María, besos
ResponderEliminarDios me encanta Zaira con la niña!!!!!! Gracias por los capis y buen trabajo chicas!!!! Muchos besos
ResponderEliminarMe encanta Zaira ,cuando dice es míoooooo,ya me la imagino diciéndole a Aifden que es suyo jejeje
ResponderEliminarGracias a cosotras y a Chicas de Gatitas ,sois geniales
Zafiro
Gracias
ResponderEliminarFina. Hola que todos pasen un lindo fin de semana, besos
ResponderEliminarMuchas gracias!!! Amo a los niños cambiantes son un amor!! Y mas como la manada los cuida :D hay que recordar cada detalle porque Nalini vuelve a escribir sobre ellos y no te das cuenta! Jajaja eso me paso con Samuel (el que salvo a Vasic del brazo bionico) y otras cositas por ahi jeje
ResponderEliminargracias a todo el equipo!!
Gracias, gracias, les agradezco infinitamente el trabajo que hacen; sobre todo el que lo compartan de esta manera.
ResponderEliminarDe nuevo un capitulo maravilloso, Nalini sabe lo que hace.
La verdad tengo una duda, no será posible que ustedes inicien la traducción de la otra saga de Nalini (Psi-Cambiantes), ya tengo entendido de que el 7° salio hace ya un año y aun no hay traducción, o el blog que lo traduce no ha compartido el libro.... ojala puedas informarme.
Gracias¡¡¡¡¡¡
Laura C.
chicas hermosas guapas y bellas holaaa las extraño
ResponderEliminarchicas hermosas guapas y bellas holaaa las extraño
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