Capítulo 5
ADEN SINTIÓ COMO ZAIRA caía en
un sueño profundo, su respiración era constante. Cuando comprobó su piel, después de lo que debió
haber sido una hora, ya no estaba tan húmeda y pegajosa. A pesar de que estaban
en un clima frío, donde el viento se volvía cada vez más cortante, estaban bien
abrigados y tenían suficiente comida para otro día. Después de eso, estarían en
problemas, y ella ya estaba peligrosamente débil como resultado de la pérdida
de sangre.
Asegurándose que la
capucha de su chaqueta le cubriera la cabeza, enroscó su cuerpo alrededor del
de ella en un esfuerzo para mantenerla caliente, su mente aún alerta. Sin
embargo, esa mente estaba atada con cadenas que tuvo que forzarse para no
revisar. Iba en contra de sus instintos, pero no podía permitirse el lujo de
causarse cualquier daño que pudiera debilitarlo, su conocimiento como médico le
decía que el implante que tenían en sus cabezas era inestable.
Una tecnología tan
avanzada podría crearse en la
clandestinidad, pero las Flechas trabajaban en las sombras, trabajaban en la
clandestinidad. Ellos habrían escuchado algún rumor si este hubiera sido un
proyecto a largo plazo. No, lo que sospechaba era que el implante era una
horrible combinación del implante de la Alianza Humana, destinado a proteger
contra la intrusión psíquica, y el implante "mente-colmena",
desarrollado por Ashaya Aleine mientras había estado bajo el control del Concejo.
Su investigación
había sido destruida, una gran parte de ella por la misma Aleine. Pero era
posible que alguien hubiera sacado furtivamente un prototipo o que hubiese logrado
hacerse con una parte de su investigación, antes de que ella hubiera podido destruirla,
para revertir la ingeniería de su creación y manipularla a fin de unirla con el
implante de la Alianza y lograr el efecto de bloquearlos psíquicamente.
Si su hipótesis era
correcta, el implante en su cabeza y en la de Zaira no podía estar tan bien
construido como cualquiera de los originales. Aden tenía motivos para saber que
Ashaya Aleine también había ayudado a la Alianza a desarrollar su implante.
Ella era un genio a un nivel que raramente se encuentra, y trabajaba en
conjunto con su hermana gemela, a veces psicótica, pero siempre brillante.
Sería difícil para cualquier laboratorio del mundo encontrar un equipo que
pudiera igualar sus habilidades combinadas.
Había una pequeña
posibilidad de que estuviera equivocado, de que se tratase de una creación
independiente, pero si estaba en lo cierto, estos implantes podrían tener
incorporado un control remoto de auto-destrucción, como habían tenido los
implantes originales de la Alianza.
Sus secuestradores podrían matarlos a distancia. Si era así, la única razón por
la que seguía vivo era probablemente porque querían interrogarlo sobre
información clasificada.
Sin embargo, en el
caso de Zaira…
Se sentó, mirándola
fijamente. Ella había sido capturada porque quien había estado observándolo creía
que era un punto débil en su armadura. Ese hecho la había mantenido con vida
hasta ahora, pero eso no duraría. Sus captores podrían pensar que Zaira ya
estaba muerta, pero si no encontraban su cuerpo presionarían el botón de
detonación con el fin de asegurarse. Ella moriría en cuestión de segundos a
menos que estuviera fuera de su alcance. Lo mismo se aplicaba para él. Lo
querían vivo, pero solo hasta cierto punto.
Nadie era tan
estúpido como para herir a una Flecha, y luego liberarlo para que regresara buscando
venganza.
–Zaira.
Se despertó en
silencio y con la rapidez de una Flecha.
–¿Si?
–Necesitamos
movernos. –Le explicó por qué cuando ella se sentó, un pequeño jadeo en su respiración
fue la única indicación del dolor.
Una hora más tarde,
cuando ella tropezó mientras cruzaban una zona expuesta sin árboles cubierta
sólo por algún tipo de arbusto de treinta centímetros de altura o hierbas con
pequeñas flores blancas, se dio cuenta de que algo andaba muy mal.
–¿Tu herida?
Se detuvo en medio
de la hierba.
–Dolor
significativo, algo de mareo –Ella le sostuvo la mirada, su pecho agitado por
las superficiales respiraciones, los suaves labios estaban marcados por líneas
blancas–. No voy a durar mucho más.
Sabía lo que le
estaba diciendo, que hiciera lo que las Flechas estaban entrenadas para hacer y
tomara la decisión racional, lógica: dejarla atrás.
–Ya no somos eso –le
espetó, sujetando su barbilla–. No somos solo asesinos entrenados para morir y
matar. No abandonamos al débil o al herido. Y nunca, nunca abandonamos a uno de los nuestros. –Eso, decidió en ese
instante, sería el nuevo lema del escuadrón, será lo que se les enseñaría a
todas las Flechas en capacitación. Ningún
Flecha es desechable. Ningún Flecha es abandonado.
Los ojos de Zaira sostuvieron
los suyos durante un buen rato, sus gruesas pestañas dibujando sombras en la
rica negrura de sus ojos.
–Has cambiado –dijo–.
Nunca estuviste en el Silencio, pero ahora eres... diferente.
Aden no mostró su
desacuerdo porque ella tenía razón. Tocar el vínculo de Vasic con Ivy lo había cambiado
a un nivel fundamental. Su compañero Flecha y amigo más cercano guardaba ese
vínculo con una actitud fieramente protectora, pero le había permitido
adentrarse en sus escudos, le había permitido ver el poder brillante de las hebras
translúcidas e irrompibles que lo ataban a su empática. No solo eso, sino que le
había permitido tocar un de los lazos, sentir
el poder de las emociones que entrelazaban a Ivy y a Vasic en un intrincado
tapiz íntimo.
No supo si fue porque
le habían permitido estar tan cerca, o porque Vasic era su hermano de sangre e
Ivy una empática, pero cuando tocó su vínculo, había sentido una punzada de
emoción tan dolorosa como hermosa. El filo de un cuchillo que se deslizó a
través de sus músculos, sus huesos y su corazón hasta hacerlo sangrar.
–Vasic me permitió acceder
a sus escudos –le dijo a Zaira–. Después de su unión.
Ella se quedó
inmóvil.
–¿Cómo fue? –preguntó
en un susurro.
–No tengo las
palabras –Una parte dormida de él había despertado con el contacto y esa parte ansió
la sensación de pertenencia que había sentido en Vasic. Como si el mundo pudiera
acabarse, pero Vasic supiese que Ivy siempre estaría allí, sin reservas. Aden
quería lo mismo. Todavía no, no cuando tantos de sus Flechas le necesitaban
para que continuara siendo su líder, solo y fuerte, pero un día en el futuro,
quería tener esa íntima conexión absoluta con otro ser–. Incluso antes de esa
experiencia, no te habría abandonado. Lo sabes.
–Tienes que adelantarte –dijo Zaira,
presionando su mano sobre su boca cuando él intento hablar de nuevo–.
Escúchame. Si te adelantas, hay una posibilidad de que puedas encontrar ayuda y
traerla de vuelta. No vamos a avanzar ni la mitad del camino si yo continúo
retrasándote.
Esperó hasta que
ella quitó la mano, le rodeó la cintura con un brazo y comenzó a caminar. Ella
avanzó en lugar de detenerlo.
–Aden.
–¿Crees que podría
continuar como lo he estado haciendo sabiendo que te deje morir sola en la fría
oscuridad? –preguntó.
El brazo de Zaira rodeó
su cintura; la muestra de su rendición hizo que sus propios músculos se
tensaran. Porque eso significaba que ella estaba mucho peor de lo que había
dejado entrever. Zaira no se aferraba a nadie, nunca aceptaba ayuda, excepto en
circunstancias extremas.
Al ver un pequeño
movimiento un minuto y medio después, se quedó inmóvil, con los ojos siguiendo
la forma torpe hasta que esta se convirtió en la figura de un oso negro. La
criatura no estaba interesada en ellos, desapareció por la izquierda mientras
Aden y Zaira siguieron hacia adelante.
–Tenemos que
sacarnos los implantes –declaro él, dándose cuenta de que ella tenía razón en un
sentido, eran demasiado lentos para escapar de un helicóptero y si sus captores
tenían alguna inteligencia finalmente harían un barrido a baja altura sobre la
totalidad del área de búsqueda posible mientras transmitían la orden que
causaría que sus cerebros implosionaran–. Es posible que me equivoque y podría
no haber un control remoto de seguridad, pero no podemos correr ese riesgo.
–De acuerdo –La
respuesta de Zaira fue inmediata, su voz ronca–. Si los quitamos, podríamos
recuperar nuestras capacidades, ser capaces de ponernos en contacto con el
escuadrón.
Explorando el implacable
paisaje a su alrededor, encontró una espesa arboleda que proporcionaría refugio
y un escudo contra el viento. Cuando Zaira tropezó, la cogió en brazos y la
llevó allí. El dolor se abatió sobre su pierna izquierda en el lugar donde
había sido herido en la pelea fuera del bunker, pero no era nada que no pudiera
manejar.
Colocando a Zaira en
el suelo, con la espalda contra lo que parecía ser un castaño joven, buscó el
kit médico y comenzó a revisar los suministros.
–Quedan dos láseres
desechables –Uno para cada uno de ellos–. El grado de energía significa que
deberían ser lo suficientemente fuertes como para cortar a través del cráneo ya
que la zona está debilitada, pero puede que no sea suficiente para sellar
completamente la herida.
Zaira tomó un láser.
–Yo debería hacerlo
primero. Guíame antes que pierda la conciencia.
Era una petición
inteligente, pero imposible.
–Tengo que encontrar
la manera de sacarlo sin paralizarnos o matarnos. –Si los implantes se habían
integrado en el cerebro y/o filamentos se habían entretejido en su espina
dorsal. Ambas eran posibilidades muy reales.
–¿Cuáles son las
posibilidades de que hayan sido colocados en una parte del cerebro que no puedas
alcanzar?
–No lo sabré hasta
que no quite el hueso. Nuestra única ventaja es que la cirugía claramente fue
hecha recientemente y con prisa, hay una alta probabilidad de que los implantes
no estén plenamente integrados. –Menos conexiones significaban menos posibilidades
de un error fatal.
Zaira le devolvió el
láser.
–Estoy mareada. Si me
operas primero, existe la posibilidad que no permanezca consciente el tiempo
suficiente para retirar tu implante.
–Tengo un lapso de
vida más largo, ellos me quieren romper. La ejecución es su último recurso
–Levantó la vista hacia el cielo cuando sintió una gota de lluvia en el dorso
de su mano–. Ahora, antes de que comience a llover. Ponte sobre el costado
izquierdo.
Cuando lo hizo, él
sacó del bolsillo una linterna que le había cogido a un guardia. El haz era
demasiado fino para ser útil en cualquier otro sitio que no fuesen lugares
cerrados, pero era lo suficientemente brillante dentro de ese rango. Sosteniéndola
entre los dientes, recogió el cabello de Zaira que le llegaba casi hasta los
hombros y utilizó una banda de goma del kit medico para atarlo por encima de su
cuello, dejando al descubierto su nuca y la zona inmediatamente superior. Luego
colocó un vendaje entre el cuello y la espalda para absorber la sangre. Una vez
hecho eso, se colocó un par de guantes quirúrgicos desechables.
–Esto va a doler.
Ella extendió la
mano para agarrar una de las raíces de los árboles que se había curvado debajo
de la tierra antes de asomar de nuevo.
–Hazlo.
El fino haz de luz
brilló sobre la carne enrojecida e irregularmente sellada en un áspero cuadrado
donde su cuero cabelludo había sido afeitado, frunció el ceño.
–Maldita sea, está
infectada. –El cuerpo de Zaira estaba rechazando lo que fuera que los captores
hubiesen metido allí. Agarrando el desinfectante, limpió la zona y supo que
tendría que volver a hacerle daño más adelante para lavarle la herida.
Sus músculos
amenazaron con tensarse, pero no permitió que ocurriera. No en ese instante en que
necesitaba manos firmes y concentración de acero. Recordando las lecciones
sobre el cerebro que había tomado como parte de su formación, y todo lo que
había aprendido como resultado de su intento de encontrar una solución para el
guantelete de Vasic, puso una mano en la nuca de Zaira para mantenerla en esa posición,
y con mucho cuidado hizo cuatro incisiones siguiendo las líneas de la cicatriz
para atravesar la piel, los músculos y los huesos.
Ella sangró y era de
un limpio color rojo, no había señales de infección profunda. Bien.
Secando la sangre
con un hisopo que había humedecido con desinfectante, dejó el láser y
desinfectó un bisturí desechable, entonces utilizó la punta para verificar con
cuidado si podría levantar la pequeña pieza de hueso. No. Tendría que profundizar
más. Apretando el hombro de Zaira para advertirla, utilizó el láser de nuevo. Hicieron
falta tres cuidadosas series de cortes para conseguir que el hueso cediera. La
respiración de Zaira era más que superficial, pero se aferraba a la conciencia.
–Hay una sutura irregular
en la membrana que protege el cerebro –le dijo–. Estoy usando el nivel más bajo
del láser para traspasarla. –El alivio lo invadió en el instante en que abrió
la sutura–. Puedo verlo. Es como si, literalmente, solo lo hubieran metido
dentro.
–En la parte equivocada
del cerebro –alcanzó a decir Zaira mientras él sustituía el vendaje empapado de
sangre que había puesto debajo de su cráneo.
–Sí. Pero de alguna
manera debe ser capaz de enviar señales a las secciones correctas. –No había
habido tiempo suficiente para que los filamentos tejieran su camino a través de
la materia neural.
Usó la linterna para
examinar el implante.
–Tiene seis brazos
muy delgados que están entrelazados alrededor de una parte del cerebelo –Como
una araña agarrando a su presa–. Creo que los brazos son para mantenerlo en su
lugar hasta que se hagan las conexiones biológicas finales.
Observó un parpadeó
de luz azul-blanca en el implante, por lo que o bien obtenía la energía del
cuerpo de Zaira o de una pequeña batería dentro del propio implante.
–Parece que podría
funcionar a través de impulsos eléctricos.
Zaira respiró hondo
y exhaló lentamente.
–¿Eso es bueno?
–Sí. Eso reduce el
riesgo de peligrosas conexiones neuronales. –Trató de mirar con mucho cuidado
bajo el implante para confirmarlo, pero no tenía las herramientas adecuadas.
–Si me equivoco, te
voy a matar. –Una muerte más en su conciencia. Y esta vez, sería la de esta
mujer que llevaba conociendo casi tanto tiempo como conocía a Vasic. Torturada
y llena de moretones, delgada y cautelosa, ella lo había fulminado con la
mirada durante su primer encuentro, luego le mintió en la cara, y él había
sabido que tenía que asegurarse de que ella sobreviviese.
El escuadrón
necesitaba su fuego, su espíritu implacable.
No estaba seguro de haber
tenido éxito, Zaira vivió, pero ese fuego del alma había entrado en una profunda
hibernación. La chica salvaje, desobediente y peligrosa que conoció se había
convertido en la Flecha perfecta... que seguía rebatiendo sus decisiones el
cincuenta por ciento de las veces y que una vez le había disparado con el fin
de demostrar que tenía razón sobre una evaluación de amenazas.
¿Qué estabas diciendo sobre que era un ángulo imposible?
Había sido un tiro calculado y lo había
golpeado de refilón en la parte superior del brazo derecho, sólo le había
quitado una capa de piel, pero el recuerdo le daba esperanza de que el fuego no
estuviese escondido tan profundamente que no quedase esperanza de su regreso.
Porque no era solo
el escuadrón el que lo necesitaba. Aden lo necesitaba más que todos.
Había estado intentando
provocarla desde la caída del Silencio en un esfuerzo por volver a despertar
esa parte de su naturaleza. Ahora podría ser él quien terminara con todo, quien
sofocara la llama para siempre.
–El riesgo de muerte
es significativo.
–Me estoy muriendo
de todos modos –dijo mientras la lluvia golpeaba su espalda, el follaje sobre
ellos no era lo suficientemente grueso para protegerlos por completo, a pesar
que había posicionado su cuerpo para proporcionarle a Zaira tanta protección
como era posible–. Prefiero irme con honestidad, tratando de luchar contra esta
cosa, a que mi cerebro exploté porque no hice nada –Un tembloroso suspiro–. Tú
harías la misma elección.
Seguía siendo la
cosa más difícil que había tenido que hacer.
Sosteniendo de nuevo
la linterna entre sus dientes, utilizó el láser en el nivel más bajo posible
para quemar las "patas" del implante. Cuando la pequeña pieza
metálica no cayó después de acabar con todas las patas, utilizó la punta del
bisturí para levantarla. Se atascó obstinadamente por un segundo y contuvo el
aliento por que podría ser una señal de nuevas conexiones bajo este, pero entonces
cayó en su mano.
Y Zaira sangró de nuevo.
–Desinfectante –dijo
después de lanzar el implante en el botiquín. Fue la única advertencia que le
pudo dar antes de lavar la sangre con el líquido ardiente. Técnicamente el
cerebro no podía sentir dolor, pero la piel y el músculo en el lugar de la
incisión lo harían. Él nunca habría hecho eso si hubiera estado en una enfermería,
pero aquí, el riesgo de una infección fatal por la herida abierta era demasiado
alto.
Tenía que correr el
riesgo esperando que el desinfectante no hiciera más daño.
La columna vertebral
de Zaira se puso rígida antes que su cuerpo se desplomara. Atrapándola, la
apoyó en el castaño que había a su lado y reparó la membrana, pegando con el
láser el trozo de hueso en su cráneo, deseando malditamente no haber provocado
un daño permanente. La herida finalmente se cerró, aunque era un poco irregular
y le puso un pequeño vendaje sobre ella. Después se deshizo de la venda
empapada en sangre bajo su cuello dejándola junto con sus guantes, y cualquier
otro desecho en una pequeña bolsa de residuos que guardó en un bolsillo libre
de la mochila.
No quería dejar tal
suministro de sangre por si sus perseguidores traían perros de rastreo que
pudieran olerlo. Al menos Zaira y él tenían la lluvia de su parte, esta
borraría cualquier rastro, limpiaría los olores. El fuerte viento también
podría detener al helicóptero, alterando cualquier tecnología de detección de
calor; incluso si el helicóptero permanecía en el aire, la presencia de osos en
la zona daría falsos resultados que sus perseguidores tendrían que investigar.
No tenía que mover
de inmediato a Zaira.
Con la decisión
tomada, deslizó el implante dentro de la pequeña bolsa plástica en la que había
guardado las pastillas para el dolor antes de vaciar las píldoras en el
botiquín. Puso la bolsa en la parte inferior del botiquín para protegerlo de
los elementos, enterrándola en el fondo al lado del láser quemado y dejando
todos los suministros restantes en la parte superior antes de cerrar el kit.
Una vez hecho esto, utilizó las hojas caídas para cubrir el suelo de otro
pequeño escondite bajo la parte más frondosa de la cubierta y llevó allí el
cuerpo inconsciente de Zaira y lo tumbó sobre el mismo, utilizando las ramas
bajas, que rompió, de los árboles cercanos construyó una tienda de campaña a su
alrededor. Los haría invisibles desde el aire y les proporcionaría protección
contra los elementos.
Para cuando terminó,
la lluvia era ya gruesas gotas que caían con una fuerte inclinación debido al
viento, pero el follaje estaba evitando la mayor parte. Comprobó el escondite,
reuniendo tres ramas más llenas de hojas para cubrir los lugares donde el agua
podría entrar, luego se deslizó dentro. Se quedaría despierto, manteniendo la
vigilancia, pero necesitaba estar cerca de Zaira.
Su respiración era
demasiado débil, el pulso lento.
No.
Girándola
cuidadosamente sobre la espalda, abrió las cremalleras de sus chaquetas, le subió
el jersey, y encontró su uniforme de Flecha de nuevo embardunado de sangre.
Cuando lo abrió y examinó la herida de bala, vio que sangraba incesantemente.
Agarrando el último láser desechable, cogió la linterna de nuevo y selló las múltiples
venas rotas. Para cuando el láser parpadeó, ella ya no estaba derramando sangre
fresca.
Tuvo que luchar
consigo mismo para no tratar de usar su habilidad M y llegar a las heridas
internas que no podía ver. Dada la crueldad de la retroalimentación del dolor ante
cualquier intento de utilizar sus habilidades psíquicas, ella podría despertar y
encontrarlo fundido, inconsciente. Y por mucho que a Zaira le gustara decirle
que la dejara atrás, sabía muy bien que ella nunca lo abandonaría. Lo veía como
fundamental para la supervivencia del escuadrón. Nunca había sido capaz de
hacerle entender que ella era importante. Así que si él caía, se quedaría
protegiéndolo. Moriría.
Tenía que sopesar ese
hecho y todos los demás para no poner a prueba el candado en su capacidad.
Eso no significaba
que fuera una decisión fácil.
Vendando la herida, buscó
otra de las pequeñas bebidas ricas en nutrientes en el botiquín y, levantándole
la cabeza, la obligó a bebérsela, deslizándosela gota a gota por su garganta.
Después, le colocó la cabeza sobre su muslo y mantuvo un dedo en el pulso de su
cuello, bajo la capucha que le había subido sobre su cabeza para que no
perdiera calor a través de su cráneo. El hecho que la parte superior de su
cabeza estuviese acomodada contra su abdomen también debía ayudar a mantener su
temperatura corporal.
–Quédate conmigo –dijo
cuándo su pulso no latió más fuerte.
Zaira había
sobrevivido a una infancia tan infernal que debería estar loca o rota o ser un
monstruo. En cambio, era una de las Flechas más fuertes que conocía; había
protegido a los más heridos y rotos por más de cinco años. Durante esos largos
años había permanecido muerta para el mundo, quedándose en una pequeña red que
él sabía debía sentirse como una prisión para una mujer que había crecido en
una habitación cerrada y estéril.
Y aún así había ido allí
porque él se lo había pedido.
No permitiría que muriera
ahora, cuando, por primera vez, tenía la oportunidad de una vida real. Este
paisaje desolado no reclamaría su fuego. No tenía derecho a hacerlo.
–Te quedarás –le ordenó, sus labios contra
su oído–. Me lo prometiste. –Esa promesa había sido hecha hace casi veinte y un
años, pero él nunca la había olvidado, nunca podría olvidarla.
Incluso después de
meses de buena alimentación y de hacer ejercicio al aire libre todos los días,
ella aún estaba muy delgada y pequeña y con tanta ira en su interior. Con apenas
un metro y veinte centímetros en ese entonces era por lo menos treinta
centímetros menos que él, y sin embargo, le había dicho:
–Ya no intentaré huir más. No intentaré irme.
He decidido quedarme y protegerte.
–¿Por qué?
Sus ojos del color de la medianoche llamearon
en la bronceada cara de huesos afilados.
–Porque tú no tienes un monstruo dentro de
ti.
–Mantén tu promesa –le
dijo él ahora–. No te vayas. Quédate conmigo. Quédate.
La única respuesta
fue un pulso tan débil que apenas podía sentirlo.
Oh!!!! La cosa se pone interesante :) Gracias!!!!
ResponderEliminarMil gracias!! Cada vez me gusta más Zaira...
ResponderEliminarFina. Hola mil gracias Maria, Tanis, Celis por su dedicación, mil besos, esta muy bueno el capitulo, besos.
ResponderEliminarhola que pasen un buen dia, besos
Gracias!!!
ResponderEliminarGracias.....me está gustando mucho esta historia!!
ResponderEliminarMuchas gracias chicas. Excelente el capítulo.
ResponderEliminarBesos
Fina. hola que todos pasen una maravillosa semana, besos
ResponderEliminargracias por los adelantos,
ResponderEliminarun abrazo
Cada capitulo es maravilloso. Gracias...feliz semana
ResponderEliminarUna muy buena historia me encanta gracias a todas por su trabajo y esfuerzo
ResponderEliminarabrazos feliz inicio de semana
Ufff ya me he puesto al día. gracias por la traducción son fantásticas
ResponderEliminarGracias chicas, me encanta cada capitulo que traducen
ResponderEliminarsaludos
Como todos los libros anteriores, me encanta. Espero que Vasic ya sea capaz de localizarlos, o por lo menos a Zaira. Excelente traduccion. Muchas gracias por el esfuerzo
ResponderEliminarExcelente trabajo. Gracias por compartirlo. Besos
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