sábado, 13 de junio de 2015

Fragmentos de esperanza: Capítulo 5

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Capítulo 5

ADEN SINTIÓ COMO ZAIRA caía en un sueño profundo, su respiración era constante. Cuando  comprobó su piel, después de lo que debió haber sido una hora, ya no estaba tan húmeda y pegajosa. A pesar de que estaban en un clima frío, donde el viento se volvía cada vez más cortante, estaban bien abrigados y tenían suficiente comida para otro día. Después de eso, estarían en problemas, y ella ya estaba peligrosamente débil como resultado de la pérdida de sangre.

Asegurándose que la capucha de su chaqueta le cubriera la cabeza, enroscó su cuerpo alrededor del de ella en un esfuerzo para mantenerla caliente, su mente aún alerta. Sin embargo, esa mente estaba atada con cadenas que tuvo que forzarse para no revisar. Iba en contra de sus instintos, pero no podía permitirse el lujo de causarse cualquier daño que pudiera debilitarlo, su conocimiento como médico le decía que el implante que tenían en sus cabezas era inestable.

Una tecnología tan avanzada podría crearse en la clandestinidad, pero las Flechas trabajaban en las sombras, trabajaban en la clandestinidad. Ellos habrían escuchado algún rumor si este hubiera sido un proyecto a largo plazo. No, lo que sospechaba era que el implante era una horrible combinación del implante de la Alianza Humana, destinado a proteger contra la intrusión psíquica, y el implante "mente-colmena", desarrollado por Ashaya Aleine mientras había estado bajo el control del Concejo.

Su investigación había sido destruida, una gran parte de ella por la misma Aleine. Pero era posible que alguien hubiera sacado furtivamente un prototipo o que hubiese logrado hacerse con una parte de su investigación, antes de que ella hubiera podido destruirla, para revertir la ingeniería de su creación y manipularla a fin de unirla con el implante de la Alianza y lograr el efecto de bloquearlos psíquicamente.

Si su hipótesis era correcta, el implante en su cabeza y en la de Zaira no podía estar tan bien construido como cualquiera de los originales. Aden tenía motivos para saber que Ashaya Aleine también había ayudado a la Alianza a desarrollar su implante. Ella era un genio a un nivel que raramente se encuentra, y trabajaba en conjunto con su hermana gemela, a veces psicótica, pero siempre brillante. Sería difícil para cualquier laboratorio del mundo encontrar un equipo que pudiera igualar sus habilidades combinadas.

Había una pequeña posibilidad de que estuviera equivocado, de que se tratase de una creación independiente, pero si estaba en lo cierto, estos implantes podrían tener incorporado un control remoto de auto-destrucción, como habían tenido los implantes originales de la Alianza. Sus secuestradores podrían matarlos a distancia. Si era así, la única razón por la que seguía vivo era probablemente porque querían interrogarlo sobre información clasificada.

Sin embargo, en el caso de Zaira…

Se sentó, mirándola fijamente. Ella había sido capturada porque quien había estado observándolo creía que era un punto débil en su armadura. Ese hecho la había mantenido con vida hasta ahora, pero eso no duraría. Sus captores podrían pensar que Zaira ya estaba muerta, pero si no encontraban su cuerpo presionarían el botón de detonación con el fin de asegurarse. Ella moriría en cuestión de segundos a menos que estuviera fuera de su alcance. Lo mismo se aplicaba para él. Lo querían vivo, pero solo hasta cierto punto. 

Nadie era tan estúpido como para herir a una Flecha, y luego liberarlo para que regresara buscando venganza.  

–Zaira.

Se despertó en silencio y con la rapidez de una Flecha. 

–¿Si?

–Necesitamos movernos. –Le explicó por qué cuando ella se sentó, un pequeño jadeo en su respiración fue la única indicación del dolor.

Una hora más tarde, cuando ella tropezó mientras cruzaban una zona expuesta sin árboles cubierta sólo por algún tipo de arbusto de treinta centímetros de altura o hierbas con pequeñas flores blancas, se dio cuenta de que algo andaba muy mal. 

–¿Tu herida?

Se detuvo en medio de la hierba. 

–Dolor significativo, algo de mareo –Ella le sostuvo la mirada, su pecho agitado por las superficiales respiraciones, los suaves labios estaban marcados por líneas blancas–. No voy a durar mucho más.

Sabía lo que le estaba diciendo, que hiciera lo que las Flechas estaban entrenadas para hacer y tomara la decisión racional, lógica: dejarla atrás. 

–Ya no somos eso –le espetó, sujetando su barbilla–. No somos solo asesinos entrenados para morir y matar. No abandonamos al débil o al herido. Y nunca, nunca abandonamos a uno de los nuestros. –Eso, decidió en ese instante, sería el nuevo lema del escuadrón, será lo que se les enseñaría a todas las Flechas en capacitación. Ningún Flecha es desechable. Ningún Flecha es abandonado.

Los ojos de Zaira sostuvieron los suyos durante un buen rato, sus gruesas pestañas dibujando sombras en la rica negrura de sus ojos.

–Has cambiado –dijo–. Nunca estuviste en el Silencio, pero ahora eres... diferente.

Aden no mostró su desacuerdo porque ella tenía razón. Tocar el vínculo de Vasic con Ivy lo había cambiado a un nivel fundamental. Su compañero Flecha y amigo más cercano guardaba ese vínculo con una actitud fieramente protectora, pero le había permitido adentrarse en sus escudos, le había permitido ver el poder brillante de las hebras translúcidas e irrompibles que lo ataban a su empática. No solo eso, sino que le había permitido tocar un de los lazos, sentir el poder de las emociones que entrelazaban a Ivy y a Vasic en un intrincado tapiz íntimo.

No supo si fue porque le habían permitido estar tan cerca, o porque Vasic era su hermano de sangre e Ivy una empática, pero cuando tocó su vínculo, había sentido una punzada de emoción tan dolorosa como hermosa. El filo de un cuchillo que se deslizó a través de sus músculos, sus huesos y su corazón hasta hacerlo sangrar. 

–Vasic me permitió acceder a sus escudos –le dijo a Zaira–. Después de su unión.

Ella se quedó inmóvil. 

–¿Cómo fue? –preguntó en un susurro.

–No tengo las palabras –Una parte dormida de él había despertado con el contacto y esa parte ansió la sensación de pertenencia que había sentido en Vasic. Como si el mundo pudiera acabarse, pero Vasic supiese que Ivy siempre estaría allí, sin reservas. Aden quería lo mismo. Todavía no, no cuando tantos de sus Flechas le necesitaban para que continuara siendo su líder, solo y fuerte, pero un día en el futuro, quería tener esa íntima conexión absoluta con otro ser–. Incluso antes de esa experiencia, no te habría abandonado. Lo sabes.

–Tienes que adelantarte –dijo Zaira, presionando su mano sobre su boca cuando él intento hablar de nuevo–. Escúchame. Si te adelantas, hay una posibilidad de que puedas encontrar ayuda y traerla de vuelta. No vamos a avanzar ni la mitad del camino si yo continúo retrasándote.

Esperó hasta que ella quitó la mano, le rodeó la cintura con un brazo y comenzó a caminar. Ella avanzó en lugar de detenerlo. 

–Aden.

–¿Crees que podría continuar como lo he estado haciendo sabiendo que te deje morir sola en la fría oscuridad? –preguntó.

El brazo de Zaira rodeó su cintura; la muestra de su rendición hizo que sus propios músculos se tensaran. Porque eso significaba que ella estaba mucho peor de lo que había dejado entrever. Zaira no se aferraba a nadie, nunca aceptaba ayuda, excepto en circunstancias extremas.

Al ver un pequeño movimiento un minuto y medio después, se quedó inmóvil, con los ojos siguiendo la forma torpe hasta que esta se convirtió en la figura de un oso negro. La criatura no estaba interesada en ellos, desapareció por la izquierda mientras Aden y Zaira siguieron hacia adelante.

–Tenemos que sacarnos los implantes –declaro él, dándose cuenta de que ella tenía razón en un sentido, eran demasiado lentos para escapar de un helicóptero y si sus captores tenían alguna inteligencia finalmente harían un barrido a baja altura sobre la totalidad del área de búsqueda posible mientras transmitían la orden que causaría que sus cerebros implosionaran–. Es posible que me equivoque y podría no haber un control remoto de seguridad, pero no podemos correr ese riesgo.

–De acuerdo –La respuesta de Zaira fue inmediata, su voz ronca–. Si los quitamos, podríamos recuperar nuestras capacidades, ser capaces de ponernos en contacto con el escuadrón.

Explorando el implacable paisaje a su alrededor, encontró una espesa arboleda que proporcionaría refugio y un escudo contra el viento. Cuando Zaira tropezó, la cogió en brazos y la llevó allí. El dolor se abatió sobre su pierna izquierda en el lugar donde había sido herido en la pelea fuera del bunker, pero no era nada que no pudiera manejar.

Colocando a Zaira en el suelo, con la espalda contra lo que parecía ser un castaño joven, buscó el kit médico y comenzó a revisar los suministros. 

–Quedan dos láseres desechables –Uno para cada uno de ellos–. El grado de energía significa que deberían ser lo suficientemente fuertes como para cortar a través del cráneo ya que la zona está debilitada, pero puede que no sea suficiente para sellar completamente la herida.

Zaira tomó un láser. 

–Yo debería hacerlo primero. Guíame antes que pierda la conciencia.

Era una petición inteligente, pero imposible. 

–Tengo que encontrar la manera de sacarlo sin paralizarnos o matarnos. –Si los implantes se habían integrado en el cerebro y/o filamentos se habían entretejido en su espina dorsal. Ambas eran posibilidades muy reales.

–¿Cuáles son las posibilidades de que hayan sido colocados en una parte del cerebro que no puedas alcanzar?

–No lo sabré hasta que no quite el hueso. Nuestra única ventaja es que la cirugía claramente fue hecha recientemente y con prisa, hay una alta probabilidad de que los implantes no estén plenamente integrados. –Menos conexiones significaban menos posibilidades de un error fatal.

Zaira le devolvió el láser. 

–Estoy mareada. Si me operas primero, existe la posibilidad que no permanezca consciente el tiempo suficiente para retirar tu implante.

–Tengo un lapso de vida más largo, ellos me quieren romper. La ejecución es su último recurso –Levantó la vista hacia el cielo cuando sintió una gota de lluvia en el dorso de su mano–. Ahora, antes de que comience a llover. Ponte sobre el costado izquierdo.

Cuando lo hizo, él sacó del bolsillo una linterna que le había cogido a un guardia. El haz era demasiado fino para ser útil en cualquier otro sitio que no fuesen lugares cerrados, pero era lo suficientemente brillante dentro de ese rango. Sosteniéndola entre los dientes, recogió el cabello de Zaira que le llegaba casi hasta los hombros y utilizó una banda de goma del kit medico para atarlo por encima de su cuello, dejando al descubierto su nuca y la zona inmediatamente superior. Luego colocó un vendaje entre el cuello y la espalda para absorber la sangre. Una vez hecho eso, se colocó un par de guantes quirúrgicos desechables. 

–Esto va a doler.

Ella extendió la mano para agarrar una de las raíces de los árboles que se había curvado debajo de la tierra antes de asomar de nuevo. 

–Hazlo.

El fino haz de luz brilló sobre la carne enrojecida e irregularmente sellada en un áspero cuadrado donde su cuero cabelludo había sido afeitado, frunció el ceño. 

–Maldita sea, está infectada. –El cuerpo de Zaira estaba rechazando lo que fuera que los captores hubiesen metido allí. Agarrando el desinfectante, limpió la zona y supo que tendría que volver a hacerle daño más adelante para lavarle la herida. 

Sus músculos amenazaron con tensarse, pero no permitió que ocurriera. No en ese instante en que necesitaba manos firmes y concentración de acero. Recordando las lecciones sobre el cerebro que había tomado como parte de su formación, y todo lo que había aprendido como resultado de su intento de encontrar una solución para el guantelete de Vasic, puso una mano en la nuca de Zaira para mantenerla en esa posición, y con mucho cuidado hizo cuatro incisiones siguiendo las líneas de la cicatriz para atravesar la piel, los músculos y los huesos.

Ella sangró y era de un limpio color rojo, no había señales de infección profunda. Bien.
Secando la sangre con un hisopo que había humedecido con desinfectante, dejó el láser y desinfectó un bisturí desechable, entonces utilizó la punta para verificar con cuidado si podría levantar la pequeña pieza de hueso. No. Tendría que profundizar más. Apretando el hombro de Zaira para advertirla, utilizó el láser de nuevo. Hicieron falta tres cuidadosas series de cortes para conseguir que el hueso cediera. La respiración de Zaira era más que superficial, pero se aferraba a la conciencia.

–Hay una sutura irregular en la membrana que protege el cerebro –le dijo–. Estoy usando el nivel más bajo del láser para traspasarla. –El alivio lo invadió en el instante en que abrió la sutura–. Puedo verlo. Es como si, literalmente, solo lo hubieran metido dentro.

–En la parte equivocada del cerebro –alcanzó a decir Zaira mientras él sustituía el vendaje empapado de sangre que había puesto debajo de su cráneo.

–Sí. Pero de alguna manera debe ser capaz de enviar señales a las secciones correctas. –No había habido tiempo suficiente para que los filamentos tejieran su camino a través de la materia neural.

Usó la linterna para examinar el implante.

–Tiene seis brazos muy delgados que están entrelazados alrededor de una parte del cerebelo –Como una araña agarrando a su presa–. Creo que los brazos son para mantenerlo en su lugar hasta que se hagan las conexiones biológicas finales.

Observó un parpadeó de luz azul-blanca en el implante, por lo que o bien obtenía la energía del cuerpo de Zaira o de una pequeña batería dentro del propio implante.

–Parece que podría funcionar a través de impulsos eléctricos.

Zaira respiró hondo y exhaló lentamente.

–¿Eso es bueno?

–Sí. Eso reduce el riesgo de peligrosas conexiones neuronales. –Trató de mirar con mucho cuidado bajo el implante para confirmarlo, pero no tenía las herramientas adecuadas.

–Si me equivoco, te voy a matar. –Una muerte más en su conciencia. Y esta vez, sería la de esta mujer que llevaba conociendo casi tanto tiempo como conocía a Vasic. Torturada y llena de moretones, delgada y cautelosa, ella lo había fulminado con la mirada durante su primer encuentro, luego le mintió en la cara, y él había sabido que tenía que asegurarse de que ella sobreviviese.

El escuadrón necesitaba su fuego, su espíritu implacable.

No estaba seguro de haber tenido éxito, Zaira vivió, pero ese fuego del alma había entrado en una profunda hibernación. La chica salvaje, desobediente y peligrosa que conoció se había convertido en la Flecha perfecta... que seguía rebatiendo sus decisiones el cincuenta por ciento de las veces y que una vez le había disparado con el fin de demostrar que tenía razón sobre una evaluación de amenazas.

¿Qué estabas diciendo sobre que era un ángulo imposible?
 Había sido un tiro calculado y lo había golpeado de refilón en la parte superior del brazo derecho, sólo le había quitado una capa de piel, pero el recuerdo le daba esperanza de que el fuego no estuviese escondido tan profundamente que no quedase esperanza de su regreso.
Porque no era solo el escuadrón el que lo necesitaba. Aden lo necesitaba más que todos.
Había estado intentando provocarla desde la caída del Silencio en un esfuerzo por volver a despertar esa parte de su naturaleza. Ahora podría ser él quien terminara con todo, quien sofocara la llama para siempre. 

–El riesgo de muerte es significativo.

–Me estoy muriendo de todos modos –dijo mientras la lluvia golpeaba su espalda, el follaje sobre ellos no era lo suficientemente grueso para protegerlos por completo, a pesar que había posicionado su cuerpo para proporcionarle a Zaira tanta protección como era posible–. Prefiero irme con honestidad, tratando de luchar contra esta cosa, a que mi cerebro exploté porque no hice nada –Un tembloroso suspiro–. Tú harías la misma elección.

Seguía siendo la cosa más difícil que había tenido que hacer.

Sosteniendo de nuevo la linterna entre sus dientes, utilizó el láser en el nivel más bajo posible para quemar las "patas" del implante. Cuando la pequeña pieza metálica no cayó después de acabar con todas las patas, utilizó la punta del bisturí para levantarla. Se atascó obstinadamente por un segundo y contuvo el aliento por que podría ser una señal de nuevas conexiones bajo este, pero entonces cayó en su mano.

Y Zaira sangró de nuevo.

–Desinfectante –dijo después de lanzar el implante en el botiquín. Fue la única advertencia que le pudo dar antes de lavar la sangre con el líquido ardiente. Técnicamente el cerebro no podía sentir dolor, pero la piel y el músculo en el lugar de la incisión lo harían. Él nunca habría hecho eso si hubiera estado en una enfermería, pero aquí, el riesgo de una infección fatal por la herida abierta era demasiado alto.

Tenía que correr el riesgo esperando que el desinfectante no hiciera más daño.

La columna vertebral de Zaira se puso rígida antes que su cuerpo se desplomara. Atrapándola, la apoyó en el castaño que había a su lado y reparó la membrana, pegando con el láser el trozo de hueso en su cráneo, deseando malditamente no haber provocado un daño permanente. La herida finalmente se cerró, aunque era un poco irregular y le puso un pequeño vendaje sobre ella. Después se deshizo de la venda empapada en sangre bajo su cuello dejándola junto con sus guantes, y cualquier otro desecho en una pequeña bolsa de residuos que guardó en un bolsillo libre de la mochila.

No quería dejar tal suministro de sangre por si sus perseguidores traían perros de rastreo que pudieran olerlo. Al menos Zaira y él tenían la lluvia de su parte, esta borraría cualquier rastro, limpiaría los olores. El fuerte viento también podría detener al helicóptero, alterando cualquier tecnología de detección de calor; incluso si el helicóptero permanecía en el aire, la presencia de osos en la zona daría falsos resultados que sus perseguidores tendrían que investigar.

No tenía que mover de inmediato a Zaira.

Con la decisión tomada, deslizó el implante dentro de la pequeña bolsa plástica en la que había guardado las pastillas para el dolor antes de vaciar las píldoras en el botiquín. Puso la bolsa en la parte inferior del botiquín para protegerlo de los elementos, enterrándola en el fondo al lado del láser quemado y dejando todos los suministros restantes en la parte superior antes de cerrar el kit. Una vez hecho esto, utilizó las hojas caídas para cubrir el suelo de otro pequeño escondite bajo la parte más frondosa de la cubierta y llevó allí el cuerpo inconsciente de Zaira y lo tumbó sobre el mismo, utilizando las ramas bajas, que rompió, de los árboles cercanos construyó una tienda de campaña a su alrededor. Los haría invisibles desde el aire y les proporcionaría protección contra los elementos.

Para cuando terminó, la lluvia era ya gruesas gotas que caían con una fuerte inclinación debido al viento, pero el follaje estaba evitando la mayor parte. Comprobó el escondite, reuniendo tres ramas más llenas de hojas para cubrir los lugares donde el agua podría entrar, luego se deslizó dentro. Se quedaría despierto, manteniendo la vigilancia, pero necesitaba estar cerca de Zaira.

Su respiración era demasiado débil, el pulso lento.

No.

Girándola cuidadosamente sobre la espalda, abrió las cremalleras de sus chaquetas, le subió el jersey, y encontró su uniforme de Flecha de nuevo embardunado de sangre. Cuando lo abrió y examinó la herida de bala, vio que sangraba incesantemente. Agarrando el último láser desechable, cogió la linterna de nuevo y selló las múltiples venas rotas. Para cuando el láser parpadeó, ella ya no estaba derramando sangre fresca.

Tuvo que luchar consigo mismo para no tratar de usar su habilidad M y llegar a las heridas internas que no podía ver. Dada la crueldad de la retroalimentación del dolor ante cualquier intento de utilizar sus habilidades psíquicas, ella podría despertar y encontrarlo fundido, inconsciente. Y por mucho que a Zaira le gustara decirle que la dejara atrás, sabía muy bien que ella nunca lo abandonaría. Lo veía como fundamental para la supervivencia del escuadrón. Nunca había sido capaz de hacerle entender que ella era importante. Así que si él caía, se quedaría protegiéndolo. Moriría.

Tenía que sopesar ese hecho y todos los demás para no poner a prueba el candado en su capacidad.

Eso no significaba que fuera una decisión fácil.

Vendando la herida, buscó otra de las pequeñas bebidas ricas en nutrientes en el botiquín y, levantándole la cabeza, la obligó a bebérsela, deslizándosela gota a gota por su garganta. Después, le colocó la cabeza sobre su muslo y mantuvo un dedo en el pulso de su cuello, bajo la capucha que le había subido sobre su cabeza para que no perdiera calor a través de su cráneo. El hecho que la parte superior de su cabeza estuviese acomodada contra su abdomen también debía ayudar a mantener su temperatura corporal.

–Quédate conmigo –dijo cuándo su pulso no latió más fuerte.

Zaira había sobrevivido a una infancia tan infernal que debería estar loca o rota o ser un monstruo. En cambio, era una de las Flechas más fuertes que conocía; había protegido a los más heridos y rotos por más de cinco años. Durante esos largos años había permanecido muerta para el mundo, quedándose en una pequeña red que él sabía debía sentirse como una prisión para una mujer que había crecido en una habitación cerrada y estéril.

Y aún así había ido allí porque él se lo había pedido.

No permitiría que muriera ahora, cuando, por primera vez, tenía la oportunidad de una vida real. Este paisaje desolado no reclamaría su fuego. No tenía derecho a hacerlo.

–Te quedarás –le ordenó, sus labios contra su oído–. Me lo prometiste. –Esa promesa había sido hecha hace casi veinte y un años, pero él nunca la había olvidado, nunca podría olvidarla.

Incluso después de meses de buena alimentación y de hacer ejercicio al aire libre todos los días, ella aún estaba muy delgada y pequeña y con tanta ira en su interior. Con apenas un metro y veinte centímetros en ese entonces era por lo menos treinta centímetros menos que él, y sin embargo, le había dicho:

–Ya no intentaré huir más. No intentaré irme. He decidido quedarme y protegerte.

–¿Por qué?

Sus ojos del color de la medianoche llamearon en la bronceada cara de huesos afilados.

–Porque tú no tienes un monstruo dentro de ti.

–Mantén tu promesa –le dijo él ahora–. No te vayas. Quédate conmigo. Quédate.

La única respuesta fue un pulso tan débil que apenas podía sentirlo.

   

14 comentarios:

  1. Oh!!!! La cosa se pone interesante :) Gracias!!!!

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  2. Mil gracias!! Cada vez me gusta más Zaira...

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  3. Fina. Hola mil gracias Maria, Tanis, Celis por su dedicación, mil besos, esta muy bueno el capitulo, besos.
    hola que pasen un buen dia, besos

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  4. Gracias.....me está gustando mucho esta historia!!

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  5. Muchas gracias chicas. Excelente el capítulo.
    Besos

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  6. Fina. hola que todos pasen una maravillosa semana, besos

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  7. gracias por los adelantos,
    un abrazo

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  8. Cada capitulo es maravilloso. Gracias...feliz semana

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  9. Una muy buena historia me encanta gracias a todas por su trabajo y esfuerzo
    abrazos feliz inicio de semana

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  10. Ufff ya me he puesto al día. gracias por la traducción son fantásticas

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  11. Gracias chicas, me encanta cada capitulo que traducen

    saludos

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  12. Como todos los libros anteriores, me encanta. Espero que Vasic ya sea capaz de localizarlos, o por lo menos a Zaira. Excelente traduccion. Muchas gracias por el esfuerzo

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  13. Excelente trabajo. Gracias por compartirlo. Besos

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