martes, 30 de junio de 2015

Fragmentos de esperanza: Capítulo 12

20

Espero que os guste y gracias a todas por vuestros comentarios.

Capítulo 12

ZAIRA SOÑABA, Y ERA consciente de que lo estaba haciendo. Era la primera vez en una década que la disciplina había fallado hasta ese punto, pero ella estaba herida, débil, y el sueño se abrió camino en su interior antes de que pudiera cerrar la puerta. Solo que no era realmente un sueño, sino un recuerdo tan surrealista que podría haber sido un producto de su imaginación.
–Zaira.
Levantó la vista de la mesa a la que había sido atada. Los moretones y cortes estropeaban sus piernas y sus brazos, su clavícula aún estaba fracturada, pero sus costillas se sentían como si hubiesen sido curadas. No se preguntó por qué alguien curó una de las lesiones que había obtenido en la lucha por su supervivencia y dejó las demás intactas, a las personas les gustaba hacerle daño, era así de simple.
El dolor no importaba; el dolor era algo con lo que había aprendido a lidiar mucho tiempo atrás. Era el encierro, la soledad lo que amenazaba con llevarla a la locura. Los que la habían cogido después de matar a sus padres a golpes la habían atrapado en un escudo negro mate que no podía quebrar, en una soledad psíquica aplastante.
–¿Qué? –espetó en respuesta al sonido de su nombre, dispuesta a hablar simplemente para escuchar otra voz–. ¿Estás ahí? –preguntó cuando no obtuvo una respuesta inmediata, no estaba segura de no haber imaginado la compañía. Había hecho eso antes, tenía "delirios" a todo color, como lo llamaban sus padres. Delirios que habían sido sus amigos. Delirios que la habían hecho sentir menos sola mientras existía en el lugar que era su jaula.
–Shh. –Un muchacho delgado con ojos oscuros y rasgados, con pómulos afilados, el cabello negro lacio brillante y la piel de color marrón claro, entró en su línea de visión. Él era silencioso, más silencioso que cualquier otra persona que hubiera conocido. No sabía cómo lo hacía. Cada vez que ella trataba de caminar en silencio, tropezaba o se golpeaba y ella misma se delataba.
Era por eso que tenía la clavícula fracturada, ella había hecho un ruido en su emboscada y su madre se había dado la vuelta y golpeado a Zaira con el cuaderno de datos que llevaba en la mano lo suficientemente fuerte para tirarla de la silla sobre la que había estado de pie. Sin embargo, eso no había salvado a su madre o a su padre. El hueso de Zaira podría haberse agrietado, pero todavía tenía una mente que había crecido furtivamente más allá de la capacidad de sus padres para atarla.
Y todavía había sido capaz, después, de balancear el tubo de metal oxidado.
Cuando el muchacho que caminaba tan silenciosamente tocó sus restricciones, ella comenzó a luchar, los brazaletes cortaban sus muñecas y los grilletes sus tobillos.
–No me toques –el sonido fue un siseo–. No me toques. –La sensación de impotencia le hacía querer de gritar, pero debajo esa sensación existía una rabia fría.
–Silencio –dijo el chico, la orden en su voz tan poderosa que ella dejó de hablar–. Voy a soltar las restricciones –le dijo–. Si empiezas a luchar o a gritar o a pelear conmigo, vas a alertar a los entrenadores y ellos vendrán a atarte de nuevo.
Zaira se limitó a mirarlo. En el instante en que la soltara, haría todo lo que tuviera en su poder para derribarlo. Él era más grande, pero ella había matado a sus padres. Ella podría matarlo. Una vez que hubiera hecho eso, escaparía de este lugar donde la torturaban al hacerla estar sola al igual que habían hecho sus padres.
El muchacho de ojos oscuros y pies silenciosos le sostuvo la mirada.
–No lo hagas –dijo, y fue otra orden, aunque una dada en un tono suave y solemne–. ¿Sabes dónde está esta instalación? ¿Has mirado fuera?
–Las montañas –dijo ella, recordando que había mirado desde el vehículo que la había traído allí–. Algunas cosas verdes. No hay árboles. –Había nacido en Jordania y, aunque rara vez se le había permitido salir de su jaula y nunca más allá de las paredes de la casa de su familia, había vislumbrado lo suficiente del paisaje a través de las rejas de las puertas para saber que ya no estaba en ningún lugar cercano de la región donde había nacido.
Pero el aire exterior se había sentido muy seco, el sol muy caliente, ¿así que tal vez estaba en otra parte de Jordania?
–Eso es todo lo que hay por kilómetros y kilómetros y kilómetros –dijo el muchacho–. Incluso si de alguna manera logras burlar todos los protocolos de seguridad y escapar, morirás de sed y agotamiento por el calor en horas.
–¿Y? –Morir era preferible a estar atrapada.
–Y no podremos ganar si todos morimos.
Ella no lo entendió, no quería entenderlo. Él era un extraño e incluso aunque fuese un niño, eso no quería decir que no estuviese aliado con los adultos. Ninguno de sus hermanos o primos habían intentado ayudarla nunca. En vez de ello, la habían acusado cuando se salía de los límites y trataba de escapar apretujándose entre los barrotes de la puerta principal.
–Está bien –dijo, solo para que el niño hiciese lo que ella quería.
Él se movió hacia las esposas del tobillo y utilizó algo que no pudo ver para desbloquearlas. Cuando se detuvo inmediatamente después y miró hacia la puerta, ella quedó paralizada. ¿Había alguien allí, alguien que los detendría antes que la liberara? Pero él volvió a su tarea un segundo más tarde.
Luchando contra la rabia en su interior que la hacía querer gritar y patalear, se obligó a fingir que estaba siguiendo su orden de comportarse, incluso cuando sus tobillos ya no estaban atados. Excepto que el muchacho no liberó sus muñecas. Se quedó junto a ella y la observó.
–¿Qué? –preguntó, tan enojada que solo quería golpearlo hasta que no tuviera cara.
–Sé que huirás –dijo–. Si lo haces, los entrenadores se darán cuenta de que Vasic y yo podemos entrar en estas habitaciones, y nos van a castigar. Eso significa que no vamos a poder ayudar a nadie más hasta que el castigo haya terminado.
¿Por qué Zaira se preocuparía por alguien más? Nadie se preocupaba por ella. Todo lo que quería era salir de allí.
–No voy a huir.
–Sí, lo harás –dijo el niño, y luego utilizó la herramienta en las esposas de su muñeca.
Zaira quería quedarse en silencio, pero él la estaba confundiendo.
–¿Por qué me liberas, entonces?
–Porque –dijo con esa voz tan tranquila que la hacía escuchar–, no seré como ellos. No usaré amenazas o dolor para evitar que hagas lo que quieres.
De nuevo, Zaira no lo entendió. Así que se limitó a esperar. Y tan pronto como él la liberó, ella saltó de la mesa, ignoró el dolor punzante en todo su cuerpo, y salió corriendo.
  El niño y el otro niño más alto que había estado esperando afuera por él se fueron en la dirección opuesta a ella y entonces ella atravesó una pesada puerta en el otro extremo y las alarmas chillaron. Con el corazón en la garganta, siguió corriendo, sus pies descalzos golpeaban la superficie fría del suelo.
No supo qué le hizo mirar hacia atrás. Cuando lo hizo, vio que el muchacho había regresado y ahora estaba en las puertas que habían activado las alarmas. Sus ojos se encontraron, y en ese instante supo que iba a fingir que él había sido quien había activado la alarma.
Él le estaba dando tiempo para esconderse.

•   •   •

  POR SUPUESTO, TODOS ellos habían sido capturados. Zaira no tenía el sigilo de Aden y no conocía la instalación. Aden y Vasic fueron castigados mucho más brutalmente que ella, un hecho del que no se enteró hasta diez años después, cuando se había vuelto lo suficientemente habilidosa para introducirse en los registros protegidos de la base de datos.
Todo lo que supo en ese entonces fue que el chico con los ojos oscuros y los pies silenciosos había regresado por ella. Cuando él abrió sus cadenas por segunda vez, no lo golpeó con los puños… y no huyó a pesar de la necesidad en su interior. Porque otra necesidad era más fuerte.
–¿Por qué haces esto? –le preguntó Zaira mientras yacía acurrucada en la mesa de examen, bajo una manta de calor que él había traído de contrabando para ella. Le había dicho que no podía tratar sus heridas, excepto en formas sutiles que nadie notaría, pero él podía hacerla sentir más cómoda–. ¿Por qué me ayudas?
–Para que estés lo suficientemente fuerte y ellos no te quiebren cuando yo sea transferido –dijo, sin dejar de trabajar en un hueso triturado para que no le doliera tanto cuando ellos regresaran y desconectaran a la fuerza en su psique los controles de dolor. Sus padres le habían enseñado esos controles para que no se desmayara antes de que hubieran terminado con ella.
–¿A dónde vas? –preguntó enfurecida–. ¿Cuándo?
–Me van a enviar a otro centro en diez meses –le dijo–. ¿El hueso duele menos ahora?
–El dolor no importa –dijo ella, tratando de no pensar en el hecho de que la única persona que la había tratado como algo mejor que una basura se iría pronto, dejándola de nuevo sola en la oscuridad–. Puedo superar el dolor.
–Lo sé. Pero el espíritu también puede ser quebrado.
–¿Qué es eso?
–Es… –él hizo una pausa, pensando al respecto–. ¿Has visto los pájaros en el cielo?
–A veces. –Se había pasado casi toda su vida en una celda sin luz, pero hubo momentos en los que le permitieron salir, cuando había tenido que interactuar con otros niños. Sus padres lo habían llamado entrenamiento de "socialización" para que no fuera "un monstruo incivilizado" cuando creciera. Zaira no creía que hubiese funcionado, pero ahora estaba hablando con Aden como una persona real, así que tal vez ella estaba equivocada y sí había funcionado.
–Creo que el espíritu es como un pájaro con alas que puede volar con libertad.
Zaira trató de imaginar eso, fracasó.
–Mi espíritu ya se ha ido. Se fue volando hace mucho tiempo.
–Si lo hubiera hecho, no querrías huir, no querrías escapar –Apartó el láser que había estado usando en sus huesos–. Tu espíritu es fuerte. Es un fuego salvaje y enojado dentro de ti. Necesito que te aferres a ese fuego.        
–¿Por qué? –preguntó de nuevo–. ¿Por qué te importa?
–Porque ahora eres mía.

•   •   •

ZAIRA despertó para encontrar al niño justo a su lado, el sueño se fusionó con la realidad. Solo que ya no era un niño. Era un hombre alto, fuerte y poderoso, pero que aún se movía con silenciosa gracia y todavía tenía los mismos ojos oscuros. Unos ojos que le dijeron que tenía que ser fuerte, que él necesitaba que fuera fuerte.
Sin embargo, si ella tropezaba, él no le diría que era una fracasada; no, simplemente la cogería antes que cayera y la ayudaría a levantarse. Incluso después de haber sido trasladado fuera de las instalaciones de Turquía donde ella había pasado el resto de su infancia y adolescencia, había encontrado maneras de hacerle saber que no la había olvidado, que ella existía para él como un individuo único y no solo como otro aprendiz.
Una vez, había sido un correo electrónico que había logrado enviar traspasando los firewalls y la seguridad. En otra ocasión, Vasic había roto la sujeción en su mente y había teletransportado a Aden ante ella. La visita había durado cinco minutos antes que tuvieran que irse o arriesgarse a ser capturados, pero en esos cinco minutos, Aden le había hecho recordar que ella era un ser consciente y no el asesino robótico que sus entrenadores querían que creyera que era.
Le hizo recordar que primero se pertenecía a sí misma, y después a él.    
Nadie más tenía derecho sobre ella.
–Zaira –su voz era tranquila ahora, su expresión no revelaba nada–. Fuimos rescatados por la manada de leopardos RainFire. Estamos a salvo.
Había señales en sus palabras que su cerebro confuso y dolorido luchaba por comprender, pero entonces él hizo algo muy inusual. Tomó su mano y la encerró en la suya, apretándola. El enlace físico la atrajo a la plena conciencia, anclándola en el presente mientras su cerebro escarbaba por una conexión psíquica que disipara el silencio dentro de su cráneo.
Una inmensa soledad.
Sin PsyNet.
Sin vínculo telepático con Aden.
Ni siquiera la reacción viciosa de dolor que había sentido antes.
Nada más que el aplastante aislamiento.
Al igual que en ese cuarto oscuro de su infancia donde nadie podía oírla gritar.
Su respiración amenazó con volverse desigual. Apretó los dedos alrededor de Aden, su conexión oculta por su cuerpo y el de él, reguló su respiración al recordar su entrenamiento básico como Flecha. A medida que su cerebro se aclaraba, se dio cuenta que él no quería que traicionara su debilidad psíquica.
Así que no lo hizo.
Permitió que la ayudara a sentarse y aprovechó la oportunidad para explorar la habitación. Estaban solos con excepción de un varón ágil y musculoso con el cabello castaño claro y ojos verdes tan intensos que no estaba segura de que sus iris fueran reales. Él se identificó como Finn, el médico y la hizo pasar por un aluvión de exploraciones y pruebas para asegurarse que su cerebro estuviese registrando los patrones correctos.
Zaira cooperó con la revisión, los pantalones sueltos con cordón en la cinturilla que estaba usando se enrollaban en sus tobillos hasta que se inclinó y dobló los bajos. La parte de arriba blanca también era demasiado grande y estaba hecha de un algodón tan fino que ella no sabía que se pudiese usar como ropa, no detendría de un modo efectivo el arañazo de un niño y mucho menos una bala.
Al menos el médico parecía saber lo que estaba haciendo.
–Tenías unas lesiones internas bastantes graves, sin hablar del asunto del cerebro –dijo después de haber completado las pruebas–. Te he curado, pero estarás sensible durante unos días, posiblemente una semana. Tómalo con calma. No es como si tuvieras otra opción, dado el clima – hizo una mueca–. E ignora a cualquier gato gruñón que veas, no estamos acostumbrados a estar encerrados.
Aden no habló hasta que Finn salió de la habitación para buscar algo. Entonces colocó sus labios cerca de su oreja.
  –La audición cambiante es aguda –le dijo. Cuando ella asintió para mostrar que entendía la advertencia, volvió a hablar en ese susurro casi inaudible–: ¿Tienes acceso a la PsyNet?
Con los dedos apretados en el borde de la cama, admitió la terrible verdad.
–Está  silencioso dentro de mi cabeza.
En los ojos de Zaira, Aden vio una hueca oscuridad.
–No estás sola –le dijo, consciente de que la reacción de Zaira a la soledad psíquica prolongada podría ser de cualquier tipo. Siendo una nueva alumna de siete años de edad, al ser encerrada dentro de los escudos de un entrenador, se había vuelto una Berserker[1] rabiosa en un esfuerzo por romperlos; el entrenador se había visto obligado a dejarla inconsciente para que no le sacara los ojos con las uñas. Una semana más tarde, en la misma situación, ella había estado catatónica durante cinco días.
Una nota permanente se había hecho en su archivo: Zaira Neve no debe estar confinada en el plano psíquico. Este defecto no niega su utilidad como Flecha, dado que una vez acabada la formación, nunca estará en tal situación.
Nadie podría haber previsto sus circunstancias actuales.
–No estás sola –repitió, aunque sabía que las palabras no serían suficientes. El daño que le habían hecho cuando era niña había sido uno de los peores vistos en el panel de evaluación mental del escuadrón. De acuerdo a los registros, el debate sobre si ella siquiera valía o no el esfuerzo había sido largo e intenso.
Al final, fue su inteligencia y la fuerza que había demostrado lo que la había salvado: Zaira no se había quebrado bajo el abuso infantil. Había contraatacado y lo había hecho con una fría inteligencia que el escuadrón apreciaba.
–Necesito que permanezcas fuerte –dijo hablándole a la parte de ella que era el fuego–, Zaira.   
Ella apretó los dientes y asintió, sin revelar ni un atisbo de su estado psicológico cuando Finn volvió a la habitación con Remi. El alfa se mantuvo en silencio hasta que Zaira bebió un poco de agua y rechazó el ofrecimiento de comida.
–Entonces –dijo–, ahora que los dos están despiertos, ¿quién os disparó?



[1] Los berserker eran guerreros vikingos que combatían semidesnudos, cubiertos de pieles. Entraban en combate bajo cierto trance de perfil psicótico, casi insensibles al dolor, fuertes como osos o toros, y llegaban a morder sus escudos y no había fuego ni acero que los detuviera.

20 comentarios:

  1. gracias por su trabajo enserio son increíbles espero con ansias el siguiente capitulo ;)

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por el trabajo y esfuerzo que hacéis al traducir los capítulos tan rapidos!!! Lo hacéis genial chicas (:

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias por vuestro trabajo, me gusta mucho el libro

    ResponderEliminar
  4. Pobre Zaira :( que pasado más horrible

    Muchas gracias chicas!!!!

    ResponderEliminar
  5. Muchísimas gracias por vuestro trabajo!

    ResponderEliminar
  6. Fabuloso, fabuloso. Muchas gracias

    ResponderEliminar
  7. Ya quiero que los encuentren y saber quien los secuestro Gracias a todas las que hacen este magnifico trabajo

    ResponderEliminar
  8. Hola a todas. Me encanta este capítulo, pues vamos conociendo un poco más de Zaira. Una vez más, gracias por el tremendo trabajo que hacen.
    Besos

    ResponderEliminar
  9. Muchas gracias por su trabajo y mordiéndonos las uñas por ver como continua la historia.

    ResponderEliminar
  10. Muchas Gracias chicas. Hacen un trabajo excelente, ya estamos conociendo poco a poco a zaira. Gracias

    ResponderEliminar
  11. Mil gracias por vuestro trabajo chicas, amo esta saga...espero con ansiedad el proximo capitulo..

    ResponderEliminar
  12. Me ha encantado ese retazo de recuerdo de su infancia.
    Aden es magnífico. Sabía que me iba a gustar su historia.
    Muchas gracias. Besos, Mariad.

    ResponderEliminar
  13. Gracias son pocas! que intenso capítulo, pobre zaira....chicas no se si les pasa, pero espero con ansia el proximo capi y cuando llega lo devoro en un segundo y ya quiero más! y la incertidumbre de lo que viene uhhhh!!! increible como Nalini salta de un lado a otro dejándonos en ascuas !!!

    ResponderEliminar
  14. Fina. hola mil gracias esta buenísimo el capítulo, y nos informa sobre la vi9da anterior de Zaira y como conocio a Aden, ojala mencionen pronto a Hawke y su manada de lobos, Gracias Chicas por tan maravilloso y exceente capitulo, besos

    ResponderEliminar
  15. Chicas tengo mucho que decir... pero solo diré Muchas Gracias! Hacen un trabajo excepcional, increíble! Las adoro! No saben cuanto espere este libro pero gracias a ustedes ya no sufro tanto jajajja Gracias esperare con paciencia el siguiente capitulo ya que hacen un trabajo espectacular! ;D

    ResponderEliminar
  16. Que larga se hace la espera entre capítulos!!!! La traducción está quedando perfecta. Inevitablemente ya estoy enganchadisima

    ResponderEliminar
  17. Revisando libros de los Psy anteriores he visto que Finn es el medico que sustituyó a la sanadora de Dark River cuando se alejó de Nathan. Me encanta encontrar a viejos personajes.

    Que ganas de que se puedan comunicar con los demas¡¡¡

    ResponderEliminar
  18. Es cierto no me acordaba de que era el mismo sanador que sustituye a Tamsy y al que Nathan casi "araña" jejeje

    Gracias por contarlo

    Bicos

    ResponderEliminar