miércoles, 15 de junio de 2022

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Aunque últimamente estoy muy liada he querido comentaros, que en julio, se publicará en inglés, por supuesto, el siguiente libro Psi-Cambiante-Trinidad  

Sinopsis:

El Silencio ha caído. Los psi son libres de sentir emociones. Libres de amar. Pero el Silencio nunca fue una prisión para Ivan Mercant. La mayor amenaza para su futuro está latente en su cerebro: un monstruo psíquico que sólo busca alimentarse. Y ahora, la férrea correa que mantiene sobre ese monstruo se está soltando. Estaba preparado para este día, para el fin de Ivan Mercant... pero eso fue antes de conocer a Lei.

Esta cambiante y salvaje mujer, tan primaria como humana, le da color a su vida y risas a su alma. Entonces el sueño hace añicos con una lluvia de sangre y cuerpos silenciosos en la nieve. Lei ha desaparecido. Se ha esfumado sin dejar rastro... hasta que se encuentra con unos ojos extrañamente familiares al otro lado de una concurrida calle de San Francisco.

Soleil Bijoux García es una sanadora que lo ha perdido todo. Vive en un mundo de desolada soledad... hasta momento en que se encuentra cara a cara con un letal extraño. El animal que es su otra mitad reconoce a este hombre, pero sus recuerdos no son más que fragmentos rotos. Lo único que la impulsa es dolor y la necesidad de venganza. ¿Su misión? Matar al alfa de la manada de leopardos de DarkRiver.

Pero el destino tiene otros planes. Pronto, un soldado letal que se considera a sí mismo un monstruo y una sanadora rota podrían ser todo lo que se interpone entre la vida y la muerte para toda la raza Psi. . . .

Y como es habitual para ir abriendo boca, también nos ha dejado dos extractos.

Primero:

Su instinto la llevó a escudriñar la zona, a asegurarse de que no la vieran como cambiante. Casi ningún otro cambiante depredador habría podido hacer eso, pero la gata de Soleil se había retirado hacía tanto tiempo que ella ya no llevaba su olor.

Humana.

Olía a humana.

Media persona.

Media alma.

Sus ojos se cruzaron con los de un hombre al otro lado de la calle. Sus ojos, de un llamativo color azul que se mezclaba con un intenso cobalto, resaltaban sobre el blanco de su piel, apenas tocada por el sol, y su pelo negro, cuidadosamente peinado, era el complemento perfecto.

Con una clara y afilada estructura ósea, mandíbula cuadrada y más de 1,80, podía llevar un traje con la misma facilidad que los vaqueros azules, la camiseta blanca y la cazadora de cuero negra que llevaba en ese momento.

Y la estaba mirando directamente.

Su respiración se agitó... mientras las garras se clavaron en el interior de su piel, y su gata se despertó de forma repentina y violenta. Sin aviso, sin motivo. Estaba allí, como no lo había estado desde hacía más de un año, bajo su piel enseñaba los dientes y miraba fijamente al extraño que hacía que se erizase la piel y le cortaba la respiración.

Sus ojos amenazaban con semi-cambiar.

"No, no, no", susurró mientras otra parte de ella sollozó ante esta señal de que no estaba definitivamente rota.

Un simple un atisbo de su condición de cambiante y todo habría terminado. Había leopardos en esa misma calle en ese momento. Había visto al menos dos. No parecían ser dominantes, pero eso no importaba. Ellos la verían como una amenaza, e inmediatamente alertarían al dominante más cercano.

El cual la perseguiría con implacable determinación.

Más tarde, le dijo a su gata.

Ignorándola, esta se tensó dentro su piel, quería abalanzarse sobre el hombre de enfrente como si fuera el pastel favorito de Soleil: marmolado de fresa y vainilla con nata fresca. No podía pensar en un hombre que se pareciera menos a la fresa y a la vainilla. Y, sin embargo, quería seguir mirándolo, beberlo con una sed infinita.

Tal vez debería cuestionarse su cordura después de todo.

Su gata gruñó en su interior.

"No", volvió a murmurar Soleil.

Rompiendo el indeseado contacto visual que amenazaba el único propósito que le quedaba, se deslizó a la izquierda de un hombre alto que conversaba con dos mujeres. Ninguno de ellos era cambiante y formaban un grupo lo suficientemente grande como para ocultarla de la vista.

Le retumbaba el corazón, sentía la piel caliente y el pulso le palpitaba en los oídos. Y su gata estaba muy enfadada con ella, aunque hubiera tomado la única decisión racional. La gata insistía tanto en que tenían que volver con el hombre que tuvo que apretar los dientes y luchar duramente, no sólo para mantener los ojos humanos, sino para no darse la vuelta e ir hacia él.

Ahora, le dijo a esa parte primitiva de ella, ¿decides despertarte ahora?

La gata, que se agitaba inquieta en su interior, se abalanzó sobre su piel, casi iniciando un cambio.

Soleil no juró. Yariela la había educado para ser una dama, pero, mentalmente, estaba maldiciendo como una loca, mientras repasaba frenéticamente los miembros no leopardos conocidos de DarkRiver. El hombre de ojos azules no era cambiante, su gata estaba segura de eso.

Psi o humano, entonces.

Pero no era nadie que hubiera sido identificado como parte de DarkRiver por los medios de comunicación. Eso no significaba mucho. Aunque Lucas Hunter era muy conocido por su posición como líder de la manada y por ser el representante de los cambiantes en el Acuerdo de la Trinidad, la mayoría de los gatos mantenían un perfil bajo.

Le picaba la nuca; sabía que el hombre de ojos azules que había despertado a su gata la estaba siguiendo. Puede que él le hubiese hecho perder el sentido, pero tenía que quitárselo de encima, o todo habría terminado. La única forma en que podía ganar a DarkRiver era sigilosamente; sola, ella no tenía ni de lejos la fuerza necesaria para llegar hasta el alfa y vengarse.

Él había asesinado a sus compañeros de manada. Tenía que pagar.

"Leilei", le murmuró Farah en su oído. "Sabes que tú no puedes matar. Eso no es lo que eres. Eso te conducirá a la locura".

Yo no soy nadie, dijo en silencio, a pesar de que las lágrimas acechaban. La locura sería mejor que esto. Soleil estaba sola, la única superviviente de toda una manada.

Pero Farah no la dejaría tranquila. "Eres mi mejor amiga. Vistes los colores más brillantes del mundo, te ríes de tal modo que todo el mundo termina riendo, y abrazas con tanta fuerza que es un regalo. Tú  no eres una asesina".

Lanzando una mirada por encima del hombro mientras las palabras de Farah la atormentaban, vio que el hombre de ojos azules seguía al otro lado de la calle... pero la miraba a ella.

Su gato se estiró dispuesto a salirse de su piel, forzando el cambio de una manera que nunca antes había hecho. Quería ir hacia él con una desesperación salvaje. "No", dijo ella en voz baja, con las manos agarrotadas. "No hasta que..."

Fue entonces cuando el mundo se fue al infierno, de pronto se escucharon unos gritos, mientras la gente caía de rodillas o de bruces. Huesos rotos, sangre derramada, reinaba el caos.

Segundo:

Capítulo 1

 

 

El niño tiene graves problemas de apego. No se trata de Silencio. En realidad, está dañado psicológicamente hasta el punto de no poder formar nunca un vínculo de apego con otro en ningún nivel. Por ello, no se puede garantizar su lealtad a la familia. Es un riesgo.

-Informe PsiMed privado sobre Ivan Mercant, 8 años (20 de junio de 2059)

 

3 de mayo de 2083

 

 

Iván era uno de los nietos mayores de Ena. Más joven que Canto pero mayor que Silver y Arwen. Además, siempre había sido el que menos problemas daba a la familia; en realidad, ningún problema. Canto era terco como un toro y Silver tenía una columna vertebral de acero, y ninguno de los dos se doblegaba ante Ena si no lo deseaban.

En cuanto a Arwen, el gentil y empático Arwen podía ser obstinado a su manera. Como el agua que corre sobre una roca. Lenta y persistente hasta que los bordes de la roca dejan de ser tan afilados y el agua ha excavado un nuevo cauce sin que la roca se diera cuenta del cambio.

Iván, en cambio, estaba más dispuesto a decir que sí que a decir que no. Si se le preguntara a cualquiera de los otros tres, nunca utilizarían los términos "obstinado" o "terco" en relación con Iván. Uno de los adolescentes de la familia había utilizado el término "frío" para describir a Iván, y cuando Ena había buscado lo que significaba ese término cuando se utilizaba en ese contexto, había tenido que estar de acuerdo.

Iván fluía por la vida, dispuesto a inclinarse, sin oponerse nunca a Ena... y haciendo exactamente lo que quería y nada más. Ena había tardado mucho tiempo en darse cuenta de que el menos obstinado de sus nietos era también el más implacable con su callada voluntad. Al fin y al cabo, era Iván el que nunca había cursado estudios superiores, a pesar del fuerte deseo de Ena de que lo hiciera; y era Iván el que había elegido seguir el camino que ella le había prohibido inicialmente.

Iván hacía lo que quería... pero tenía una vulnerabilidad.

"¿Iván?", dijo ella, mientras lo observaba empacar los últimos artículos para su viaje a San Francisco. Rara vez entraba en la suite que él tenía en el complejo familiar, pero como él se iba hoy, ya era hora de tener esta conversación. "¿Está todo bien?"

"Por supuesto, abuela". Abrió la cremallera de un bolsillo lateral de su maletín y sacó una bolsa negra pequeña y plana que podía contener su cepillo de dientes y su jabón, o un arma.

No había forma de saberlo cuando se trataba de Iván.

"¿Estás seguro?" Ella se quedó en la puerta, ya que no quería entrar en la zona privada de su dormitorio, aunque sabía que Iván no la rechazaría. Ese era el problema, y el motivo por el que le pedía tan poco. Porque Iván se lo daría. Él iba a su aire en lo que se refería a su vida y a las decisiones que tomaba, pero si Ena le pedía alguna vez que hiciera algo, él lo haría sin dudarlo.

Ya fuera meter una bala en la cabeza de alguien o permitirle a ella entrar en su espacio.

Esa era la única vulnerabilidad de Iván.

"Estoy bien", afirmó, cerrando la cremallera del bolsillo. "¿Por qué lo preguntas?"

"Estás diferente desde que volviste de aquel curso de formación en Texas". Hacía casi un año y medio. Al principio no estaba segura, e Iván se había escabullido de todas las conversaciones en las que ella intentaba sacar el tema, y luego había desaparecido para cumplir con diferentes obligaciones. "¿Ha pasado algo?"

Una pequeñísima pausa en sus eficientes movimientos. Tan pequeña que probablemente ni siquiera Canto, Arwen o Silver se habrían dado cuenta, y ellos eran los más allegados a Iván aparte de Ena. Pero Ena siempre había mirado a Iván con más cuidado que a sus primos. Todos la habían necesitado de un modo u otro, pero Ivan... era el menos propenso a verbalizar o mostrar abiertamente esa necesidad.

Había aprendido demasiado joven que pedir ayuda era inútil. Nadie acudiría nunca. Ella había tratado de reescribir esa terrible lección, pero ya estaba demasiado arraigada cuando Ena llegó a su vida. Todo lo que había podido hacer era asegurarse de responder a sus silenciosas necesidades y esperar que algún día él aprendiera que ella siempre acudiría si le pedía algo.

Él cerró la última solapa de su cartera y se volvió hacia ella, aquellos ojos azul pálido con destellos más oscuros, contrastaban con su pelo negro y la frialdad del blanco de su piel. "Sólo fue el corte que recibí en la pantorrilla", dijo, "y hace tiempo que está curado". Se pasó la correa de la mochila por el hombro y se acercó a ella en la puerta.

"¿Estás seguro, Iván?" Ena no se movió; no había mantenido a esta familia unida durante el frío reinado del Silencio por tener una voluntad débil, y no iba a dejar que Iván lo tergiversara. Porque lo cierto es que Iván nunca le había mentido. Simplemente se las arreglaba para darle sólo la información que él quería.

Canto había murmurado que Iván se parecía más a Ena que a cualquiera de ellos: un Mercant que se guardaba su propio consejo y que sólo compartía información cuando decidía que era el momento.

Ena lo respetaba. Pero la forma en que había estado últimamente... como si la luz de su interior se hubiera atenuado... eso la preocupaba a un nivel muy profundo. Porque la luz de Iván casi se había apagado una vez. Ella había tenido que rodearla con sus manos durante años, protegiéndola de los vientos del dolor y las tormentas de las cicatrices, hasta que esa luz fue lo suficientemente fuerte como para sobrevivir por sí misma.

Él le sostuvo la mirada, con un poder tan callado que zumbaba en el aire, y luego apartó la mirada. "No puedo hablar contigo de esto, abuela". Sus ojos volvieron a mirarla. "No es algo de lo que pueda hablar".

Ahí estaba, ese núcleo inviolable que siempre había mantenido separado de todos, incluso de Ena. Ella nunca había sido capaz de averiguar si era algo consciente o el resultado de las heridas infligidas mucho antes de que él fuera ese hombre poderoso que podía enfrentarse al mundo.

No tenía sentido presionarlo. No cuando le había dado una respuesta inusualmente directa. Eso le indicaba que, fuera lo que fuera lo que había sucedido, había tenido un profundo impacto en él.

Se apartó para que él pudiera salir del dormitorio. Cuando pasó a su lado al salir de la suite, le dijo: "Sabes que siempre estaré aquí si cambias de opinión".

Él abrió la puerta, se detuvo y volvió a mirarla a los ojos. "Lo sé, abuela".

Luego salió, su nieto alto y fuerte y letal. Ella no había querido esto último para él, había querido que tuviera una vida de calma y paz. Pero Iván no lo quiso así. Él no le permitió elegir para él una vida en la luz... porque creía que había nacido para caminar en la oscuridad.

 

15 meses antes

 

Capítulo 2

 

 

 

El apego del niño a la unidad familiar -y su consiguiente lealtad- es absoluto. Su capacidad para formar vínculos con aquellos que están fuera de este pequeño círculo sigue siendo una incógnita, pero mi opinión es que cuando forme algún vínculo de este tipo, será uno sin límites: no parece tener la capacidad de poner límites a su lealtad una vez concedida.

-Informe PsyMed privado sobre Ivan Mercant, 14 años (9 de noviembre de 2065)

Iván apoyó la mano en el tronco del árbol, el bosque enmudeció a su alrededor, y luego miró el corte en la pantorrilla. Se había hecho un torniquete sobre el corte, pero la hemorragia no parecía detenerse. Si no lo supiera, habría dicho que la caída sobre el filo de la roca había seccionado una arteria importante.

Pero él sabía lo que hacía: había hecho suficientes cursos de primeros auxilios, tenía suficientes conocimientos de anatomía y de su propio cuerpo, para determinar que esta herida era incapacitante pero no peligrosa. Sin embargo, ya debería haber dejado de sangrar. Si seguía así, tendría que pedir ayuda y abandonar el curso de formación por ese día.

Si había algo que Iván prefería no hacer nunca, era pedir ayuda. Su reticencia era lo suficientemente acusada como para que fuera consciente de que podía acabar siendo un defecto fatal, pero incluso sabiendo eso, tenía que estar al límite de la resistencia antes de pedir ayuda, porque a veces, ser consciente de un problema no era suficiente para solucionar la razón por la que existía.

Por el contrario, Iván había utilizado esta conciencia para ser lo más autosuficiente posible. Por eso había hecho esos cursos de primeros auxilios cuando era lo más alejado de un sanador que se pudiera imaginar. También por eso se había esforzado en aprender ingeniería informática básica, así como en obtener una licencia de vuelo.

Los idiomas nunca habían sido un problema para él, probablemente por la cantidad a la que había estado expuesto de pequeño, pero había hecho el esfuerzo consciente de dominar al menos tres, aparte del ruso y el inglés que se utilizaban indistintamente en la familia.

Algunos lo llamarían obsesivo. Iván lo llamaba estar preparado.

Habría sido el mercenario perfecto si la abuela no le hubiera pedido que utilizara sus habilidades para supervisar la seguridad general de la familia. El título de especialista en seguridad seguía pesando sobre sus hombros, pero si había una persona en la Tierra a la que nunca diría que no, era Ena Mercant.

Su abuela se había ganado el derecho a pedirle lo que quisiera.

Pero su título no cambiaba lo que era: un asesino nato. Un monstruo nato. Ni siquiera la abuela, con su indomable voluntad y su despiadada devoción por la familia, podía cambiar eso. Todo lo que ella había podido hacer era redirigirlo hacia una tarea de protección antes que de violencia. Y era por esa razón que se encontraba en este paisaje verde y oscuro.

Tras decidir una vez más que, con o sin hemorragia, el corte no era suficiente para detener su participación en el curso de rastreo, continuó a través de la región densamente boscosa que aún estaba empapada por los últimos vestigios de la lluvia que había caído un par de horas antes; las gotas de lluvia en las hojas brillaban como joyas bajo la opaca luz del sol invernal que lograba atravesar el dosel de ramas y hojas.

Este no era su medio natural; él era una criatura de la ciudad. Pero cualquier laguna en su formación podría provocar agujeros en los sistemas y procedimientos de seguridad de la familia. Sobre todo ahora, que los cambiantes se estaban convirtiendo en importantes jugadores de poder. Iván no iba a permitir que le pillaran desprevenido, necesitaba saber exactamente de qué podía ser capaz un depredador cambiante.

Así que aquí estaba en Texas, en un curso dirigido por una pequeña manada de lobos. RockStorm podría ser pequeña, pero su curso era muy respetado en los círculos mercenarios. De los que Iván seguía formando parte, aunque todas sus muertes eran extraoficiales y se hacían por razones que no tenían nada que ver con un pago monetario.

Para el mundo exterior, Ivan Mercant era un urbanita con un corte de pelo elegante y un armario lleno de trajes a medida. Incluso la gran mayoría de sus contactos mercenarios sólo conocían su identidad alternativa, pero esos contactos eran la razón por la que había sido aceptado en este curso. RockStorm sólo aceptaba aprendices Psi que hubieran sido investigados y recomendados por otros cambiantes de confianza; los lobos no iban a entrenar al enemigo.

Había sido un tigre llamado Striker el que lo había puesto en contacto con RockStorm, y que había asegurado que Iván no era violento con los cambiantes, excepto en defensa de su familia. Esto último era más que aceptable para la mentalidad de la manada. Si atacas a un cambiante, te conviertes en enemigo de toda la manada.

Tampoco le perjudicaba el hecho de que Iván hubiera ayudado una vez a una vulnerable manada de ciervos que había tenido problemas con un conglomerado Psi. No lo había hecho para ganar puntos, sino que había metido una bala en la cabeza de cada miembro de la junta directiva por la sencilla razón de que su organización era una tapadera para una planta de fabricación de drogas, e Iván destruiría a cualquiera que produjera ese veneno.

Así que aquí estaba, herido y en un entorno extraño.

La tarea de hoy era sencilla: llegar del punto A al B sin más ayuda que las indicaciones de orientación proporcionadas por el paisaje, y encontrar agua y comida por su cuenta.

Iván habría estado bien si no se hubiera visto sorprendido por un repentino desprendimiento de rocas que lo había impulsado hacia un afilado borde de piedra. Había sido culpa suya. Había sido demasiado confiado y, por lo tanto, no había tenido en cuenta todos los factores, incluida el origen del nombre de la manada: RockStorm.

No cometería ese error por segunda vez, recordaría que nada es predecible en la naturaleza.

La pierna le temblaba.

Al examinar la herida, vio una decoloración azulada alrededor del torniquete. Nada bueno. Se detuvo, escudriñó los alrededores con sus sentidos telepáticos y, al no recibir ninguna señal que indicara la presencia de otra mente en las inmediaciones, decidió sentarse en el suelo cubierto de hojas para poder revisar mejor su pierna.

Ya se había cortado la pernera del pantalón por un lado y había arrancado la tela para usarla como torniquete, así que no tuvo problemas para ver la herida. No había signos de enrojecimiento e hinchazón que pudieran indicar el inicio de una infección, pero era obvio que tenía que dar por finalizado el día. Podía ser tenaz cuando se le encomendaba una tarea, pero nadie lo había acusado de ser un estúpido.

En ese momento escuchó un movimiento en los árboles, el crujido de las hojas de un modo que no era natural, porque se acercaba. Volvió a escudriñar y encontró una mente. Ese era todo su conocimiento. Sabía que la mente estaba allí, pero era una pared en blanco para él.

Cambiante.

Unos pocos humanos tenían mentes tan difíciles de percibir, pero era algo habitual en los cambiantes, y él estaba en territorio cambiante. Probablemente, uno de los lobos había sido asignado para seguir el rastro de Iván y había salido a buscarlo cuando no pasó por un marcador de navegación en particular.

Aún así, se movió para poder acceder de forma rápida a la pequeña pistola que llevaba en una funda especial diseñada para colocarse a ras de la base de la columna vertebral. Mucha gente se limitaba a meterse la pistola en el cinturón. Una buena manera de dispararse o de perder el arma. Esta pistola en particular era un modelo elegante que acababa de salir al mercado.

Iván la había utilizado para acabar con la vida de un hombre quejumbroso la noche anterior. ¿Estaba arrepentido? No. Ni por ese hombre, ni por todos los que le habían precedido. A la abuela le preocupaba que se estuviera convirtiendo en un psicópata, pero los resultados del Psi-Med de Iván siempre salían limpios. No era un psicópata; tenía unas líneas morales bien definidas. Simplemente, no siempre coincidían con las del mundo civilizado.

Pero la persona que salió de entre los árboles con una cesta tejida a un lado no era ni un enemigo al que hubiera que disparar ni un duro entrenador de lobos en traje de combate. Alta, de curvas exuberantes, tenía una melena de medianoche que caía por su espalda como una especie de nube y una piel de color marrón claro que brillaba bajo la tenue luz del sol invernal que atravesaba las copas de los árboles.

Una cicatriz, antigua y tirante, le atravesaba la ceja derecha, pasaba por el párpado y bajaba por la mejilla antes de llegar a la oreja. Pero volvía de nuevo a cruzar el cuello, o tal vez se trataba de otra cicatriz.

Su vestimenta no podía estar más alejada de la moda: llevaba un vestido hasta los tobillos de color aguamarina intenso con una falda en forma de espiral que tenía un volante blanco en la parte inferior. Su chaqueta de punto era del mismo color blanco, pero los racimos de piedras preciosas que colgaban de sus orejas eran de todos los colores del mundo, y no hacían juego con el vestido.

Iván se quedó mirando, parecía imposible que ella existiera en este tiempo y lugar. Le preocupaba estar alucinando. Eso significaría que sí tenía una infección.

"¡Sabía que olía a sangre!" Se acercó a él a grandes zancadas, con el ceño fruncido, y dejó la cesta con un gruñido de mal humor que era muy real. "Voy a tener que hablar con los lobos sobre esto", dijo mientras empezaba a desatar su torniquete. "¡No pueden seguir soltando gente indefensa en la naturaleza!".

Iván prefería mantener a la gente a distancia, pero de alguna manera, no sólo la había dejado acercarse tanto sin protestar, sino que luego la había dejado refunfuñar contra él; sin embargo, esto no lo podía dejar pasar. "De ningún modo se me puede considerar indefenso".

Ella no se inmutó ni se sobresaltó ante el hielo en su tono, su atención se centró en desinfectarse las manos con lo que parecía, extrañamente, una toallita médica. "Y yo sé lo que estoy haciendo, así que cállate y déjame concentrarme".

Nadie le había dicho a Iván que se callara.


Un saludo, para las que seguís entrando aquí para saber cositas de este mundo Psi-Cambiante y un "bico" enorme para todas

32 comentarios:

  1. GRACIAS POR EL ADELANTO, TIENE UNA PINTA ESTUPENDA, DESEANDO LEERLO. UN BICO DENDE VIGO

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  2. Fina. Hola que todos pasen un Bendecido fin de semana, cuidense mucho, besos

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  3. Fina. Hola que todos pasen una linda semana, cuidense mucho, besos

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  8. Hola! Aquí lo he encontrado en inglés.

    http://theangelofthenight2.blogspot.com/

    Alguien sabe si se va a traducir y dónde?
    Muchas gracias.
    Saludos

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  9. Fina. Hola que todos pasen una excelente semana, cuidense mucho

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  23. Fina. Hola que todos pasen una Bendecida Navidad, cuidense mucho, besos

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  24. Fina. Que las Bendiciones de Dios cubran a ti y a tu familia; Feliz fin de semana, cuidense mucho, bendiciones

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  25. Fina. Hola que todos pasen una excelente semana, cuidense, besos

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  26. Fina. Hola que todos pasen un Bendecido fin de semana, cuidense, besos

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  30. Fina. Hola que todos pasen un maravilloso fin de semana, cuidense, besos

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  31. Fina. Hola deseando que te encuentres bien de salud Maria al igual que toda tu familia, cuidense mucho, besos.
    No he estado muy bien de salud, pero alli voy.
    Hola que todos pasen un Bendecido fin de semana, besos

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