Bueno no me enrollo más y aquí os dejo el capítulo de hoy, espero que os guste y bicos a todas.
Capítulo
6.
–Estaremos en
el apartamento en unos minutos –dijo Bastien en el tenso silencio.
Aunque no
estaba de humor para hablar, Kirby se encontró atrapada por la infinita curiosidad
que sentía hacia Bastien.
–No creí que a
un cambiante leopardo le gustara un apartamento. –Él había hecho todo lo
posible por ocultarlo pero había estado tenso en el de ella.
–No me gusta. Por
eso compré un lugar tan ridículamente caro.
Kirby entendió
por qué el apartamento había sido tan costoso en el instante que puso un pie
dentro. Excepto por una pequeña habitación privada en la parte trasera, no
había paredes internas en un espacio que debía abarcar la mitad de la planta. Toda
la pared frontal era transparente, de vidrio reforzado y los suelos de madera
de un brillante color miel.
En la parte de
arriba, y a su derecha había un espacio tipo loft que debía de albergar una
cama, mientras que a la izquierda del área central estaban diseminados un
conjunto de sofás y grandes cojines en el suelo que parecían decadentemente cómodos,
además había una cocina abierta en el otro lado.
Todo el lugar
estaba inundado de luz.
–Hermoso
–susurró ella.
Las líneas de
tensión en la expresión de Bastien se relajaron. ¿Y por qué eso hacía que le
doliera el corazón, que quisiera besarlo, incluso mientras continuaba luchando
contra el impulso más primitivo de morderlo? Él la cogió de la mano. Suspirando
silenciosamente ante el contacto que se sentía profundamente correcto, le
permitió conducirla hasta la pared de vidrio, y a una puerta hábilmente oculta
en ella.
Detrás había
un balcón muy grande con vistas a la bahía, el agua brillaba como zafiros rotos
bajo el sol. Kirby se agarró la barandilla, sentía el metal clavándose en sus manos
mientras lo miraba fijamente.
–Eres rico. Muy, muy rico.
Él se recostó
contra la barandilla, con los brazos apoyados a ambos lados, y se encogió de
hombros.
–Soy bueno haciendo
dinero, he estado invirtiendo mis propios ingresos desde que era menor de edad.
¿Eso supone alguna diferencia para ti? – Los ojos verdes brillaban mientras la
miraba a través de las pestañas entrecerradas.
Kirby luchó
contra el impulso de mostrarle los dientes. ¿Qué estaba mal con ella
últimamente? El pensamiento apenas se había formado cuando ella se movió más
rápido de lo que jamás había creído que podría. Lo obligó a bajar la cabeza con
una mano aferrada a su pelo y lo mordió fuertemente en la mandíbula.
–No me enfades
más de lo que ya estoy.
Una masculina sonrisa
estiró sus mejillas mientras sus brazos se cerraban alrededor de su cintura.
–Muérdeme de
nuevo. –Cuando vio que ella entrecerraba los ojos, le acarició la mejilla antes
de decir–: Lo cierto es que prefiero estar en mi nido. –El leopardo se mostraba
a través de sus ojos, su presencia tan fuerte que Kirby casi podía verlo.
Casi podía
tocar su pelaje oro y negro.
–Los días que
puedo trabajo desde allí –continuó Bastien–, y dejo que mis hermanos, y otros
compañeros de manada que quieren pasar una noche en la ciudad, utilicen este
lugar, así le sacamos el máximo partido.
Eso mostraba mucho
de cómo él veía el mundo, la naturalidad con la que se refería a “nuestro” para un lugar que,
para muchos otros hombres, hubiera sido un símbolo de estatus. Comprendió que
para Bastien, su manada y su familia, eran lo importante, quienes importaban. A
ella le dolía de tanto desear lo mismo, pero nunca había encajado, siempre había
sido, constantemente, la extraña. Y ahora…
–Por favor, cuéntame
lo que sabes –le dijo en voz baja, sintiendo un sabor metálico en la parte
posterior de su boca, un temblor arañando su piel.
Con su
expresión desprovista de cualquier asomo de humor, Bastien tomó una de sus
manos, una mano que Kirby no se había dado cuenta, había estado apretando al costado.
–Ábrela para
mí, gatita.
A medida que
la sangre corría de nuevo por la carne blanca y tensa, él deslizó un dedo por sus
puntas.
–¿Tus dedos hormiguean alguna vez?
Con el corazón
golpeando con fuerza contra las costillas y la boca seca, ella asintió.
–Desde hace
poco. –Ella se quedó mirando sus propios dedos–. No es doloroso, pero pica.
Bastien siguió
sosteniéndole la mano, deslizando el pulgar distraídamente sobre su piel.
–Durante el
fin de semana, el dolor que sentiste –los salvajes ojos verdes capturaron los
suyos–, si dijera que se sentía como si algo estuviera tratando de salir de ti,
¿tendría razón?
Incapaz de
aceptar lo que él le estaba pidiendo que creyera, ella negó con la cabeza,
rompió la abrasadora intimidad del contacto visual.
–No puede ser.
Soy humana.
Bastien ahuecó
su mandíbula, giró su cara hacia él, el roce de su piel sobre la suya casi
logró calmar el pánico que estaba invadiéndola.
–Háblame de
tus padres.
–Yo… –Kirby
sintió como su sangre se helaba–. Mis padres murieron cuando yo era un bebé –susurró,
la brutalidad de su historia era algo que prefería olvidar… una historia que llevaba
a una inevitable conclusión, si no fuera porque era totalmente imposible–. Los
servicios sociales difícilmente podrían haber confundido a un niño cambiante con
uno humano.
–No
necesariamente. Los cambiantes no cambian hasta que tienen aproximadamente un
año de edad.
–Tenía esa
edad cuando sucedió. –Se obligó a recordar el pequeño número de hechos que se
habían filtrado en su memoria en los últimos años, a pesar de su negativa a
acceder a sus propios registros–. Mi fecha de cumpleaños es desconocida pero según
uno de mis trabajadores sociales, fui examinada por un pediatra que determinó
que tenía doce meses de edad. Si no había cambiado todavía, debí haberlo hecho
después de ser encontrada.
–Sí. –Bastien
frunció el ceño–. ¿Cómo perdiste a tus padres?
–En un
incendio. –No sabía más que los detalles básicos de ese incendio, su ira hacia
sus padres desconocidos por abandonarla era una herida abierta que nunca había
sanado–. Fui encontrada en la calle vestida con un pijama de una sola pieza y cubierta
de hollín, tenía las plantas de los pies quemados y ensangrentados.
>>Era
evidente que había venido desde una casa cercana que se había incendiado, pero aunque
la policía descubrió los restos de un hombre y una mujer adultos que debían ser
mis padres –tragó–, por alguna razón, aquellos restos nunca fueron
identificados.
–¡Ah, demonios!
–La exclamación de Bastien fue agresiva–. Experimentaste un suceso traumático severo
en la misma época en la que estabas destinada a completar tu primer cambio –dijo,
acercándola–. Eso debe haber alterado tu desarrollo de un modo fundamental.
Eso sonaba
correcto… pero aún así equivocado.
–No –susurró
ella, un helado escalofrío recorrió su sangre–. ¿Y si yo cambié por primera vez ese día? Tan feliz, tan entusiasmada.
Entonces… entonces algo malo pasó.
Bastien dio un
paso atrás, le tomó la cara entre las manos de nuevo.
–¿Lo recuerdas?
–No. –Todo lo
que ella tenía eran los ecos de una emoción que aún perduraban–. Pero sé que eso
fue lo que ocurrió. –Casi podía verlo–. ¿Un bebé no pensaría que los dos sucesos
estaban conectados: el cambio y el fuego? –El dolor retorció su corazón–. La
parte humana culpaba al animal, y el animal se culpaba a sí mismo.
–Y –dijo
Bastien con dureza–, no tenías a nadie que entendiera lo qué estaba pasando
dentro de ti. Ningún compañero de manada que te consolara, que te asegurase que
no era culpa tuya. –Él besó sus mejillas, su mandíbula, sus labios.
Encontrando la
fuerza en su afecto, ella le contó el resto.
–La única razón
por la que alguien supo mi nombre de pila fue porque estaba cosido en el pijama.
–Su segundo nombre, Rosario, aparentemente había sido el de la calle donde
había sido encontrada–. Esa es el único dato que tengo.
–Tus padres
adoptivos podrían…
–Crecí en el
sistema de acogida. –A Kirby no le gustaba pensar en los diecisiete largos y
agónicamente solitarios años que había pasado en el sistema, pero si la verdad
de su presente se encontraba en su pasado, entonces tenía que obligarse a
hacerlo–. Tenía pesadillas terribles cuando era niña, me despertaba gritando.
Una simpática
trabajadora social le había proporcionado esa información cuando fue lo
suficientemente mayor para preguntarse por qué no tenía una familia cuando
otros bebes y niños pequeños eran adoptados tan rápidamente.
–Seguían
eligiéndome para adoptar, y luego me devolvían. –Como un juguete roto que se devolvía
al almacén para que te reembolsasen el
dinero–. Ellos finalmente dejaron de tratar de ubicarme cuando tenía seis años y
pasé tres en instituciones estatales para niños problemáticos antes que las
pesadillas desaparecieran –por lo menos para el resto del mundo– y estuve preparada
para el sistema de acogida para huérfanos.
Las garras de
Bastien amenazaron con liberarse. Quería romper algo, triturar a quienes hirieron
a su compañera cuando ella había sido una pequeña cachorra vulnerable e incapaz
de luchar por sí misma.
–Lo recuerdo,
sabes –dijo en voz baja, con los ojos fijos en el suelo–. Como me llevaban
personas que decían que me querían, sentirme feliz y esperanzada, y luego ser devuelta
porque no era lo suficientemente buena.
–Bastardos. –Sintiéndose
tan enojado que temblaba, Bastien puso su mano alrededor de un lado de su
cuello y apretó los labios contra su sien.
Kirby levantó la
mano hasta tocar su cabello, y lo acarició con movimientos suaves.
–No fue tan
malo, estar en casas de acogida. Yo no fui maltratada ni nada de eso.
El leopardo de
Bastien gruñó en su interior, por aquella involuntaria admisión de la dureza de
su niñez.
–Eres
jodidamente asombrosa, ¿lo sabes? –Él presionó su frente en la de ella, su
rabia bloqueada por el violento orgullo.
–No, soy una
cobarde. –Rompiendo el contacto bruscamente, comenzó a caminar hasta el final
del balcón y de vuelta–. Me digo a mí misma que estoy enfadada con mis padres
por abandonarme, que ese es el motivo por el que nunca busqué mis registros. La
verdad es que estoy asustada.
Sus ojos
brillaban húmedos, sus hombros caídos.
–Porque si leo
esos registros, entonces ya no puedo seguir evitando la verdad, tengo que dejar
de pretender que tal vez no estoy sola, que algún día alguien vendrá a por mí.
–Ella se limpió las lágrimas–. Tengo veinticuatro años y aún sigo esperando.
¿Qué tan estúpido es eso?
–No te permito
que te hagas eso. –Bastien arrastró su cuerpo rígido a sus brazos, su furia por
lo que le habían hecho era una tormenta feroz en su interior–. No te permito
que te hagas daño y no vuelvas a llamarte estúpida.
Ella lo golpeó
con los puños contra su costado.
–¿Por qué?
¿Quién eres tú para darme órdenes?
Bastien ni
siquiera pensó en ello, su compañera estaba sufriendo y necesitaba consuelo.
–Soy tuyo –le dijo
sin rodeos, rodeó con su mano la cola de caballo y le inclinó la cabeza hacia atrás para poder
mirar esos hermosos ojos de color avellana, llenos de dolor–. No estás sola. ¿Lo entiendes? –No había
en su vida nada más cierto que lo que sentía por ella, y ya no era simplemente
por la fuerza primordial del vínculo de pareja. Se trataba de Kirby. La dulce,
fuerte, y a veces gruñona, Kirby–. Siempre estaré aquí para ti.
–Enviaré hoy por
correo electrónico la solicitud de los documentos –dijo Kirby con la respiración
errática, sin responder a su declaración. Se negó a mirarlo a los ojos, en
cambio mantuvo la mirada fija en el agua que brillaba en la distancia–. Probablemente tarden unos días en enviarme
los archivos.
Bastien apretó
los dientes para contener la ira del leopardo mientras ella se limpiaba disimuladamente
las huellas que las lágrimas habían dejado en su rostro. No era culpa de Kirby que
no lo creyera, sin duda todos aquellos padres adoptivos también le habían
prometido que estarían allí para siempre. Pero él no era el hijo más obstinado
de su madre sin motivo.
Kirby pronto
descubriría que cuando Bastien Michael Smith hacía una promesa, la mantenía.
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SINTIÉNDOSE
herida en su interior, Kirby no discutió cuando Bastien la guió de vuelta a la
calidez del apartamento, pero cuando él le preparó una taza de té dulce y le
ordenó que se lo bebiera, puso los brazos en jarras[1].
–¡Deja de
gruñirme! –Ella podría estar inestable, y sentirse horriblemente tentada a
creer en todas sus promesas, pero no era y nunca sería una presa fácil.
–No te estoy gruñendo –gruñó él, dejando la
taza de té con fuerza en la encimera.
Por supuesto,
el líquido caliente le salpicó toda la mano. Kirby le agarró la muñeca cuando
él siseó y se echó hacia atrás y se la puso bajo el grifo de agua fría.
–No te muevas
–espetó cuando él se quiso apartar, lanzándole una mirada de advertencia cuando
él gruñó de nuevo, el sonido vibró sobre su piel–. Eres peor que mis alumnos.
Sin ningún
tipo de advertencia, él simplemente se inclinó y le mordisqueó la punta de la
oreja, fuertemente, con los dientes.
–¡Bastien! –Saltó
y soltó su muñeca el tiempo suficiente para que él la rodeara con el brazo,
atrapándola con su peso contra el fregadero.
Su cuerpo
entero vibró por la proximidad del cuerpo masculino, duro y caliente y
deliciosamente abrumador contra su espalda, pero su preocupación por él la
mantuvo centrada. Tomando de nuevo su muñeca, ella la puso bajo el grifo.
–Está un poco roja.
Él deslizó la nariz
por su cuello, lamió su piel. Kirby no pudo controlar un estremecimiento.
–Gato.
Sintió la
sonrisa contra su piel.
–Me gusta tu
sabor. –Otra lamida, la mano libre apoyada en el fregadero para bloquear
cualquier posible escapatoria.
Kirby no
quería escapar de esa musculosa trampa masculina.
–Entonces
–dijo ella, tratando de mantener su cerebro en funcionamiento–, tengo sangre
cambiante…
–No, es más
que eso. –La besó en la nuca, provocando que sus dedos se curvaran, y ella pensó
que, tal vez, este hombre magnífico estaba intentando distraerla del dolor de
la pérdida de su infancia que le había dejado terribles cicatrices.
Con los ojos ardiendo,
Kirby se giró y presionó los labios en su mandíbula.
–Los genes
cambiantes son dominantes, al menos cuando se trata del cambio –dijo él,
frotando su mejilla contra la de ella–. Un niño cambiante o mestizo siempre
cambia y tu olor me dice que tú entras en esa categoría. Incluso si fueras latente,
deberías saber lo que eres.
–Entonces soy
una especie de bicho raro –murmuró Kirby–. Genial.
El gruñido de
Basten le erizó cada vello en su cuerpo.
–¿Qué te dije sobre
hacerte daño? –Con ese comentario furioso con una voz que apenas parecía
humana, Bastien se soltó de su agarre, cerró el grifo, y la hizo girar hacia
él.
Kirby se
mantuvo firme, reconociendo el depredador en él, pero completamente segura de
que nunca le haría daño. Esa certeza se mantuvo incluso cuando él puso sus
manos en sus caderas, sus garras deslizándose para clavarse en la tela de su
abrigo.
–No eres un
bicho raro. Eres Kirby. –Su tonó la retaba a discrepar.
Con la piel ardiendo
incómodamente por todas partes, ella bajó las manos hasta el cinto de su abrigo
y lo desató, quitándose la gruesa prenda y dejándola a un lado. Las manos de
Bastien volvieron a donde habían estado, fuertes y peligrosas sobre la tela
vaquera y el algodón.
–Sexy,
inteligente y hermosa Kirby. –sonó como un ronroneo.
Y entonces la
besó.
Una mano deshizo
su cola de caballo, la otra se deslizó debajo de la camiseta para posarse en la
curva de su cintura, su piel era más áspera que la suya, y su boca esclavizaba
la de ella.
Sintió sus
garras, pero estas ni siquiera la arañaron mientras la degustaba como si fuera
su postre favorito. Con mordiscos pequeños y lamidas largas y lentas que
exigían que participase. Cuando ella lo hizo, acariciando su lengua contra la
suya, él ronroneó. La vibración hizo que todo su cuerpo se estremeciese haciéndola
preguntarse cómo sería si ambos estuvieran desnudos.
–Bastien. –Sus
pezones eran pequeñas y tensas puntas, ella se agarró a sus hombros,
exquisitamente consciente de él moviendo una mano grande a su trasero para
ayudarla a alcanzar el ángulo correcto para frotarse contra la tentación rígida
de su pene, las garras de ella amasando sus…
Alejándose con
un pequeño grito, ella se miró las manos.
–Oh Dios. –Las
garras se retrajeron casi antes que estuviera segura de haberlas visto–. Yo…
Bastien llevó
sus manos a cada lado del cuerpo de Kirby, atrapándola de nuevo contra la
encimera y manteniéndola muy cerca.
–Sí –dijo él–.
Acabas de medio cambiar. –Y, porque odiaba verla tan perdida, tan asustada, le
mordió de nuevo la oreja. Lo suficiente como para que le doliera.
–¡Argh! –Agarrando
su cabello, ella atrajo su cara hacia la suya–. Deja de hacer eso o te voy a
morder de verdad.
Esa era ella,
su dura Kirby que había construido una vida por sí misma a fuerza de agallas y
determinación.
–¿Lo prometes?
–Su gato peleando juguetonamente con ella, queriendo salir de la piel humana de
Bastien para que de verdad pudiera jugar con él. Pronto, le prometió al leopardo.
–Tú…
–Liberándolo después de un duro y enfurecido beso que hizo retumbar su pecho en
otro ronroneo, ella dijo–: Creo que lo mejor es pedir un permiso en el trabajo
hasta que todo esto esté solucionado.
Bastien
asintió.
–Soy tan nueva
que voy a perder mi trabajo si no regreso en una semana. –Su genio
desvaneciéndose en una tristeza que le hizo rodearla con sus brazos–. Verdaderamente
me gustaba mucho este trabajo.
Como era tan
protector, Bastien quería solucionarlo todo para ella, pero sabía que Kirby no
se lo agradecería.
–Mi hermana me
dijo que ese es el mejor jardín de infancia de la ciudad. –El compañero de
Mercy al parecer había comenzado ya a hacer averiguaciones a pesar que aún faltaban
seis meses para que los bebés nacieran–. Ellos no te hubiesen contratado si no
fueras la mejor. Encontraras otro trabajo cuando estés lista.
Sintió un
pequeño gesto de asentimiento contra su pecho.
–Al menos el
alquiler de mi apartamento está pagado por las próximas dos semanas.
Bastien no pudo
dejar pasar esa declaración, ya que del mismo modo que Kirby necesitaba mantener
su orgullo en su trabajo, él necesitaba cuidarla.
–Jamás tendrás
que preocuparte por un lugar donde vivir –dijo él moviéndose para poder mirarla
a los ojos. Había escondido sus intenciones al principio para no presionarla,
pero después de escuchar lo que había sufrido de niña, quería que ella supiera
que era querida, adorada–. En este
momento, tenemos que ir al nido. –Estar en contacto con la naturaleza pondría calmar
más al animal.
Kirby se clavó
los pequeños dientes blancos en el labio inferior.
–Casi no te
conozco –susurró ella, pero no hizo ademán de alejarse, en su lugar le acarició
el pecho con unos pequeños toques, como para suavizar el impacto de sus
palabras.
–A algunas
personas –dijo Bastien cerrando la mano sobre la suya– las conocemos en un
instante. –El leopardo y el hombre miraron el inusual color avellana de sus
ojos y vieron en ellos su futuro–. A otras, nunca las conoceremos, incluso si hablamos
con ellas durante mil años.
Parpadeando
rápidamente, Kirby se enterró en su pecho.
–Estoy muy
asustada, Bastien. –Su voz temblaba.
–Estoy contigo
en cada paso del camino, gatita. –La abrazó, un lado de su cara presionado contra
la suavidad de su pelo–. Haremos esto juntos.
Fina. hola mil gracias por su trabajo, besos.
ResponderEliminarHola Maria deseando te encuentres bien de salud, da mis saludos a Tamis, Celis, se les extraña, mil besos
Fina. Hola que todos pasen un lindo fin de semana, besos
ResponderEliminarObrigada pelo trabalho de vocês!
ResponderEliminarObrigada pelo trabalho de vocês!
ResponderEliminarGracias por su trabajo
ResponderEliminarFina. Hola que todos pasen una feliz semana, besos.
ResponderEliminarmil gracias por el capitulo, esta buenísimo, besos
Fina. Hola que todos pasen un Muy Feliz día de la Amistad y el Amor, besos
ResponderEliminarhola hermosas espero esten super bien un beso enorme
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