jueves, 5 de noviembre de 2015

Misterios de medianoche: capítulo 6

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Quiero pediros perdón por el retraso pero como se suele decir "el hombre propone y Dios dispone" y a veces la cosas mas tontas se van juntando y complicando. Espero que ahora sí acabemos de un tirón este libro tan "cortito". Son 11 capítulos más un epílogo, así que con este alcanzamos el meridiano.

Bueno no me enrollo más y aquí os dejo el capítulo de hoy, espero que os guste y bicos a todas.

Capítulo 6.

–Estaremos en el apartamento en unos minutos –dijo Bastien en el tenso silencio.
Aunque no estaba de humor para hablar, Kirby se encontró atrapada por la infinita curiosidad que sentía hacia Bastien.
–No creí que a un cambiante leopardo le gustara un apartamento. –Él había hecho todo lo posible por ocultarlo pero había estado tenso en el de ella.
–No me gusta. Por eso compré un lugar tan ridículamente caro.
Kirby entendió por qué el apartamento había sido tan costoso en el instante que puso un pie dentro. Excepto por una pequeña habitación privada en la parte trasera, no había paredes internas en un espacio que debía abarcar la mitad de la planta. Toda la pared frontal era transparente, de vidrio reforzado y los suelos de madera de un brillante color miel.
En la parte de arriba, y a su derecha había un espacio tipo loft que debía de albergar una cama, mientras que a la izquierda del área central estaban diseminados un conjunto de sofás y grandes cojines en el suelo que parecían decadentemente cómodos, además había una cocina abierta en el otro lado.
Todo el lugar estaba inundado de luz.
–Hermoso –susurró ella.
Las líneas de tensión en la expresión de Bastien se relajaron. ¿Y por qué eso hacía que le doliera el corazón, que quisiera besarlo, incluso mientras continuaba luchando contra el impulso más primitivo de morderlo? Él la cogió de la mano. Suspirando silenciosamente ante el contacto que se sentía profundamente correcto, le permitió conducirla hasta la pared de vidrio, y a una puerta hábilmente oculta en ella.
Detrás había un balcón muy grande con vistas a la bahía, el agua brillaba como zafiros rotos bajo el sol. Kirby se agarró la barandilla, sentía el metal clavándose en sus manos mientras lo miraba fijamente.
–Eres rico. Muy, muy rico.
Él se recostó contra la barandilla, con los brazos apoyados a ambos lados, y se encogió de hombros.
–Soy bueno haciendo dinero, he estado invirtiendo mis propios ingresos desde que era menor de edad. ¿Eso supone alguna diferencia para ti? – Los ojos verdes brillaban mientras la miraba a través de las pestañas entrecerradas.
Kirby luchó contra el impulso de mostrarle los dientes. ¿Qué estaba mal con ella últimamente? El pensamiento apenas se había formado cuando ella se movió más rápido de lo que jamás había creído que podría. Lo obligó a bajar la cabeza con una mano aferrada a su pelo y lo mordió fuertemente en la  mandíbula.
–No me enfades más de lo que ya estoy.
Una masculina sonrisa estiró sus mejillas mientras sus brazos se cerraban alrededor de su cintura.
–Muérdeme de nuevo. –Cuando vio que ella entrecerraba los ojos, le acarició la mejilla antes de decir–: Lo cierto es que prefiero estar en mi nido. –El leopardo se mostraba a través de sus ojos, su presencia tan fuerte que Kirby casi podía verlo.
Casi podía tocar su pelaje oro y negro.
–Los días que puedo trabajo desde allí –continuó Bastien–, y dejo que mis hermanos, y otros compañeros de manada que quieren pasar una noche en la ciudad, utilicen este lugar, así le sacamos el máximo partido.
Eso mostraba mucho de cómo él veía el mundo, la naturalidad con la que  se refería a “nuestro” para un lugar que, para muchos otros hombres, hubiera sido un símbolo de estatus. Comprendió que para Bastien, su manada y su familia, eran lo importante, quienes importaban. A ella le dolía de tanto desear lo mismo, pero nunca había encajado, siempre había sido, constantemente, la extraña. Y ahora…
–Por favor, cuéntame lo que sabes –le dijo en voz baja, sintiendo un sabor metálico en la parte posterior de su boca, un temblor arañando  su piel.
Con su expresión desprovista de cualquier asomo de humor, Bastien tomó una de sus manos, una mano que Kirby no se había dado cuenta, había estado apretando al costado.
–Ábrela para mí, gatita.
A medida que la sangre corría de nuevo por la carne blanca y tensa, él deslizó un dedo por sus puntas.
 –¿Tus dedos hormiguean alguna vez?
Con el corazón golpeando con fuerza contra las costillas y la boca seca, ella asintió.
–Desde hace poco. –Ella se quedó mirando sus propios dedos–. No es doloroso, pero pica.
Bastien siguió sosteniéndole la mano, deslizando el pulgar distraídamente sobre su piel.
–Durante el fin de semana, el dolor que sentiste –los salvajes ojos verdes capturaron los suyos–, si dijera que se sentía como si algo estuviera tratando de salir de ti, ¿tendría razón?
Incapaz de aceptar lo que él le estaba pidiendo que creyera, ella negó con la cabeza, rompió la abrasadora intimidad del contacto visual.
–No puede ser. Soy humana.
Bastien ahuecó su mandíbula, giró su cara hacia él, el roce de su piel sobre la suya casi logró calmar el pánico que estaba invadiéndola.
–Háblame de tus padres.
–Yo… –Kirby sintió como su sangre se helaba–. Mis padres murieron cuando yo era un bebé –susurró, la brutalidad de su historia era algo que prefería olvidar… una historia que llevaba a una inevitable conclusión, si no fuera porque era totalmente imposible–. Los servicios sociales difícilmente podrían haber confundido a un niño cambiante con uno humano.
–No necesariamente. Los cambiantes no cambian hasta que tienen aproximadamente un año de edad.
–Tenía esa edad cuando sucedió. –Se obligó a recordar el pequeño número de hechos que se habían filtrado en su memoria en los últimos años, a pesar de su negativa a acceder a sus propios registros–. Mi fecha de cumpleaños es desconocida pero según uno de mis trabajadores sociales, fui examinada por un pediatra que determinó que tenía doce meses de edad. Si no había cambiado todavía, debí haberlo hecho después de ser encontrada.
–Sí. –Bastien frunció el ceño–. ¿Cómo perdiste a tus padres?
–En un incendio. –No sabía más que los detalles básicos de ese incendio, su ira hacia sus padres desconocidos por abandonarla era una herida abierta que nunca había sanado–. Fui encontrada en la calle vestida con un pijama de una sola pieza y cubierta de hollín, tenía las plantas de los pies quemados y ensangrentados.
>>Era evidente que había venido desde una casa cercana que se había incendiado, pero aunque la policía descubrió los restos de un hombre y una mujer adultos que debían ser mis padres –tragó–, por alguna razón, aquellos restos nunca fueron identificados.
–¡Ah, demonios! –La exclamación de Bastien fue agresiva–. Experimentaste un suceso traumático severo en la misma época en la que estabas destinada a completar tu primer cambio –dijo, acercándola–. Eso debe haber alterado tu desarrollo de un modo fundamental.
Eso sonaba correcto… pero aún así equivocado.
–No –susurró ella, un helado escalofrío recorrió su sangre–. ¿Y si yo cambié por primera vez ese día? Tan feliz, tan entusiasmada. Entonces… entonces algo malo pasó.
Bastien dio un paso atrás, le tomó la cara entre las manos de nuevo.
–¿Lo recuerdas?
–No. –Todo lo que ella tenía eran los ecos de una emoción que aún perduraban–. Pero sé que eso fue lo que ocurrió. –Casi podía verlo–. ¿Un bebé no pensaría que los dos sucesos estaban conectados: el cambio y el fuego? –El dolor retorció su corazón–. La parte humana culpaba al animal, y el animal se culpaba a sí mismo.
–Y –dijo Bastien con dureza–, no tenías a nadie que entendiera lo qué estaba pasando dentro de ti. Ningún compañero de manada que te consolara, que te asegurase que no era culpa tuya. –Él besó sus mejillas, su mandíbula, sus labios.  
Encontrando la fuerza en su afecto, ella le contó el resto.
–La única razón por la que alguien supo mi nombre de pila fue porque estaba cosido en el pijama. –Su segundo nombre, Rosario, aparentemente había sido el de la calle donde había sido encontrada–. Esa es el único dato que tengo.
–Tus padres adoptivos podrían…
–Crecí en el sistema de acogida. –A Kirby no le gustaba pensar en los diecisiete largos y agónicamente solitarios años que había pasado en el sistema, pero si la verdad de su presente se encontraba en su pasado, entonces tenía que obligarse a hacerlo–. Tenía pesadillas terribles cuando era niña, me despertaba gritando.
Una simpática trabajadora social le había proporcionado esa información cuando fue lo suficientemente mayor para preguntarse por qué no tenía una familia cuando otros bebes y niños pequeños eran adoptados tan rápidamente.
–Seguían eligiéndome para adoptar, y luego me devolvían. –Como un juguete roto que se devolvía al almacén para que  te reembolsasen el dinero–. Ellos finalmente dejaron de tratar de ubicarme cuando tenía seis años y pasé tres en instituciones estatales para niños problemáticos antes que las pesadillas desaparecieran –por lo menos para el resto del mundo– y estuve preparada para el sistema de acogida para huérfanos.
Las garras de Bastien amenazaron con liberarse. Quería romper algo, triturar a quienes hirieron a su compañera cuando ella había sido una pequeña cachorra vulnerable e incapaz de luchar por sí misma.
–Lo recuerdo, sabes –dijo en voz baja, con los ojos fijos en el suelo–. Como me llevaban personas que decían que me querían, sentirme feliz y esperanzada, y luego ser devuelta porque no era lo suficientemente buena.
–Bastardos. –Sintiéndose tan enojado que temblaba, Bastien puso su mano alrededor de un lado de su cuello y apretó los labios contra su sien.
Kirby levantó la mano hasta tocar su cabello, y lo acarició con movimientos suaves.
–No fue tan malo, estar en casas de acogida. Yo no fui maltratada ni nada de eso.
El leopardo de Bastien gruñó en su interior, por aquella involuntaria admisión de la dureza de su niñez.   
–Eres jodidamente asombrosa, ¿lo sabes? –Él presionó su frente en la de ella, su rabia bloqueada por el violento orgullo.
–No, soy una cobarde. –Rompiendo el contacto bruscamente, comenzó a caminar hasta el final del balcón y de vuelta–. Me digo a mí misma que estoy enfadada con mis padres por abandonarme, que ese es el motivo por el que nunca busqué mis registros. La verdad es que estoy asustada.
Sus ojos brillaban húmedos, sus hombros caídos.
–Porque si leo esos registros, entonces ya no puedo seguir evitando la verdad, tengo que dejar de pretender que tal vez no estoy sola, que algún día alguien vendrá a por mí. –Ella se limpió las lágrimas–. Tengo veinticuatro años y aún sigo esperando. ¿Qué tan estúpido es eso?
–No te permito que te hagas eso. –Bastien arrastró su cuerpo rígido a sus brazos, su furia por lo que le habían hecho era una tormenta feroz en su interior–. No te permito que te hagas daño y no vuelvas a llamarte estúpida.
Ella lo golpeó con los puños contra su costado.
–¿Por qué? ¿Quién eres tú para darme órdenes?
Bastien ni siquiera pensó en ello, su compañera estaba sufriendo y necesitaba consuelo.
–Soy tuyo –le dijo sin rodeos, rodeó con su mano la cola de caballo y  le inclinó la cabeza hacia atrás para poder mirar esos hermosos ojos de color avellana, llenos de dolor–. No estás sola. ¿Lo entiendes? –No había en su vida nada más cierto que lo que sentía por ella, y ya no era simplemente por la fuerza primordial del vínculo de pareja. Se trataba de Kirby. La dulce, fuerte, y a veces gruñona, Kirby–. Siempre estaré aquí para ti.
–Enviaré hoy por correo electrónico la solicitud de los documentos –dijo Kirby con la respiración errática, sin responder a su declaración. Se negó a mirarlo a los ojos, en cambio mantuvo la mirada fija en el agua que brillaba en la distancia–.  Probablemente tarden unos días en enviarme los archivos.
Bastien apretó los dientes para contener la ira del leopardo mientras ella se limpiaba disimuladamente las huellas que las lágrimas habían dejado en su rostro. No era culpa de Kirby que no lo creyera, sin duda todos aquellos padres adoptivos también le habían prometido que estarían allí para siempre. Pero él no era el hijo más obstinado de su madre sin motivo.
Kirby pronto descubriría que cuando Bastien Michael Smith hacía una promesa, la mantenía.

~~~

SINTIÉNDOSE herida en su interior, Kirby no discutió cuando Bastien la guió de vuelta a la calidez del apartamento, pero cuando él le preparó una taza de té dulce y le ordenó que se lo bebiera, puso los brazos en jarras[1].
–¡Deja de gruñirme! –Ella podría estar inestable, y sentirse horriblemente tentada a creer en todas sus promesas, pero no era y nunca sería una presa fácil.
  –No te estoy gruñendo –gruñó él, dejando la taza de té con fuerza en la encimera.
Por supuesto, el líquido caliente le salpicó toda la mano. Kirby le agarró la muñeca cuando él siseó y se echó hacia atrás y se la puso bajo el grifo de agua fría.
–No te muevas –espetó cuando él se quiso apartar, lanzándole una mirada de advertencia cuando él gruñó de nuevo, el sonido vibró sobre su piel–. Eres peor que mis alumnos.
Sin ningún tipo de advertencia, él simplemente se inclinó y le mordisqueó la punta de la oreja, fuertemente, con los dientes.
–¡Bastien! –Saltó y soltó su muñeca el tiempo suficiente para que él la rodeara con el brazo, atrapándola con su peso contra el fregadero.
Su cuerpo entero vibró por la proximidad del cuerpo masculino, duro y caliente y deliciosamente abrumador contra su espalda, pero su preocupación por él la mantuvo centrada. Tomando de nuevo su muñeca, ella la puso bajo el grifo.
–Está un poco roja.
Él deslizó la nariz por su cuello, lamió su piel. Kirby no pudo controlar un estremecimiento.
–Gato.
Sintió la sonrisa contra su piel.
–Me gusta tu sabor. –Otra lamida, la mano libre apoyada en el fregadero para bloquear cualquier posible escapatoria.
Kirby no quería escapar de esa musculosa trampa masculina.
–Entonces –dijo ella, tratando de mantener su cerebro en funcionamiento–, tengo sangre cambiante…
–No, es más que eso. –La besó en la nuca, provocando que sus dedos se curvaran, y ella pensó que, tal vez, este hombre magnífico estaba intentando distraerla del dolor de la pérdida de su infancia que le había dejado terribles cicatrices.
Con los ojos ardiendo, Kirby se giró y presionó los labios en su mandíbula.
–Los genes cambiantes son dominantes, al menos cuando se trata del cambio –dijo él, frotando su mejilla contra la de ella–. Un niño cambiante o mestizo siempre cambia y tu olor me dice que tú entras en esa categoría. Incluso si fueras latente, deberías saber lo que eres.
–Entonces soy una especie de bicho raro –murmuró Kirby–. Genial.
El gruñido de Basten le erizó cada vello en su cuerpo.
–¿Qué te dije sobre hacerte daño? –Con ese comentario furioso con una voz que apenas parecía humana, Bastien se soltó de su agarre, cerró el grifo, y la hizo girar hacia él.
Kirby se mantuvo firme, reconociendo el depredador en él, pero completamente segura de que nunca le haría daño. Esa certeza se mantuvo incluso cuando él puso sus manos en sus caderas, sus garras deslizándose para clavarse en la tela de su abrigo.
–No eres un bicho raro. Eres Kirby. –Su tonó la retaba a discrepar.
Con la piel ardiendo incómodamente por todas partes, ella bajó las manos hasta el cinto de su abrigo y lo desató, quitándose la gruesa prenda y dejándola a un lado. Las manos de Bastien volvieron a donde habían estado, fuertes y peligrosas sobre la tela vaquera y el algodón.
–Sexy, inteligente y hermosa Kirby. –sonó como un ronroneo.
Y entonces la besó.
Una mano deshizo su cola de caballo, la otra se deslizó debajo de la camiseta para posarse en la curva de su cintura, su piel era más áspera que la suya, y su boca esclavizaba la de ella.
Sintió sus garras, pero estas ni siquiera la arañaron mientras la degustaba como si fuera su postre favorito. Con mordiscos pequeños y lamidas largas y lentas que exigían que participase. Cuando ella lo hizo, acariciando su lengua contra la suya, él ronroneó. La vibración hizo que todo su cuerpo se estremeciese haciéndola preguntarse cómo sería si ambos estuvieran desnudos.
–Bastien. –Sus pezones eran pequeñas y tensas puntas, ella se agarró a sus hombros, exquisitamente consciente de él moviendo una mano grande a su trasero para ayudarla a alcanzar el ángulo correcto para frotarse contra la tentación rígida de su pene, las garras de ella amasando sus…
Alejándose con un pequeño grito, ella se miró las manos.
–Oh Dios. –Las garras se retrajeron casi antes que estuviera segura de haberlas visto–. Yo…
Bastien llevó sus manos a cada lado del cuerpo de Kirby, atrapándola de nuevo contra la encimera y manteniéndola muy cerca.
–Sí –dijo él–. Acabas de medio cambiar. –Y, porque odiaba verla tan perdida, tan asustada, le mordió de nuevo la oreja. Lo suficiente como para que le doliera.
–¡Argh! –Agarrando su cabello, ella atrajo su cara hacia la suya–. Deja de hacer eso o te voy a morder de verdad.
Esa era ella, su dura Kirby que había construido una vida por sí misma a fuerza de agallas y determinación.
–¿Lo prometes? –Su gato peleando juguetonamente con ella, queriendo salir de la piel humana de Bastien para que de verdad pudiera jugar con él. Pronto, le prometió al leopardo.
–Tú… –Liberándolo después de un duro y enfurecido beso que hizo retumbar su pecho en otro ronroneo, ella dijo–: Creo que lo mejor es pedir un permiso en el trabajo hasta que todo esto esté solucionado.
Bastien asintió.
–Soy tan nueva que voy a perder mi trabajo si no regreso en una semana. –Su genio desvaneciéndose en una tristeza que le hizo rodearla con sus brazos–. Verdaderamente me gustaba mucho este trabajo.
Como era tan protector, Bastien quería solucionarlo todo para ella, pero sabía que Kirby no se lo agradecería.
–Mi hermana me dijo que ese es el mejor jardín de infancia de la ciudad. –El compañero de Mercy al parecer había comenzado ya a hacer averiguaciones a pesar que aún faltaban seis meses para que los bebés nacieran–. Ellos no te hubiesen contratado si no fueras la mejor. Encontraras otro trabajo cuando estés lista.
Sintió un pequeño gesto de asentimiento contra su pecho.
–Al menos el alquiler de mi apartamento está pagado por las próximas dos semanas.
Bastien no pudo dejar pasar esa declaración, ya que del mismo modo que Kirby necesitaba mantener su orgullo en su trabajo, él necesitaba cuidarla.
–Jamás tendrás que preocuparte por un lugar donde vivir –dijo él moviéndose para poder mirarla a los ojos. Había escondido sus intenciones al principio para no presionarla, pero después de escuchar lo que había sufrido de niña, quería que ella supiera que era querida, adorada–. En este momento, tenemos que ir al nido. –Estar en contacto con la naturaleza pondría calmar más al animal.
Kirby se clavó los pequeños dientes blancos en el labio inferior.
–Casi no te conozco –susurró ella, pero no hizo ademán de alejarse, en su lugar le acarició el pecho con unos pequeños toques, como para suavizar el impacto de sus palabras.
–A algunas personas –dijo Bastien cerrando la mano sobre la suya– las conocemos en un instante. –El leopardo y el hombre miraron el inusual color avellana de sus ojos y vieron en ellos su futuro–. A otras, nunca las conoceremos, incluso si hablamos con ellas durante mil años.
Parpadeando rápidamente, Kirby se enterró en su pecho.
–Estoy muy asustada, Bastien. –Su voz temblaba.
–Estoy contigo en cada paso del camino, gatita. –La abrazó, un lado de su cara presionado contra la suavidad de su pelo–. Haremos esto juntos.





[1] Lo define así la RAE: Dicho de disponer el cuerpo: Poniendo las manos en la cintura.

8 comentarios:

  1. Fina. hola mil gracias por su trabajo, besos.
    Hola Maria deseando te encuentres bien de salud, da mis saludos a Tamis, Celis, se les extraña, mil besos

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  2. Fina. Hola que todos pasen un lindo fin de semana, besos

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  3. Fina. Hola que todos pasen una feliz semana, besos.
    mil gracias por el capitulo, esta buenísimo, besos

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  4. Fina. Hola que todos pasen un Muy Feliz día de la Amistad y el Amor, besos

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  5. hola hermosas espero esten super bien un beso enorme

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