jueves, 18 de junio de 2015

Fragmentos de esperanza: Capítulo 7

15

Aquí seguimos, sin pausa pero sin prisa... bueno con "alguna" prisa pero con muchas ganas de hacerlo bien.

Bicos

Capítulo 7

ZAIRA DESPERTÓ CON la cabeza dolorida y la boca como si estuviese llena de algodón, la almohada bajo su cabeza era dura pero aun así maleable. Hizo un escaneo mental y jadeó, el dolor demoledor hizo que fuegos artificiales brillaran delante de sus ojos.
–Zaira. –Escuchó una familiar voz masculina dentro del sitio oscuro que tenía que ser un escondite. Aden le apartó, con una mano, la capucha para exponer su cara, y con las puntas de los dedo comprobó su pulso–. ¿Cómo está tu cabeza?
–Primero agua –respondió. Su voz surgió como un graznido mientras se las arreglaba para sentarse después de apoyar su mano sobre la almohada, que resultó ser el muslo de Aden. Estaba caliente bajo su toque y ella no rompió de inmediato el contacto. Estar sola dentro de su cabeza... eso amenazaba con despertar a la criatura salvaje e inhumana que una vez había sido, la que había planeado dos asesinatos y ejecutado el plan de forma tan impecable que Justicia había querido ejecutarla.
El hecho de que había tenido siete años de edad en ese momento no había sido visto como un factor atenuante, sino como un agravante.
 Si el sujeto es capaz de este nivel de violencia con su edad actual, ella sin duda será una amenaza para la sociedad si se le permite crecer hasta la edad adulta.
Esa había sido la conclusión del informe conjunto PsyMed-Justicia realizado sobre ella en esa época, un informe al que había accedido después de convertirse en adulta. Ellos habían estado en lo cierto en un sentido; si la hubieran dejado tranquila, sin duda se habría vuelto aún más violenta y fuera de control. Fue el entrenamiento Flecha el que le había enseñado disciplina… y Aden quien le había enseñado que tenía valor más allá de su capacidad de infringir violencia.
–Aquí.
Tomó la botella de agua de Aden con su mano libre, los dedos de la otra aferrándose al muslo tenso y musculoso. Bebió la botella entera.
–Vamos a tener que conseguir más.
–Las condiciones meteorológicas van a hacer que la recolección de agua sea lo menos importante.
Sus ojos se aclimataron lo suficiente a la oscuridad para poder ver a Aden, por lo pudo ver como buscaba más agua en la mochila.
–No, no quiero beber más en este momento. –Dejando a un lado la botella vacía, levantó la mano para tocar el sitio de la incisión, pero él la agarró antes que pudiera tocarlo.
–Lo saqué –le dijo después de soltar su muñeca–. No lo toques. ¿Tu cabeza?
–Como si hubiera un martillo neumático ahí. –Las chispas finales de los fuegos artificiales por fin se desvanecieron dejándola consciente del sonido de la estruendosa lluvia exterior. No era de extrañar que Aden no estuviera preocupado por el suministro de agua–. ¿Cuánto tiempo estuve sin conocimiento?
–No tengo un reloj, pero calculo que tres horas.
–¿El helicóptero?
–Lo escuché circundando tal vez una hora después que te desmayaras, y justo antes que la lluvia empeorara y el viento se convirtiera en un vendaval.
Así que por ahora estaban a salvo. Sus perseguidores serían idiotas si trataban de realizar un seguimiento de ellos en este terreno en la oscuridad y con tales inclemencias del tiempo. Por el otro lado…
–Tienen que saber que estamos escondidos.
Aden asintió.
–Estaremos listos para movernos tan pronto como el tiempo aclare lo suficiente como para que el helicóptero pueda despegar de nuevo. –Levantando el dedo índice, la hizo seguirlo de izquierda a derecha, luego le realizó otra serie de pruebas para detectar cualquier deterioro persistente–. Físicamente estás bien.
–No hay enlace con la PsyNet –dijo, respondiendo a su pregunta no formulada–. Instintivamente hice una exploración telepática cuando desperté y el dolor fue tan severo que creo que un segundo intento podría causar que me desmayase de nuevo.
La soledad era una cosa enorme en su interior, extendiéndose y creciendo y tragándosela hasta que pronto todo lo que quedaría sería la rabia que la había consumido cuando era niña.
–Deberíamos hacerte la cirugía ahora. –No solo su estado mental era inestable, sino que su abdomen no se sentía bien–. Creo que todavía podría estar sangrando internamente.
Con una expresión sombría, Aden levantó su camiseta enmarañada sangre y palpó su abdomen.
–Sí –dijo después–. Claramente no encontré todo el daño.
–No es tu culpa. –Ella volvió a bajar la camiseta, el suéter y se subió la cremallera de la chaqueta de cuero y después la del impermeable que llevaba encima–. El hecho que me hayas mantenido viva durante tanto tiempo es una prueba de tu habilidad. –Él solo estaba destinado a ser un médico y cirujano de campo, pero Aden nunca había sido "solo" una cosa–. Déjame devolverte el favor. Este clima hace que sea probable que ellos presionen el interruptor de matar la próxima vez que puedan elevarse en el aire. No tiene sentido mantenerte con vida si tienen dudas sobre ser capaces de llegar a ti.  
–Hay suficiente carga restante en el último láser para que puedas abrir el hueso siguiendo las líneas de la cirugía original. Tendrás que hacer el resto con un bisturí.
Ella lo miró fijamente.
–Aden, soy una telépata entrenada en combate cuerpo a cuerpo y con armas diversas. Sé cómo cortar una garganta utilizando cualquier cuchillo a mano, pero no sé cómo hacer una cirugía compleja. –Habría sido ya bastante difícil con el láser–. Te destrozaré. –Terminaría de nuevo con las manos bañadas en sangre.
Su mente se llenó de instantáneas de sus palmas manchadas de un rojo óxido que tenían un tono anaranjado, sus brazos salpicados con motas de materia cerebral. Cada fotografía mental estaba hecha desde el punto de vista de la niña que había sido, el suelo bajo ella mucho más cercano y sus pies descalzos mojados con la sangre por la que había caminado mientras dejaba caer el tubo una y otra vez.
Pequeñas huellas de pies manchados rodeaban los cuerpos.
Apretando los dientes, cerró de golpe la puerta mental que no había abierto desde el día en que perfeccionó sus escudos. Esa chica gritona y ensangrentada había desaparecido. Había muerto.
–No puedo hacerlo.
–Tienes que hacerlo. –Aden arrastró la mochila más cerca y sacó el botiquín.
–Aden –comenzó, sus dedos aún firmemente cerrados en su muslo.
Sus ojos se encontraron con los de ella en la oscuridad dentro del capullo que él había creado para ambos.
–De lo contrario, estoy muerto. –Una verdad ineludible–. Como has dicho, yo tomaría la misma decisión.
Morir intentando luchar contra sus captores en lugar de permitir que hiciesen explotar su cerebro desde la distancia.
Inhalando y exhalando, intentó no oír las uñas escarbando del fantasma asesino que había metido de vuelta en su celda.
–Dime cómo –dijo.       
                    
•   •   •

A CIENTOS de kilómetros de distancia, otra reunión tenía lugar, los asistentes estaban conectados por medio de pantallas de comunicación establecidas para solo audio, a excepción de la que mostraba al hombre a cargo de la operación para recuperar a Aden Kai.
–Está previsto el inicio de una tormenta mucho más grande en una hora.  –Su mandíbula se movía mientras masticaba–. Tendremos una ventana de entre cinco a diez minutos, más o menos. El frente de la actual se está alejando de donde estamos y la verdadera tormenta aún no ha llegado.
–¿Posibilidades de recuperación?
–Bajas. Tengo gente en el terreno pero están atrapados a ambos lados de ríos y arroyos crecidos, u obstaculizados por la baja visibilidad –Un escupitajo de flujo marrón oscuro salió de su boca, su saliva dirigiéndose al suelo–. Podremos elevar el helicóptero en el lapso de tiempo que dure la ventana entre la tormenta más pequeña y la más grande. ¿Qué quieren que haga? ¿Buscar o eliminar?
–Por favor, espere. –Silenciando su lado de la transmisión para que no fuera capaz de escuchar la discusión, los asistentes hablaron entre ellos, sus voces distorsionadas por la tecnología. La decisión fue unánime: Aden Kai podría haber sido un buen activo, uno que habría acelerado significativamente sus planes a largo plazo, pero no podían arriesgarse a que escapase con vida.
–Eliminar –le indicaron al líder de búsqueda–. Eleve el helicóptero tan pronto sea posible y recorra el área mientras emite la señal de destrucción.
Esa señal tenía un rango de tres kilómetros. El líder de las Flechas estaría muerto mucho antes que golpeara la segunda tormenta.
          
•   •   •

BLOQUEANDO el ruido del aullido del viento y del golpeteo de la lluvia, Zaira se quitó la pesada chaqueta impermeable para poder moverse con más facilidad y se arrodilló detrás de Aden. Era más alto que ella, pero este se había sentado con las piernas cruzadas y se había inclinado hacia adelante para que pudiera trabajar en él.
Sujetó la linterna entre los dientes, el haz brillaba sobre la incisión toscamente sellada en la parte posterior de su cabeza, y después de limpiarla como él le había dicho, cogió el láser y cortó a lo largo de las líneas de la cirugía previa. Aden le había dado instrucciones de hacerlo tres veces, profundizando un poco más cada vez. El láser murió a la mitad de su tercer conjunto de cortes.
–Debes ser capaz de utilizar la punta del bisturí para elevar el hueso –dijo Aden sin dolor en su voz, aunque sabía por experiencia que esto tenía que doler–. El sellado anterior ya está lo suficientemente débil para poder romperlo.
Tomando la hoja desinfectada, Zaira siguió sus instrucciones. Cualquier vacilación podría significar la diferencia entre sacar el implante a tiempo o no, la diferencia entre la vida de Aden o su muerte, por lo que puso su mente en estado de fría calma donde nada podría afectarla y utilizó un cuchillo en la persona a la que juró proteger, nunca dañar.
–Hueso fuera –masculló a través de la linterna.
La sangre brotó y tuvo que limpiarla utilizando el desinfectante.
–Puedo ver la sutura en la membrana.
–Corta para abrirla. Utiliza un toque delicado.
Hizo el corte antes de poder pensar demasiado las cosas.
–Hecho.
Los hombros de Aden estaban firmes, su respiración áspera.
–Debes ver el implante.
–No está ahí. –Se aseguró que el haz iluminaba justo la herida, y que la sangre hubiera sido limpiada. Un destello llamó su atención–. Espera. Puedo ver el borde de lo que podría ser una de las “patas” que describiste.
–Hicieron la cirugía a la carrera. El implante puede haberse movido. –Aden lanzó una exhalación dura–. Vas a tener que ampliar el orificio en el hueso utilizando el bisturí.
El hielo amenazó con agrietarse, agitando su estómago. Un único y minúsculo error podría hacer que la respiración de Aiden se detuviera. Pero si no lo hacía, se recordó, entonces los cobardes que habían hecho esto lo matarían a distancia.
–Prepárate –dijo con la linterna aún en su boca, y empezó a cortar el hueso.     
El bisturí desechable se dobló un minuto más tarde y tuvo que cambiar a un cuchillo de caza con aspecto barbárico. Desinfectándolo, siguió adelante, teniendo que limpiar la sangre varias veces, el cuchillo haciendo mucho más daño del que un láser habría hecho.
No podía mantener el hielo. Este no era un objetivo aleatorio. Este era Aden. Y le estaba haciendo daño, había manchas de sangre en sus delgados guantes quirúrgicos.
–Zaira.
Al darse cuenta que se había congelado, golpeó la puerta de la memoria cerrándola de nuevo y siguió lentamente, ensanchando dolorosamente el agujero en el cráneo.
El sudor le corría por la sien, pero mantuvo su mano firme. Esta era la vida de Aden. No iba a fallar. Dejando a un lado el cuchillo después de retirar centímetro a centímetro el cuadrado de hueso, lavó la sangre utilizando el desinfectante, porque no tenían otro líquido estéril. Aden se puso rígido, pero siguió consciente.
–¿Lo ves? –Preguntó entre dientes.
Vislumbró un cuadrado de metal entre la carne y la sangre.
–Sí –dijo justo cuando un pequeño destello de color azul brilló a un lado, un impulso eléctrico pasando a través del dispositivo.
–Esta va a ser la parte más difícil –dijo él, su respiración áspera–. No puedes utilizar el láser para romper las patas por lo que tendrás que usar la punta del bisturí para levantarlo –Le pidió ver el bisturí doblado–. Sí –dijo después de mostrárselo–. La punta sigue estando afilada y lo suficientemente plana para que funcione.
Era como pedirle a un gigante que recogiera una fina aguja de coser de un suelo resbaladizo con sangre.
Pero Zaira lo haría. No había otra opción.
–Ha dejado de llover.
Zaira no se había dado cuenta, pero ahora sentía el impresionante silencio. No había lluvia, ni viento. El helicóptero estaría pronto en el aire, sus perseguidores se moverían sobre el terreno. Eso significaba que ellos también tenían que moverse, pero no estaba dispuesta a apresurar esto y a paralizar o matar a Aden.
Desinfectó cuidadosamente el bisturí de nuevo utilizando la botella casi vacía de desinfectante. Estaba a punto de dejar caer la punta angular y nítida bajo una pata de araña metálica cuando oyó el débil eco de un helicóptero a lo lejos. Haciendo caso omiso de ello, volvió a trabajar… y de repente el implante se iluminó, los impulsos eléctricos convirtiéndose en una tormenta azul eléctrica.
Cada músculo en el cuerpo de Aden se tensó cuando los impulsos comenzaron a serpentear con velocidad, pasando por su corteza cerebral. Ni siquiera lo pensó. Deslizando la punta de hoja directamente debajo de la parte central del implante, lo arrancó sin delicadeza y lo arrojó a un lado.
–¿Aden? ¡Aden! –Estaba sangrando mucho, y la cabeza colgaba hacia delante.
Lavó la herida con lo que quedaba del desinfectante y ya que no tenía posibilidad de reparar la membrana, encajó las piezas de hueso que había quitado y apoyó un grueso pedazo de gasa para absorber la sangre mientras trataba de encontrar pulso en su cuello.
–No te mueras –dijo–. No te mueras. –Era un mantra entrecortado mientras buscaba desesperadamente su pulso, los dedos manchados de sangre deslizándose sobre su piel–. No te mueras, Aden. –No me dejes sola. Prometiste que nunca volvería a estar sola de nuevo.
Retirándose los guantes, sustituyó la gasa empapada de sangre y buscó el pulso de nuevo. Aden no podía estar muerto. Aden era el futuro del escuadrón. Sin él, ellos se desmoronarían, se desvanecerían, rompiéndose en mil pedazos.
–No te mueras –dijo de nuevo, y esta vez fue una orden–. ¡Despierta!
Un golpe seco.
Se detuvo, escuchó con sus dedos, y sintió de nuevo el ruido sordo de la sangre bombeando a su corazón. Alejando los dedos de la garganta, rápidamente levantó la gasa y comprobó el estado de la hemorragia. Abundante. No había nada en el botiquín para sellarla, así que lo único que pudo hacer fue taparlo con una gasa limpia y tratar de ejercer presión sobre la herida.
No era suficiente. Necesitaba atención médica adecuada.
Su abdomen se apretó mientras el dolor se clavaba en su torso. Respiró ignorándolo y encontró la segunda y última botella de bebida de nutrientes e, inclinando el cuerpo de Aden hacia ella para que apoyase la cabeza sobre su hombro, vertió el líquido enriquecido gota a gota en su boca. Cuando él no hizo ningún movimiento para tragar, ella le acarició la garganta.
–Traga, Aden, o te cortaré el cuello y lo verteré directamente.
Había pocas posibilidades de que pudiera oírla pero él tragó con el siguiente toque de sus dedos, por lo que continuó haciéndolo.
–Un poco más. Te necesito consciente y capaz de caminar. –Si fuera necesario, pondría su cuerpo contra el árbol detrás de ella y mataría a cualquiera que se acercara, pero él tendría una probabilidad mucho mayor de sobrevivir si consiguiera alejarlo de sus perseguidores.
Necesitó tiempo para terminar la botella y el helicóptero se acercó a ellos más de una vez. Si se acercaban demasiado, el equipo de búsqueda de calor capturaría sus imágenes y delataría su ubicación, pero la lluvia comenzó de nuevo, justo a tiempo, el viento aún más fuerte. Tan fuerte que aulló a través del bosquecillo de árboles, destrozando su escondite en cuestión de segundos y esparciendo sus suministros.



15 comentarios:

  1. Muchas gracias!!!!! Pobre Zaira, espero que Aden se ponga bien

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  2. Hola a todas¡¡¡ Excelente el capítulo. En "la raya" le pudo extraer el dispositivo.
    Ahora basta ver que les toca ahora hacer para sobrevivir.

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  3. Muchas gracias, voy a comerme las uñas de la emoción!!!

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  4. Joderrrr que agobio!!!! Como le gusta torturar de vez en cuando a sus protagonistas... Gracias por la traducción, ya quiero mas

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  5. Ayyyyyyyy¡¡¡¡ no es posible los dos heridos como van a salir de ahí? veremos en el siguiente capitulo gracias chicas

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  6. Gracias!

    Estos dos no pueden estar en peores condiciones! Ojalá llegue la ayuda pronto....

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  7. Fina. muchisimas gracias por el capitulo Maria, besos. ojala que Vasic y Kalet lleguen pronto , esta buenísimo el capitulo, besos

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  8. Muchisimas gracias...que interesante está!!!

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  9. muchas muchas gracias espero con ansias el siguiente capitulo ;)

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  10. MUCHAS GRACIAS POR SU ESFUERZO

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  11. Fina. hola que todos pasen un maravilloso fin de semana, besos

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