Hace unos días, Espe, ( lo siento chica, por mucho que la historia sea Marina Tirado, para mí serás Espe) nos mando un pequeño relato para que lo compartiéramos con todas vosotras.
Ya hace un tiempo, en el apartado Wattpad, os hablé de su historia elementales y cambiantes, pues bien, el relato que nos ha mandado es lo que la impulsó a comenzar escribir esa historia (que por cierto, recomiendo).
La verdad es que yo lo acabo de terminar de leer y te quedas como: Oww que triste, pero ohh, qué bonito.
Espero que le dejéis vuestros comentarios, que seguro que lo agradece muchísimo.
Viviendo en un sueño
Escucho
el zumbido de tu adorada moto fuera de casa y sé que te acercas. Un extraño
sentimiento de desprecio hacia aquel infernal ruido me atraviesa de pies a
cabeza pero no sé decir porqué. Me visto deprisa y voy al cuarto de baño sin
dejar de pensar en ti.
Te he observado tantas veces
desde la ventana de mi cuarto que no es difícil imaginar lo que estás haciendo
en este momento. Te imagino frenando frente a mi casa, te bajas de tu moto
relajado, confiado, seguro de ti mismo, te quitas el casco y encaminas tus
pasos hacia mí.
Me termino de secar el pelo
con una toalla pequeña de forma frenética, siempre me impaciento cuando te escucho
llegar y acabo corriendo escaleras abajo. Esta vez no es diferente, el corazón
me da un vuelco, es como si se detuviera un instante y después reanudara su
marcha. Respiro de forma entrecortada, lo sé, así que intento tranquilizarme,
pero inevitablemente la anticipación me puede.
La puerta de casa se abre y
ahí estás tú con el casco de la moto en un brazo. Te pasas la mano por el pelo
de forma descuidada y dejas el casco y las llaves de la moto en la mesa de la
entrada. Lo haces de forma mecánica, pausada, sin prisas, como un ritual que ya
has repetido mil veces.
Entonces levantas la mirada y te
das cuenta que estoy parada en la mitad de la escalera, me miras y te miro, los
ojos se me humedecen pero no soy capaz de decir porqué. Solo sé que bajo los
últimos peldaños de la escalera acelerada y avanzo hacia ti de forma
precipitada en lo que me parece un salto.
Tú tienes una enorme sonrisa
en tu rostro y me acoges sin pensarlo entre tus brazos, me arropas con tu
cuerpo balanceándote hacia los lados y yo me quedo acurrucada en tu pecho. Siento
como me aprietas fuerte contra ti y yo solo deseo acercarme aun más. Esto no es
suficientemente cerca, nunca es bastante cerca.
Levanto la mirada y tú me
estas mirando así que irremediablemente me pierdo en tu cara. Me demoro en tu
mandíbula, tus mejillas, tus labios, tu nariz y llego hasta tus ojos color miel.
Quizás alguien podría confundirse y pensar que son fríos como el hielo, pero yo
los conozco y sé que son fuego, podría fundirme en ellos. Tus largas pestañas
negras enmarcan tus ojos haciendo que destaque el color en ellos, por lo que no
es tan difícil detenerse a admirarte.
Memorizo tus lunares una vez
más, no sé porqué, pero lo hago de forma automática, como quien enumera una
lista repasada mil veces antes. Me obsesiona olvidarlos, lo sé, es irracional,
pero lo hago. Entonces un miedo me alerta… ¿y si olvido tu olor? Inspiro
profundamente para retenerlo conmigo, no quiero olvidarlo, es tu olor, no puedo
olvidarlo, me concentro en recordarlo.
Frunces los labios y sonríes
de nuevo.
-Mi Helena
–me susurras y de nuevo las lágrimas amenazan con inundar mis ojos y no sé
porqué.
Pero
entonces, sin previo aviso, me levantas del suelo y giramos dando vueltas. Pego
un grito de alegría, escucho tu risa y mi risa se une a la tuya, pero callo,
quiero quedarme con el sonido de tu risa, quiero que ese sonido quede grabado a
fuego en mi memoria y no sé porqué.
Me dejas despacio
en el suelo y mis piernas no parecen querer responder. A mi cuerpo le gusta
estar apoyado en el tuyo, en contacto, sintiendo tu calidez, piel con piel,
calor con calor, se llevan bien. Nuestros cuerpos se reconocen de haber pasado mucho
tiempo juntos, años de relación, ahora vamos a dar el siguiente paso, nos vamos
a vivir juntos. Parece un sueño y eso hace que frunza el ceño ¿un sueño? Sacudo
la cabeza y te miro, me coges las manos y entrelazas tus dedos con los míos,
balanceas los brazos haciendo que me mueva. Es un juego que te gusta hacer, me
mueves y sonríes travieso.
Tu sonrisa se ha transformado
en una sonrisa pícara, es muy característica, curvas un poco los labios hacia
un lado presionándolos en una sonrisa y así, sin esfuerzo, haces que sea
divertida, traviesa, juguetona.
Yo observo tu media sonrisa y
me muerdo el labio, sé lo que va a pasar, vendrás a por mí o yo iré a por ti. Y
así es, tu semblante se vuelve serio, tu sonrisa desaparece y tiras de mí, te abalanzas
bruscamente, nuestros labios chocan como otras tantas veces, el sonido de
nuestros besos me golpea en los oídos y me siento feliz. Nuestros labios se
acarician, nos mordemos mutuamente en un juego de risas y el beso avanza, se
profundiza. Al principio nos besamos de forma lenta y cuidada, pero rápidamente
las ansias lo vuelven rudo, posesivo, desenfrenado.
Yo paseo mis manos por tu
vientre, tu pecho, tus hombros, tus brazos, tu espalda, y continúo la caricia
hasta llegar a tu cuello, lo rodeo con una de mis manos y entrelazo tu pelo
entre mis dedos, con mi otra mano acaricio tu incipiente barba e intento
acercarme aún más a ti.
Tú me rodeas la cintura con
una mano atrayéndome hacia ti y con la otra acaricias mi espalda hasta llegar a
mi nuca, me presionas para que me acerque aun más, me aprietas la cintura,
siento la palma de tu mano apretándome contra ti y tu otra mano en mi cuello
deslizándose hasta mi mandíbula, pero sigue su camino hasta encontrar mi pelo.
Juegas unos segundos con algunos mechones, pero enseguida entierras tu mano en
mi cabello húmedo. Sé que te encanta cuando acabo de salir de la ducha, siempre
acabas con tus manos en mi pelo. Jadeas apartándote solo unos centímetros de mí
y yo gimo como una niña pequeña, no quiero que te alejes. Ríes complacido ante
mi queja y te inclinas salvando esos pocos centímetros que separan nuestros
labios, acaricias los míos con los tuyos y depositas un tierno beso en ellos.
-Te quiero Helena, te quiero
con locura mi vida.
Las lágrimas vuelven a
intentar agolparse detrás de mis parpados cerrados y no sé porqué.
-Con locura Alex, con locura
–te respondo como lo he hecho cientos de veces.
Pero… esta vez tu nombre
duele, me quema, me hiere en lo más profundo de mi alma. Un silencio aterrador
se instala entre nosotros sin haber sido invitado. Siento un dolor intenso que
me atraviesa el pecho, me desgarra, es como una punzada aguda que me estuviera
rompiendo, como si mi pecho se replegase sobre sí mismo, como si se encogiese
en mil pedazos. Duele Alex, duele.
Entonces… entonces despierto,
pero durante un segundo creo que ha sido real, que ha sido tan real como la
vida misma y soy feliz, muy feliz. Me parece haber sentido la fuerza de tus
manos sobre mi piel en una caricia, me parece haber recorrido tus brazos con
mis manos, haber sentido tu pecho bajo mis dedos, haber acariciado tu cara, tus
labios. Sin embargo esa dulce sensación solo me engaña un momento, solo logra
confundirme un segundo, al siguiente sé la verdad, reconozco aquel sueño que se
repite. Ahora lo recuerdo y sé que no estás, se que te has ido, sé que jamás
podré volver a verte, sé que solo podré tenerte en sueños que me torturan
porque ya no existes, ya solo estás en mis recuerdos, en mis sueños.
Rompo a llorar como si no
hubiera un mañana, como si no hubiera pasado ya un año, como si hubiera sido
ayer. Me escucho gritar desconsolada con la voz desgarrada, golpeo las sabanas,
giro y me encojo sobre mi misma tapándome la cara con mis manos. Me abrazo a mí
misma impotente, intento serenarme pero no puedo, tu recuerdo amenaza con aniquilar mi cordura, aun creo poder
sentir el calor de tu cuerpo contra el mío. Pasan los minutos y como siempre,
poco a poco, logro acallar el llanto para convertirlo en un sonido lastimero.
Lo sé en lo más profundo de mí
ser Alex, sé que te quiero con locura, sé que la vida sigue, pero sin ti no es
igual, sé que el tiempo pasa, pero curar no cura. Supongo que eso solo sirve si
la persona que se ha ido vive, supongo que así el tiempo si cura, pero en
nuestro caso no, en nuestro caso el tiempo parece hacer que los recuerdos se
establezcan en una niebla que a veces se despeja y a veces te ahoga.
Sin embargo sé que volvería a
torturarme con ese bello sueño Alex, lo haría todos los días de mi vida amor,
lo haría si así puedo estar contigo aunque sea un segundo más de esta macabra
vida, aunque sea solo en sueños, lo haría Alex, lo haría hasta el final de mis
días.
Prefiero vivir en sueños…
¿sabes por qué? Porque te quiero con locura, con locura amor.

Holaaa Tanis jaja es que me llamo Esperanza Marina, todos me llaman Espe pero esa historia la mande a un concurso hace mil jeje y tenía que poner un pseudónimo y puse mi segundo nombre que nunca utilizo y mi segundo apellido. Peero soy Espe eh jaja nadie me llama Marina. Ay bueno que lió XD Gracias por siempre animarme! Muaaa! ; )
ResponderEliminarUfff!!!, qué amor tan intenso.....
ResponderEliminarEs triste cuando uno de la pareja parte tempranamente, a veces de manera trágica. Creo que siempre, para el que queda atrás es difícil olvidar al gran amor de su vida.
Muchas gracias Espe por compartir tu relato!
Hola Xoana! Gracias por leerlo... si que fue intenso y también precioso. Lo viví de cerca y quise ponerme en el papel de ella. Gracias ; )
ResponderEliminarME ENCANTO!!!! Gracias por compartirlo.Suerte Espe.
ResponderEliminarMarie graciassss jeje que bien que te haya encantado! Me hace feliz ; )
ResponderEliminar