El señor de la guerra
Se casara conmigo tanto si quiere como si no. dijo Kenric, el rey de
Inglaterra le había prometido a Tess de Remmington, y tenía la intención
de honrarlo. Se detuvo para lanzarle una mirada, dejando ver una
sonrisa de triunfo-. ¿O acaso se atreve a desafiar la orden del rey?
Tess luchó por recuperar la serenidad bajo el fulgor helado del barón.
Una energía despiadada emanaba del hombre parado delante suyo. No había
ningún calor en esos negros y fríos ojos que la miraban, ningún asomo de
gentileza en esa tensa mandíbula. Sus ojos tenían una expresión
satisfecha de nuevo, y esta vez no creía estar equivocada en el
propósito detrás de su feroz expresión.
¡ Vaya, intentaba intimidarla !
Y lo estaba consiguiendo.
Sentía como violentos escalofríos recorrían su espina dorsal. Estaba
cautiva por esos ojos tan cierto como una presa atrapada en una trampa.
La mantenían prisionera, el poder que ella presentía en ellos era
absoluto, capaces de forzar a cualquiera a someterse a su dominio.
Sorprendentemente, el sentimiento de temor y miedo que debería
experimentar no la dominaban en absoluto. Era algo extraño, porque
sentía un impulso indomable de acercarse más al guerrero... tocarlo...
Encadenados
Guy Montague vino al Castillo de Lonsdale preparado para una lucha
encarnizada, pero en vez de eso, se encontró a una mujer que hizo que se
olvidara de su propósito. Con su cara de ángel y sus curvas femeninas,
Lady Claudia Chiavari podía tentar a un santo a pecar. Y cuando Guy
probó sus besos tan inocentes pero ardientes, supo que había caido a sus
pies, totalmente hechizado.
Pero en cuestión de horas, todo cambió, se encontró traicionado, prometido y encarcelado... y la única culpable era Claudia.
Cinco solitarios años exiliada bajo las tiránicas reglas de su tío
habían enseñado a Claudia Chiavari a desconfiar de los cabelleros
ingleses, hasta que Guy se coló en su vida. Ahora, determinada en
demostrar a Guy que ella no participó en los planes de su tío,
arriesgará su vida para ayudarlo escapar. Pero cuando Claudia escapa
cabalgando con Guy hacia su fortaleza, descubrirá algo terrible: que
ahora ella es la cautiva, y se encuentra a merced de un hombre cuya
salvaje pasión podría destrozar su corazón.
El duque
¿Una deslumbrante farsante?
Lady Lillian Walters, la bella e inocente hija del Conde de Crofford, cumple con su papel a la perfección. En cada baile de sociedad y en cada elegante velada, su encanto y su frívola conversación consiguen que nadie sospeche que en realidad ella es una pieza clave en la guerra contra Napoleón. Pero cuando el poderoso y atractivo Duque de Remmington, el hombre del que está enamorada desde hace años, se cruza en su camino, desea terminar con la farsa y mostrarle la mujer que realmente es.
¿Un peligroso deseo?
Para Remmington, un hombre duro y enigmático, Lady Lillian es sólo otra mujer más... hasta que la salva de morir asesinada y descubre que no es lo que aparenta ser. Impulsado por algo que no puede definir, que proviene no sólo del intenso deseo que siente por ella sino de un extraño anhelo que surge de las profundidades de su alma, decide protegerla poniendo en peligro su propia vida. Lo que no imagina es que en medio de una guerra de intrigas, entre ellos surgirá una incontenible y arrolladora pasión en la que el mayor riesgo será enamorarse. Su pasión en una guerra de intrigas en la cual el mayor riesgo era enamorarse.
resubidos
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